Hubo un tiempo en el cual la fotografía significó fidelidad a la naturaleza. Hoy en día, la fotografía es libre de recrear y de reinventar la naturaleza y fabrica con éxito nuevas realidades. Desde luego, estas realidades recientemente construidas detentan un poder inconcebible, pues permiten la desintegración de lo que existe, de aquello en lo que creemos.
¿Qué podemos creer o concluir cuando contemplamos la instalación del brasilero Vik Muniz Equivalente en el Grand Salón, una de las nuevas galerías de Soho, con sus cuatro objetos escultóricos y ocho fotografías que sugieren nubes? O bien, ¿qué podemos evocar cuando vemos las catorce fotos digitalizadas, tamaño natural, de seres humanos sin genitales incorporadas a la instalación Fe, honor y belleza del venezolano Sammy Cucher y su colega estadounidense Anthony Aziz en la galería Jack Shainman? Más aún, ¿qué tienen en común las imágenes en apariencia disímiles presentadas en estas exposiciones?
En ambos casos, las obras representan realidades fabricadas. En el primero, la realidad ha sido creada en el estudio del artista, en el segundo, ha sido elaborada por un computador. Ninguna de las dos narra una situación verdadera ni documenta un fenómeno natural; por el contrario, ambas describen condiciones ficticias, con lo cual resulta evidente que la fotografía ha entrado al ámbito de la imaginación y celebra lo abstracto y lo artificial.
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Las fotografías que presenta Muniz de falsas nubes, hechas de trozos de algodón, transmiten imágenes que nos son familiares: un oso de peluche, una tetera, un caracol. Pero parecen menos inocentes y nos incitan a reunir con rapidez las percepciones que habitualmente tenemos del mundo corriente. Lo que vemos no es lo que pensamos.
En el centro de la obra de Muniz está mimesis, el concepto de imitación que ha existido desde la Antigüedad y que continuamente ha sido definido de nuevo en el transcurso de los siglos. En la actualidad, imitar significa más que copiar y las fotografías de Muniz están lejos de ser meras copias. De hecho, constituyen una parodia de uno de los conceptos fundamentales de la teoría del arte, según el cual el arte puede reproducir o bien, al igual que la ciencia, explorar.
Muniz utiliza sus nubes para simular la naturaleza mientras recrea iconos estéticos relacionados con principios establecidos de la abstracción y de la fotografía modernista. Esta serie de nubes no documenta nubes, un tema recurrente en fotógrafos modernistas como Gustave Le Gray, Edward Weston y Alfred Stieglitz, de quien toma Muniz el título de su exposición. La serie de nubes desafía la representación. Muniz no toma como punto de partida algo que exista. Lo que existe carece de pertinencia. Figura más bien lo que no existe y aquello que sólo se asemeja a un objeto real.
La subversión de la función acostumbrada de los objetos cotidianos y la alteración de su realidad son, en efecto, una característica distintiva de su obra, obra que ha expuesto en Nueva York desde 1989. Muniz es un artista de gran versatilidad cuyas obras incluyen instalaciones conceptuales, esculturas, publicaciones y fotografías. Su incisiva mente e interesantes ideas acerca de lo fáctico, la verdad, la autenticidad, la abstracción y el modernismo exigirían una explicación más compleja de la que podemos ofrecer aquí.
Se requeriría también una explicación más compleja de la instalación de Aziz + Cucher, en la cual el cuerpo se convierte en una mercancía análoga a la Barbie. Por ahora, nos contentaremos con decir que la superioridad técnica y realista de la imagen del computador ha transferido a la fotografía algunas cualidades que hasta hace poco eran propias únicamente de la pintura, la capacidad de simular la realidad sin haberla visto de antemano, por ejemplo. Desde la búsqueda de un modelo perfecto hasta la creación de un cuerpo posthumano, en el cual la diferenciación sexual sería una mera construcción social, las fotografías de Aziz + Cucher ofrecen varias lecturas conceptuales. En los Estados Unidos, estas imágenes sin genitales fueron consideradas como una reacción en contra de la política derechista de Ronald Reagan y del veto de Jesse Helms que expulsó los genitales de los sagrados muros de los museos. Tenga o no esta intención contestataria, el organismo cibernético desnudo de Aziz + Cucher comunica el poder de una materialidad falsificada y envuelve a la vez estas imágenes en un aura mágica y trastornada. En la era de los sueños digitales, los androides, los cuerpos virtuales, todos diseñados por la ciencia y la tecnología, resulta posible creer que todo, incluso el universo, fue creado a partir del vacío.
La vacuidad es un rasgo claro de los modelos digitalizados de Aziz+Cucher. Estas imágenes de cuerpos sin historia, de marcos humanos retocados por combinaciones binarias, no establecen nuevos circuitos en la memoria como lo hizo la invención de la fotografía. En sus comienzos, la fotografía estuvo vinculada con el recuerdo, la memoria, la historia personal y colectiva. Puesto que era considerada como un medio relativamente preciso para reproducir instancias inconexas del pasado, la transmisión de un sentido de “pasado” y de “familiaridad” era un requisito de toda imagen fotográfica. Se pensaba que la conjunción de estos dos “sentidos” podría certificar la existencia de la realidad, un elemento de seguridad en una época en la que lo desconocido se consideraba mucho más peligroso que ahora.
Las realidades construidas captadas por la cámara de Muniz y aquellas compuestas por Aziz + Cucher en su computador no narran una situación ni presentan una sucesión ordenada de acontecimientos, como solía hacerlo la fotografía. Después de todo, desde que las noticias televisadas asumieron la función de relatar diariamente la historia, no existe algo semejante a una sucesión ordenada de acontecimientos, sino una cadena de eventos creados en la sala de edición. Las realidades ficticias de Muniz, Aziz + Cucher expresan todos estos vínculos imaginativos que sólo son posibles en una sociedad en la cual la verdad y la realidad sufren alteraciones diarias, para compensar el sentimiento generalizado de incertidumbre.
BERTA SICHEL
