Colectivaene 1994 - mar 1994· Por Ana Sokoloff

Simposium de arte latinoamericano

MoMA

Desde la celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, temas como el del arte latinoamericano han sido objeto de gran discusión y promoción en el ámbito internacional. En Estados Unidos, específicamente en Nueva York, debates sobre la definición, el papel y las características del arte latinoamericano han sido objeto de estudio en diversas universidades e instituciones culturales. 

Entre estas, Waldo Rasmussen organizó para el gobierno español la exposición de Arte latinoamericano del siglo XX y el MoMA condujo una serie de eventos sobre las artes en general. Estas actividades tuvieron lugar a lo largo del verano de 1993, época que coincidió con la presentación de la muestra en las galerías del museo. Música, cine y literatura fueron algunos de los temas tratados por diferentes académicos invitados. 

Dentro del ámbito de las artes plásticas, se realizaron cuatro simposios. Tenían por objeto agrandar el campo de conocimiento sobre la plástica y propiciar el acercamiento del público norteamericano al arte latinoamericano. A su vez, el evento promovió un replanteamiento más profundo y comprensivo de lo que constituye el término “arte latinoamericano”, estudiando el contexto cultural, social y económico de las diversas manifestaciones artísticas. 

El papel del arte latinoamericano fue objeto de disertación no sólo dentro de su propio medio, sino también dentro del contexto norteamericano e internacional. Es decir, América Latina como tal, dentro de cada país y/o grupo cultural, teniendo en cuenta los diferentes marcos de referencia y estructuras, las soluciones que de estos se derivan para resolver problemas similares, y cómo son analizados desde un punto de vista global o internacional.

[[IMAGE]]

A grandes rasgos, los temas tratados fueron: una conversación de los artistas con Dore Ashton, curador y crítico independiente; el artista como activista o como ente político, panel moderado por Susana Torruella Leval, directora del Museo del Barrio de Nueva York; la pluralidad de naciones y culturas americanas, moderada por Robert Storr, curador asociado al departamento de pintura y escultura del Museo de Arte Moderno de Nueva York; los movimientos femeninos/feministas en las artes, dirigido por Julia Herzberg, curadora independiente; y por último el papel de la crítica, encabezado por Mari Carmen Ramírez, directora de la galería de Huntington University en Texas. Es curioso que estas conferencias se hayan realizado con gente que no participó directamente en la organización de la muestra, salvo algunas excepciones, entre ellas Guy Brett y Paulo Herkenhoff, quienes escribieron ensayos para el catálogo, o Juan Sánchez y Luis Camnitzer, quienes expusieron obra. 

Cada conferencia tenía su propia agenda y todas lograron elucidar algunos puntos sobre el papel de los artistas y los críticos en el arte del siglo XX en Latinoamérica. No obstante, creo que es importante mencionar los argumentos que la crítica latinoamericana (y contados extranjeros) han sostenido en el campo internacional, ya que los temas tratados se basaban en algunas de las premisas existentes. Los paneles reevaluaron, replantearon y en algunos casos lograron contribuir a una nueva posición de la crítica. Una posición más consciente de la individualidad de cada país latinoamericano para así comprender la validez del arte actual. 

La crítica latinoamericana en general se une al pronunciamiento que sostiene que nuestra cultura y, por ende, nuestro arte son diferentes a lo comúnmente conocido como “occidental”. No obstante, el ser diferente no implica que hayamos renunciado a lo “occidental”, ya que esta corriente de pensamiento no sólo pertenece a parte de nuestro pasado, presente y futuro, sino que también ha—y sigue—ofreciendo maneras de aproximación hacia lo nuestro con ideas actuales e interesantes. 

El que las tendencias europeas sean aplicadas o reinterpretadas según el contexto local es algo que comúnmente se le escapa a la crítica internacional, juzgando entonces, erróneamente, la plástica latinoamericana. Un ejemplo frecuentemente citado por los escritores latinoamericanos es la presencia de la abstracción y la geometría en el arte moderno americano, inspirada en las culturas precolombinas en lugar de las africanas. Son pocos los que logran apreciar cómo un modelo de pensamiento internacional pueda ser alterado hasta el punto de crear un nuevo significado en sociedades no “occidentales”. 

