Otrosene 1994 - mar 1994· Por Germán Rubiano Caballero

Marta Traba

1930 -1983

Hace diez años murió Marta Traba. Aunque la crítica hacía mucho tiempo que había salido del país, siempre había estado pendiente de nuestra vida cultural y, sobre todo, de las artes plásticas. Por eso su fallecimiento representó una pérdida definitiva. Sin embargo, todavía hoy resulta valioso releerla. Los siguientes textos son una pequeña selección de su pensamiento en torno de dos temas de la mayor importancia: las características del arte colombiano y la función de la crítica de arte.Arte en Colombia-ArtNexus los publica como un homenaje a la irremplazable escritora.—Germán Rubiano Caballero

Sobre la crítica de arte

Nada más que una precisión: yo creo que el crítico de ninguna manera, jamás establece un modelo a priori, sino a posteriori, de la obra de los artistas; los únicos que son capaces de crear los modelos son los artistas y no los críticos; los críticos, en mi opinión, lo que debemos hacer es formar una especie de bloque de relaciones entre algunos artistas similares y entonces, a partir de esas relaciones, establecer ciertas pautas. Pero el modelo que puede ser el mío: el modelo de "resistencia", no está hecho para que lo sigan los artistas sino que los artistas me han enseñado cuál es su actitud resistente y de qué modo puedo aglutinarlos. Aparte, la otra precisión es esta: de ninguna manera tampoco escribiría yo como crítico para los artistas, de ninguna manera, sino para el público, única y exclusivamente para el público que no tiene, por lo menos en Latinoamérica, ninguna información sobre estas cosas. Si la mayoría de nuestras sociedades tiene un porcentaje inmenso de analfabetos, es imposible pensar que van a "leer" una obra de arte cuando no leen el periódico ni la cartilla. Entonces lo que nosotros, como críticos, hacemos es una especie de puente para facilitar la lectura de las obras de arte dirigidas al público nada más.

Intervención en el Simposio de Austin a fines de 1975, cuyas ponencias y participaciones fueron resumidas en el libro El artista latinoamericano y su identidad de Damián Bayón, Monte Ávila Editores, Caracas, 1977.

¿Y, en cuanto al papel de la crítica en el arte en nuestro medio?

La crítica de arte cumple un papel determinante, sobre todo en sociedades culturalmente desorientadas y desamparadas como la nuestra. No se limita a explicar la obra de arte, sino que acerca al público al hecho estético y señala el modo como ese hecho estético puede enriquecer las experiencias del público. Lo relieva, lo justifica y le quita su aparente gratuidad. Creo que entre nosotros la crítica debe ser didáctica y esclarecedora; necesita fijar valores, ya que el público es incapaz de formularlos por sí solo. En este campo en Colombia, lo único en lo que creo que fracasé, pese a mi empeño, fue en formar nuevos críticos.

De la entrevista con Julia Melewicz, "Marta Traba dice: Ni papisa ni dictadora", El Tiempo, Lecturas Dominicales, Bogotá, 6 de abril de 1975.

Sobre arte colombiano

No creo que haya un arte colombiano, sino un arte que se realiza en Colombia. La diferencia entre uno y otro concepto es muy clara. Si decimos arte colombiano estamos implícitamente dando un calificativo común a una serie de obras y admitiendo que ellas están ligadas entre sí por principios estéticos particulares, por principios "colombianos". Sin embargo, sabemos muy bien que tales principios no existen ni pueden ser enunciados de manera alguna. Lo único que nos es posible afirmar es, entonces, que varias obras sin relación aparente entre sí se están produciendo en un sitio cualquiera del planeta, Colombia. Si conocemos este sitio comprenderemos mejor la anarquía que se presenta en las obras y nos será más fácil entender tanto sus deficiencias como los impulsos íntimos que las motivan. Esto es todo por ahora. Afortunadamente, nadie ha acuñado la fatídica frase "Colombia es un país de pintores", como se dijo de la poesía y, excepción hecha de los inevitables fraudes que no sólo aquí sino en todo arte provincial proliferan, la enajenación mental a que conducen tales rotundas premisas nacionalistas, no ha mortificado a los pintores. Trabajan bien o mal, aislados, realizando con entera libertad sus obras. Sería, pues, inútil intentar la formulación de una doctrina acerca de "algo colombiano" que ligara las unas con las otras. Se producen en este lugar; no son el resultado de una cultura nacional, que está muy lejos aún de haberse formado, ni de una conciencia nacional a la cual Colombia, como todo pueblo, tiende, pero que todavía nadie sabe en qué podrá consistir; ni tampoco de una ambición "popular" de conseguir carta de ciudadanía artística, ambición que, por desgracia, es perfectamente extraña a la mayoría de los colombianos.

Del libro Seis artistas contemporáneos colombianos, Alberto Barco, editor, Bogotá, S.F. (1963).

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