El Vuelo de Ícaro es el título de la muestra de Humberto Castro (Cuba, 1957). El mitológico espacio de la rue Guénégaud fue cubierto en sus vitrinas con los textos ejecutados por el mismo artista, donde hace alusión al contenido presentado en el interior.
El catálogo mismo corresponde a un drama a desarrollar: Pieza en catorce actos —tantos como cuadros de gran dimensión, óleos sobre tela del 93— que, a modo de preludio, acción y reflexión, son parte del recorrido del espectador. Yo no seré el último ángel, Teseo y Minotauro, El salto, Dualidad, son algunos de los títulos que contienen a Ícaro, Dédalo, Parsífae, Minotauro, Teseo y Ariadna como personajes principales. A modo de hilo conductor, el texto inscrito en las ventanas induce a un problema visual de forma y contenido. El espectador debe descifrar la muestra presentada ya como un laberinto.
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El hecho plástico es la verdadera instancia reveladora. Los cuerpos estilizados y las figuras de gran fuerza matérica y contrastes planos asemejan las primeras cerámicas de las civilizaciones arcaicas del Mediterráneo: no sólo por la calidad de los pigmentos—azul, tierra roja, ocre—, sino también por la concepción ancestral de la creación que, a la vez de ser hecho personal, es aspiración colectiva. Todo el diálogo tiene en cuenta al depositario final. La palabra —como elemento posconceptual— no es concebida como metalenguaje de la pintura. El hecho pictórico y el poético coinciden en el cuadro-texto. Bajo el símbolo del azul exasperante en su pureza y de las tierras-fuego, la existencia de Ícaro en búsqueda de la libertad se enraiza en el inconsciente colectivo. Las aperturas que son parte de nuevas estructuras sociales y los límites que se abren ante los actuales cambios profundos dan mayor valor a la propuesta. El elemento estetizante coincide así con el valor poético; la exaltación de los valores de lucha y superación para transmitir en forma de sensaciones la libertad contenida en los cuadros, ciertas formas y heroísmo y la pincelada suelta fueron también en algún momento neorrománticos...
SUSANA SULIC