La recontextualización estética ha permitido la creación de obras que responden a un conocimiento amplio y consciente de la estética internacional, como puede ser la obra del argentino Petorutti o el colombiano Obregón. También ha permitido lo que Fátima llama "la producción de manifestaciones profanas que parten de un formalismo secular" al hacer referencia al arte del Brasil, concepto que me atrevo a extender al arte de Figari o Botero. En tercer lugar, algunos movimientos han logrado fundir las ideas europeas con las indoamericanas con efectos tan positivos como lo ha sido la Escuela del Sur, fundada por Torres-García. 

Otro punto importante es la pluralidad de culturas en un mismo continente. La colonización española, francesa, inglesa, alemana y africana, combinada con sangre nativa, ha creado una mezcla de razas e idiosincrasias única en el mundo. Nuestro continente es singular en la medida en que diversas subestructuras inamovibles han creado soluciones extraordinarias a problemas universales. Joaquín Brunner (chileno) define "su país como aquel en el que en lugar de una identidad nacional tenemos una cultura de identidades múltiples. En lugar de ser una nación, somos un territorio de imágenes nacionales conflictivas, una idealización de proyectos de nacionalidad, una serie de utopías... donde cada grupo o partido sueña con imponer su propio modelo de nación". Esta premisa es válida para todo país americano, siempre y cuando se considere que los modelos de nación son divergentes. 

Una de las pruebas más contundentes de nuestra pluralidad cultural es la variedad de caminos que las artes plásticas han seguido desde que el modernismo tomó fuerza en América Latina (años treinta y cuarenta). Cada país adoptó un modelo diferente mediante el cual reafirmaba su posición modernista y nacional. En las artes, siguiendo los parámetros establecidos por los objetivos político-sociales, surgieron movimientos abstractos y representativos, íntimamente ligados a la idiosincrasia local. 

Actualmente muchos de los artistas jóvenes están tratando temas como el colonialismo, el indigenismo y el posindustrialismo. La búsqueda de Maples Arce (México, 1921), mediante la cual se busca crear valores estéticos propios partiendo de lo local, en contra de la reintegración de valores occidentales, sigue estando en boga. 

No obstante, esta pluralidad cultural y social lleva a un estado de crisis general que se hace presente a nivel económico, social y cultural y, claro está, en el campo de las artes y la estética. Aparece a nivel interno, cada país debe hacer frente a su propio mestizaje y frente a su posición internacional. Aparece también en el ámbito de las potencias económicas, al tratar de mantenerse en equilibrio con el modelo socioeconómico impuesto por estas. 

La crisis es vista por el crítico inglés Guy Brett como una fuerza que permite contrariar los modelos “occidentales” que clasifican a Latinoamérica como exótica y provincial. La crisis ha dado lugar al rompimiento de los modelos basados en los formalismos del academicismo europeo, el modernismo y el posindustrialismo. Ha sido capaz de crear una pluralidad de definiciones que a su vez se han acercado más a la realidad latina actual. 

Fundamentándose en los argumentos y posiciones aquí enumerados, los simposios hicieron énfasis en la multiplicidad cultural, la coalición y la interpretación de obras según el punto de vista de artistas considerados políticos o feministas, como también mediante críticos interesados en un marco teórico válido para el entendimiento del arte latinoamericano. Latin American Artists of the Twentieth Century. 

Aunque las discusiones no condujeron a conclusiones concretas, lograron crear una conciencia entre el público que asistió respecto a la importancia de promover, dentro de una estructura coherente, las artes plásticas de Latinoamérica. Establecieron la importancia de evitar la generalización y clasificación de la producción artística bajo clichés y estereotipos como “arte mágico y fantástico”. Abogaron por la diversidad política, cultural, estética y formal en las artes, como también por el estudio de lo contextual. 

La lucha sigue, estas conferencias pecaron por no llegar a las masas norteamericanas. El público que asistió era selectivo y en su mayoría latino. 

ANA SOKOLOFF GUTIÉRREZ

Simposium de arte latinoamericano, por Ana Sokoloff | artnexus