Exposición Individualene 1994 - mar 1994· Por Donald Goodall

Luis Caballero

Galería Iturralde

Entrar a la exposición de dibujos y pinturas de Luis Caballero en la galería Iturralde de Los Ángeles es como llegar a la escena de una batalla —antes o después de ocurrida. La mayoría de sus protagonistas todavía se encuentran allí. La lucha es invisible. Los enemigos son reales mas no visibles, pues se trata de ideas y de actitudes. Las figuras masculinas, o fragmentos de torsos y apéndices de brazos y piernas, una cabeza aquí y allá, no sufren en absoluto por su fragmentación.

Contemplamos una muchedumbre; la mayor parte de sus miembros parecen estar bajo presión, se ven atormentados o sus energías se agotan. Cada uno de estos torsos masculinos está poderosamente concebido. Todos sugieren fuerzas contrarias en oposición. Por lo general están solos, pero ocasionalmente hay grupos de dos o tres figuras, vinculadas por absorbentes patrones claroscuros, profundas sombras enfrentadas a luces brillantes. Ejes diagonales opuestos las mantienen unidas.

[[IMAGE]]

El hombre que presenta Caballero afronta fuerzas no identificadas. Estos poderes sin rostro resultan enigmáticos. Pueden relacionarse con preocupaciones primordiales o, dependiendo de nuestras convicciones, con fuerzas marginalizadas y atribuidas a "ellos". Para comprender todo esto, es preciso entablar un diálogo con las pinturas. Es difícil no hacerlo; probablemente nos veremos atrapados por estos problemas pues las obras mismas lo imponen. Son conclusiones de una mente seria y talentosa. Caballero se aproxima a los cincuenta años con un total dominio de su arte y de su mensaje.

Existe un flujo de energía que nunca carece de dirección. El artista considera sus propias facilidades con reserva; prueba de ello es la economía de la expresión. Uno de los esbozos principales tiene el poder de abarcar un torso y los espacios circundantes. Otros se limitan a una secuencia de contornos repetidos. Esta relativa parsimonia se extiende al uso que hace de los valores o tonos de las luces y de las sombras.

Seguimos pasajes de luz y sombra que nos conducen a través de un enorme torso. La riqueza de estas transiciones sugiere una comparación con el Degas tardío y sus esbozos de bailarinas en movimiento.

Caballero maneja elegantes papeles con respeto y autoridad. Los frotes y borrones tonales tienen la precisión requerida para dirigir los ritmos del movimiento sobre un torso tensionado. En la pintura de Caballero hay color, por lo general un solo color, quizás un marrón rico y profundo. En ocasiones hay variantes tonales secundarias, pero no matices o formas superfluas. La consigna es unidad.

El idioma visual de Caballero proviene del Renacimiento mediterráneo y de su expresión figurativa. Se trata de un sistema verbal. Lleva implícita una filosofía básica y coherente y la consciencia de sistemas universales de orden. Contribuye elocuentemente a nuestra comprensión de la condición humana, aun cuando expresa la singularidad del individuo y sus sentimientos de aislamiento. Su obra se distancia del simbolismo abstracto actual y de la más enigmática codificación del significado. El artista encuentra que recurrir a materiales introspectivos de su propia vida es razonable: se trata de un tema en el cual es una autoridad. Explicarlo a otros lo es aún más. En primer lugar está el problema de desarrollar un lenguaje, una manera de decir lo que se siente. El más somero examen de la obra de Caballero muestra un decidido refinamiento de la imagen a través de los sucesivos estadios de su formación. Estudió en Colombia en una buena época. Los artistas que lo precedieron inmediatamente habían despejado el camino para que una nueva generación aprendiera a dibujar bien. La de Caballero es una generación de excelentes dibujantes. Existían varios lugares acreditados de estudio y los museos, de un extremo al otro del país, propiciaban las expresiones artísticas contemporáneas. Las grandes universidades de Bogotá atrajeron profesores con las capacidades de buenos artistas y un marcado interés por la historia y la crítica.

La Facultad de Artes de la Universidad de los Andes contó con destacados artistas, entre los cuales el profesor Juan Antonio Roda, nacido en 1921 en Valencia, España, y residente en Colombia desde hace largo tiempo, se ha destacado por su imponente obra y por enseñar pintura, dibujo y grabado. Es a Roda a quien Caballero considera en primer lugar su maestro1.

Al igual que muchos colombianos antes que él, Caballero siguió la ruta establecida que lo condujo a París para realizar allí sus estudios de posgrado. Optó por la academia de Grande Chaumière, conocida por sus estudios clásicos figurativos, y visitó los grandes museos nacionales de Francia. Caballero ha expresado en varias ocasiones su desagrado frente a la “educación experimental.” A través de sus propias pesquisas, Caballero ha renovado y comunicado una nueva frescura a la tradición figurativa en nuestra época, tradición que se ha visto estancada en repetidas oportunidades durante los últimos cien años.

En el transcurso de su desarrollo, Caballero ha advertido que el poder de sugerencia de la obra de arte fragmentaria es mayor que el del tema en su conjunto cuando es descrito como totalidad. Al utilizar una aguda concentración y un segmento seleccionado del tema, es posible revelar implicaciones imprevistas de la idea que se desea expresar. El centrarse en aquellos aspectos de una fuente de sentimiento que generan emociones puede ampliar esta fuente en nuestra consciencia y conferirle el poder de renovar el tema en su conjunto.

La concepción romántica y la realista proceden de cada una de estas fuentes, pero todo depende de contar con un talento versátil. El artista que nos hizo conscientes de nuevo acerca de esta posibilidad fue Auguste Rodin. Sobre la obra de Rodin hay mucho en las bibliotecas colombianas, pero prácticamente nada en sus museos. En París, sin embargo, disponemos de una rica mina sobre la obra de Rodin. Este comentario es una pura hipótesis que no ha sido confirmada por Caballero, pero veo una posible conexión con Rodin como uno de los elementos principales de la evolución expresiva del artista colombiano.

Para regresar al comienzo, el arte de Caballero reúne en su talento para la representación una selecta combinación de procesos formales como un equipo personal que le permite confrontar sus preocupaciones. Como poeta y artista, nos invita a encontrar el marco de referencia humano más amplio que percibe desde su arte.

NOTAS

1. Ver la publicación de la galería Garcés Velásquez sobre una exposición colectiva en la que participó Caballero en 1991, donde, en una entrevista, señala a Roda como su maestro.

DONALD GOODALL

Luis Caballero, por Donald Goodall | artnexus