La exposición Gaia de Ricardo Benaim en la Galería Ambrosino se entiende dentro del proyecto de integración latinoamericana de arte y ecología, Un marco por la tierra. El proyecto itinerante por varios países de América Latina pretende involucrar a los artistas locales en la reflexión sobre el medio ambiente. Tomando como punto de partida el marco como objeto, cada artista tiene la libertad de crear una obra relacionada con la propuesta ecológica que plantea el grupo organizador. Es importante aclarar que no se trata de involucrar a los artistas en la creación de arte ecológico. Según lo explica el propio Benaim, se parte de una visión ecológica para luego adentrarse en una ecología de la comunicación, entendida como aquella que trasciende el medio ambiente y crea una mayor conciencia, una actitud ecológica de la vida misma1.
La muestra presentada en Ambrosino corresponde a una selección de obras de Ricardo Benaim, tomada de la exposición realizada por el artista en el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber de Caracas (noviembre de 1992- febrero de 1993). Se trata de una mezcla de disciplinas artísticas (pintura, escultura, dibujo, instalación, obra gráfica) que, desde una posición de denuncia, describe la destrucción del mundo causada por el hombre.
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Son obras “obvias”, como él mismo las denomina. Se trata de hacer llegar un mensaje directo, mas no planfletario. Benaim parte del concepto, desarrolla la idea y realiza una representación austera del concepto inicial. Se inspira en eventos específicos que han creado verdaderas catástrofes ecológicas tales como el derramamiento de petróleo del Exxon Valdez o la guerra del Golfo Pérsico. El primero (1993) se convierte por medio del juego artístico de Benaim en un lienzo blanco vertical en el que un poco de petróleo se “riega” literalmente debido a la interacción de los aceites. Encima de la mancha oscura, sobre el borde del cuadro, Benaim coloca un barquito de plomo, que recuerda los barcos de papel hechos por manos infantiles, logrando una obra muy sintética. Más sintética aún es la obra Derrame en el Golfo Pérsico (1991), lienzos rectangulares pintados en azul que van disminuyendo de tamaño a medida que el color se va degradando, hasta convertirse en negro. Los lienzos, colocados bajo una barra de asfalto, son plásticamente (e irónicamente) bellos, lo cual demuestra que bien puede hacerse arte de denuncia sin sacrificar el valor estético de la obra de arte.
Dos obras, Óxido (1992) (realizada con cemento y vigas de construcción) y Sin título (la cual muestra un. cocuyo enmarcado entre dos muletas) (1991), reflejan un mensaje más elaborado, más complejo. El público tiene que reflexionar un poco más. Más allá de la destrucción ecológica, se trata de la destrucción del ser humano. Además de incorporar elementos reciclados, Benaim utiliza elementos naturales para lograr el máximo impacto. Después de todo, si la idea es crear tensión de tal forma que el público sienta y reflexione acerca del problema ambiental, qué mejor que colocar la tierra misma en una camilla de lona, cuyas agarraderas están a la altura de las manos, de tal forma que cualquiera de nosotros actúe y decida salvar un arrumbe de tierra que, en últimas, es la misma humanidad.
NOTA
1. Entrevista con Ricardo Benaim. Miami, octubre de 1993.
FRANCINE BIRBRAGHER
