Colectivaene 1994 - mar 1994· Por Mónica Amor

Trade Routes

New Museum of Contemporary Art

La tercera exposición de una serie de muestras que el New Museum of Contemporary Art se propuso hace ya algún tiempo tuvo lugar del 10 de septiembre al 7 de noviembre de 1993. Trade Routes es el último de una tríada de proyectos que investigan las fronteras, bordes y límites culturales en la sociedad contemporánea. En esta ocasión, el tema a investigar se centró en el efervecente crecimiento de una economía global patrocinada por los sistemas de telecomunicación y las tecnologías de la información mundial. Paralelamente se consideraron los efectos de la globalización vis-à-vis el denominado nuevo orden mundial, el desigual desarrollo y la geografía que implican los flujos de información, productos y cultura internacional. Dieciocho artistas de diversas nacionalidades participaron en la muestra planteando diferentes problemáticas en relación con el incontrolable proceso de globalización económica y cultural. El énfasis se da, sin embargo, en un cuestionamiento insistente de las estructuras de poder que, de una forma casi invisible, desarrollan estrategias que favorecen a pocos a costa de la subordinación de naciones, comunidades e individuos. Esto implica una continua reestructuración de los procesos de valorización cultural en donde los objetos, las costumbres, comunidades enteras de seres humanos, se resignifican en función de su valor de cambio (económico). Así, como apunta Sowon Kwon por medio de su instalación, el artefacto de uso diario, en este caso porcelanas asiáticas, es asimilado por el sistema mercantilista de cambio como obra de arte, objeto de colección cuyo carácter funcional de uso diario se elimina. La descontextualización se convierte entonces en uno de los procesos vitales del tráfico indiscriminado y comercial de objetos y personas. En este sentido, las obras del africano Koffi Kouakou plantean una preocupación similar. A través de sus piezas de madera para la venta turística, que reproducen objetos de la cultura popular afroamericana, el artista cuestiona las jerarquías artísticas que se dan a nivel de los diferentes sistemas de circulación de la obra: la producción, el encargo y la venta de la misma.

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Pero el sistema de globalización de mercados, el desarrollo de monstruos corporativos cuyas cabezas son totalmente inaccesibles y la expansión de complejas redes de información promueven un estado de sobreexposición, de inmediatez y saturación que Baudrillard identifica con la pérdida total de la representación. La “miniaturización” y concentración de efectos son lo único que queda del flujo incesante y abstracto de imágenes: cifras, productos, labores que facilitan el desequilibrado intercambio de información y bienes de consumo. Es este reduccionismo simplista que la cifra involucra, uno de los elementos que explora Miguel Ríos en su obra. Sobre una de las paredes del Museo, Ríos despliega un enorme cuadro estadístico en donde las religiones y lenguas del continente americano quedan encapsuladas en una superficie bidimensional que no por casualidad se ajusta perfectamente a la pared como las más representativas obras del arte moderno. El lienzo y la pared como superficie no sólo se convierten en el soporte de la obra de arte sino que son también la cuadrícula del gráfico estadístico y además evocan la superficie terrestre donde se inscribe la geografía. Significativamente, sobre el lienzo, cordones de tela con nudos narran y cuentan una historia paralela a la inscrita en cifras, pero por medio del sistema precolombino de los quipus1. 

Imposible no volver a citar a Baudrillard: el mensaje que el objeto transmite se simplifica radicalmente y es siempre el mismo: su valor de intercambio. En efecto, es a través de cuadros estadísticos como la información de inmensas y complejas sociedades, naciones, continentes, queda reducida a la indiferencia del número, del color de la barra, de la línea que indica en qué dirección se debe hacer la próxima movida. Numerosas comunidades son entonces valoradas por el precio de su mano de obra y consideradas de acuerdo a su capacidad de consumo. Como en las reuniones de estudios de mercado de las grandes empresas corporativas, la obra de Miguel Ríos se presenta frontal, fácilmente legible, clara para el estudio, el análisis. La toma de decisiones por parte de quienes manejan e interpretan la información es el siguiente paso; y es en esta posición donde el espectador, al confrontar la obra, se ubica.

