Exposición Individualene 1994 - mar 1994· Por Katherine Chacón

Miguel von Dangel

Museo de Arte Contemporáneo

Una excelente muestra del artista venezolano Miguel von Dangel fue presentada por el Museo de Arte Contemporáneo de Maracay Mario Abreu del 10 de octubre al 21 de noviembre del año pasado. Von Dangel, quien recientemente nos representará en la XIV Bienal de Venecia con la impactante instalación La batalla de San Romano, toca en esta ocasión, bajo la curaduría de Juan Carlos Palenzuela, un tema no poco polémico y de mucho arraigo en nuestras culturas: la fiesta brava. 

El acercamiento conceptual de von Dangel dista mucho de ser una apología del toreo. El artista intenta mostrarnos el “otro lado” de la fiesta, yendo a lo que ésta tiene, según él, de violencia y crueldad: “Presento un hecho real y objetivo, y en todo caso no sería malo recordarle a la gente aficionada al toreo que se pongan de vez en cuando dentro de la piel del toro, para que vean de qué se trata”, dice en una entrevista concedida a María Cecilia Valera y reproducida en el catálogo de la muestra. 

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Dejando de lado estas consideraciones porque su discusión abarca aspectos muy hondos de nuestra cultura y nuestra psique que rebasarían los límites de esta reseña, creemos adecuado señalar, no obstante, la difícil correspondencia entre las concepciones de von Dangel en torno a la fiesta brava y las obras presentadas. Es como si el discurso conceptual estuviera divorciado de la resolución plástica. Pareciera que —y esto sucede, en efecto— las obras necesitaran esta explicación conceptual para ser “entendidas” según el discurso. Quizá por esta ambigüedad concepto-obra el artista exprese su "temor de que la exposición se vuelva una apología del toreo". 

De cualquier manera, la muestra resulta una interesante propuesta expositiva. Juan Carlos Palenzuela la describe así: “La exposición se concibe como un ruedo. Al centro están los cuatro toros, abiertos, brillantes, engendrados de otra vida, y el caballo, herido y caído en la arena. Esos toros son blancos, azules, rojos y dorados. A un lado, seis grandes telas murales con evidentes sujetos taurinos; más allá están trece majas, retratos a descubrir en medio de la abigarrada composición que es como decir en medio de la heterogénea multitud; en otra parte, el final, y el lugar de los espectadores reales, quienes serán, acaso, los toreros". 

Von Dangel nos presenta una—muy suya—fiesta brava. Cuatro “toros” disecados y trabajados dramáticamente como ensamblajes se hallan en el centro de la sala. En las paredes, obras bidimensionales representan varios aspectos de la corrida. Pases de capote, majas, verónicas, banderillas, lances de capa, surgen en estas obras con una extraordinaria fuerza plástica. Colores pastosos, pigmentos chorreados, fragmentos cerámicos pegados, destellos fluorescentes, escarchas configuran imágenes deformadas, altamente simbólicas. En algunas obras, el toro y el torero se encuentran y aparecen como un solo cuerpo esplendente; en otras, el pase de verónica deja entrever una imagen múltiple, densa en materia y en connotaciones, memoriosa; también las majas se “barroquizan” hasta convertirse en extrañas imágenes que parecen patentizar fuertes y contradictorias emociones. El artista representa cada momento, cada personaje, alejándose de lo meramente anecdótico para acceder a una especie de dimensión energética, cósmica, en la que la vida pareciera ser expresada a través de sus aspectos más recónditos y fundamentales. 

Por la alta calidad de su contenido, esta muestra se vislumbra como uno de los acontecimientos plásticos para resaltar dentro del quehacer museístico de 1993.

KATHERINE CHACÓN

Miguel von Dangel, por Katherine Chacón | artnexus