Exposición Individualene 1994 - mar 1994· Por Giulio Blanc

Víctor Manuel

Galería Alfredo Martínez

La galería Alfredo Martínez de Coral Gables presentó una exposición de pinturas al óleo y acuarelas del maestro cubano Víctor Manuel para inaugurar la temporada de otoño. Víctor Manuel García, para usar su nombre completo, es considerado como el padre del arte cubano moderno. Gitana tropical, pintado en París en 1929, es, sin duda, uno de los puntos máximos de la pintura cubana. Como sucede en las obras de contemporáneos suyos como Antonio Gattorno, Eduardo Abella, Amelia Peláez y Carlos Enríquez, quienes vivieron en París durante la década de los años veinte y treinta, Víctor Manuel integró con éxito el modernismo europeo y la esencia cubana. Prestó particular atención a Gauguin pero también a los antiguos maestros y creó un género único de mujeres cubanas idealizadas. Pintados por lo general en colores frescos y brillantes, sus mestizos guajiros y guajiras, marineros y paisajes poseen una calidad primitivista que dista mucho de los estilos académicos conservadores rechazados por este artista y por sus colegas. No obstante, aunque rechazó la concepción de la academia, no lo hizo con su entrenamiento pictórico. Víctor Manuel fue un maestro del dibujo y del color. Sus composiciones son engañosamente sencillas; representan una reducción a lo esencial, una pureza arcaizante.

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Alguna vez los expertos en este campo se inclinaron a reconocer el papel pionero de Víctor Manuel, pero adoptaron una actitud algo paternalista ante sus interminables gitanas tropicales y amantes encuadrados dentro del paisaje. Como lo demuestra esta oportuna exposición en la galería Alfredo Martínez, no intentaba imitar a Gauguin ni a ningún otro europeo. Por el contrario, es posible que aquellos artistas europeos que se interesaron por lo “primitivo” hubieran aprendido de Víctor Manuel. Al igual que sus contemporáneos cubanos (e incluso al igual que otros modernistas latinoamericanos), el artista consideraba su tema desde dentro. No estaba interesado en descripciones románticas y exóticas de nobles salvajes. Las mujeres y los hombres que dibuja preservan su individualidad dentro de su calidad icónica. De origen humilde, conocía a su gente íntimamente. Los pintó con toda su tristeza y alegría, como su igual. La magnífica pintura que aparece en la cubierta de mi manguito catálogo lo dice todo. Representa una belleza sonriente que sostiene un mango, frente a una ventana abierta y parcialmente desnuda. A esta y a otras obras subyace una seductora languidez. ¿Aguarda la muchacha a su amante o se trata de un encuentro romántico con un extraño?

Las ambigüedades de Víctor Manuel resultan evidentes también en Novios, con su campesino musculoso de pecho desnudo y su elusiva novia. En Enamorados, es la muchacha quien coloca su mejilla sobre el hombro del viril marinero. La sensibilidad estética y erótica de Víctor Manuel no estaba confinada a uno de los sexos. Esto es algo que ha sido ignorado, aunque era un hecho bien conocido. Estas pinturas poseen un subtexto de deseo y constituyen una celebración de las beldades cubanas, masculinas y femeninas. La obra de Víctor Manuel es una búsqueda del amor ideal, de la autoafirmación y de las esencias nacionales.

GIULIO V. BLANC

Víctor Manuel, por Giulio Blanc | artnexus