El efecto de pantalla y cifra que la obra de Ríos evoca está también presente en la obra de Brian Tripp, quien dibuja sobre papel de periódico con datos de la bolsa de valores, trazos y formas relacionados con una estética indígena. Por otra parte, un manejo literal de la pantalla es el que hace Laura Kurgan en sus monitores ubicados estratégicamente a lo largo de la sala de exposiciones. En ellos, una enorme cantidad de datos se proyecta continuamente en la pantalla y se refleja en un vidrio que se sitúa en el ángulo preciso para ofrecer una lectura invertida de la información. Una vez más, la posición (espacial, geográfica) es el elemento que determina la dirección del flujo de la información, la forma en que la aprendemos, la interpretamos, la utilizamos y la dirección en que la globalización se lleva a cabo. En este sentido, a pesar de la elasticidad y el constante viaje de los productos involucrados en el intercambio comercial, la tendencia es hacia un refuerzo de los esquemas y estructuras de poder que las empresas exploradas del siglo XV trazaron y que el capitalismo y las revoluciones tecnológicas confirmaron. La necesidad de infraestructuras y profesionales altamente especializados, no permite que determinadas zonas del globo entren dentro del juego de las grandes corporaciones y las telecomunicaciones, en las mismas condiciones que los países del primer mundo. De esta forma, las más variadas concentraciones materiales y humanas tienen lugar en las grandes ciudades. Ciudades en donde el mundo está a la mano y en donde la diáspora tercermundista resquebraja nociones de identidad cultural y nacional. Es esta sensación de eterno viaje, de nomadismo, la que explora Soo-Ja Kim, quien distribuye a lo largo del espacio expositivo bultos de tela usada, retazos de vivos colores que aluden a vestimentas coreanas, a ropas de uso diario dispuestas para el viaje o el abandono. Es esta doble lectura de viaje o abandono la que implícitamente está simbolizada en la actitud de riesgo del que cruza la frontera buscando satisfacer necesidades. La carencia de infraestructuras materiales y de centros intelectuales sistematizados promueve una dispersión de culturas y una constante desestabilización de significados que las redes de comunicación enfatizan y confirman a otro nivel. Así, tanto en los países de origen del inmigrante tercermundista, ametrallados por un constante flujo de información unívoco, como en el país en tránsito, en donde el control de la autorrepresentación es casi una utopía, la desintegración de comunidades locales parece inevitable. La necesidad de levantar voces y lograr acceso se hace imperante, no a través de un materialismo pragmático, sino del dominio del lenguaje “político” y “artístico” que permita el progresivo acceso a los espacios productores de ideología. Estos espacios, debido al complejo desarrollo de redes de telecomunicación invisibles, que circulan por el aire imperceptiblemente y que casi fantasmalmente parecen ser controladas, son cada vez menos aprehensibles, son cada vez más transparentes, “virtuales”, “vacíos”. En este sentido, la obra de Marcos Novak es reveladora. El artista, por medio de luces láser, computadoras y videos, proyecta mapas luminosos alternativamente en diferentes paredes, en el piso y en el techo del museo. La sensación es de sorpresa, pero también de incertidumbre, pues no podemos prever dónde se proyectará el próximo mapa. Es la misma sensación de no saber ni el origen ni el fin de las “rutas de comercio”, las geografías que recorre, las velocidades que alcanza, las cantidades de datos, productos e imágenes que involucra. Como indica Laura Trippi en el texto que acompaña la muestra, el advenimiento de un mercado global trae consigo un cambio en el orden mundial, de un sistema de economías nacionales ligadas más o menos externamente por líneas de comercio, a una red que traspasa radicalmente límites nacionales e identidades. Una red imperceptible de control económico, social, institucional y cultural en donde el individuo se enfrenta a una sobreproximidad de todas las cosas que lo penetran sin resistencia...conviértese así en pura pantalla, en pura superficie de absorción y reabsorción de las influyentes redes2.

NOTAS

1. Los quipus o quipos eran el método Inca por medio del cual, con el uso de cuerdas de colores con diversos nudos, los indios del Perú consignaban informaciones y hacían cálculos.

2. Jean Baudrillard, The Ectasy of Communication. Nueva York, 1988.

MÓNICA AMOR

Trade Routes, por Mónica Amor | artnexus