Quizá como respuesta y contrapartida a la exposición que organizara la Galería Arte Nacional y que reúne a diez artistas—hombres— como representantes del arte venezolano actual, el Museo de Artes Visuales Alejandro Otero organizó la muestra Paralelo 11 en la que se agrupan trabajos de once artistas—mujeres—, algunas de las cuales podrían entrar sin reparos en el grupo de los creadores más representativos del quehacer plástico venezolano contemporáneo.
Bajo un criterio curatorial no muy claro —sobre todo porque no existe un catálogo que explique, al menos, las escogencias— se exponen obras de artistas que trabajan en vías muy disímiles. Este rasgo de amplitud crítica pareciera también contradecir aquellas ideas que ven el panorama de nuestro arte actual bajo la estrecha mirilla del arte conceptual, obviando, al menos aparentemente, otras expresiones que, como la pintura, la escultura, la cerámica o la fotografía, ocupan un espacio importante en el ámbito plástico venezolano.
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Tal vez esta heterogeneidad explique también los altibajos de la muestra. Nos interesaron, sobre todo, los trabajos de Mailén García y de Dulce Gómez Cerezo. Pinza española o pinza de senos y Arma en asta contra turbas de Mailén García son dos ejemplos de la mejor escultura venezolana contemporánea. La artista toma como modelo antiguos instrumentos de tortura y los lleva, a través de una sobria técnica de hierro soldado, a grandes dimensiones. Las figuras de los instrumentos surgen monumentales, desplegando toda su inquietante belleza. En Pinza española o pinza para senos nos topamos con una forma casi paradójica en su pesadez y gracia: curvas y puntas parecen abrirse al espacio en lenta danza; la forma simple y equilibrada se conjuga armoniosamente con el hierro que la constituye para crear una obra de presencia contundente. Arma en asta contra turbas es mucho más violenta por los precisos cortes de su estructura, su patente direccionalidad y la fuerza expresiva de su forma. Es un objeto en el que se hallan unidos los mejores logros de nuestra tradición escultórica en hierro y una alta densidad connotativa. Lo interesante de la propuesta de Mailén García reside, también, en sus alcances conceptuales. Al alejarse del discurso cerradamente feminista, Mailén nos lleva a reflexionar —mediante la contundente belleza de su trabajo— en algo que está más allá de la opresión a la mujer: la violencia y el oprobio como fuerzas que devastan lo más hondamente humano. Dulce Gómez Cerezo viene siendo desde hace algún tiempo una grata—y muy necesaria— sorpresa dentro de nuestra pintura. La joven artista ha emprendido un trabajo solitario y personalísimo no exento de ciertos riesgos. Rehuyendo valerosamente la ya casi academizada tendencia Mailén García. Arma en asta contra turbas. 1993. Museo Alejandro Otero. 186 conceptual, Dulce Gómez retoma la pintura como un ejercicio de conocimiento interior. Densas zonas de color, chorreados, trazos que dejan ver lejanos espacios, concentración y despliegue de lo pictórico caracterizan su trabajo. En las obras de la serie Zapatos, la artista coloca sobre un fondo monocromático de sutiles matices y calidades la figura desdibujada de zapatos de tacón alto. Una vivencia de lo femenino parece intuirse en estas obras, donde se enfrenta el lujo punzante de la coquetería con la precariedad de la soledad. En la serie Tuberías el tema es pretexto para un ejercicio pictórico, cargado de connotaciones íntimas, cotidianas, solitarias.
Otras obras que merecen mención son: la serie Madre mía de María Eugenia Manrique, Fridalia, Jessica y Piedad de Margarita Scanonne y el conjunto Sin título de Gisela Tello.
KATHERINE CHACÓN
