La expectativa que generó la exposición de Oswaldo Guayasamín en Buenos Aires fue alimentada por la repercusión que alcanzó la exhibición de sus obras en la ciudad de Mendoza y por el hecho de haber transcurrido algo más de cuarenta y cinco años desde su primera y única muestra individual en nuestro medio. Por tal motivo, su fama casi mítica alentó el flujo de público, particularmente de jóvenes.
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Con imágenes impactantes que no ocultan emotividad, las obras de este maestro ecuatoriano nos brindaron un panorama de medio siglo de actividad plástica. Es de destacar que las obras fechadas en la primera mitad de la década del cuarenta fueron exhibidas en la primera exposición ya mencionada, y que el total de obras presentadas en Salas Nacionales de Cultura, Palais de Glace supera los setenta trabajos, integrando muchos de ellos los conjuntos murales temáticos, como su serie La edad de la ira, La espera, La ternura, retratos, fechados entre 1941 y el presente.
La observación de las obras de Oswaldo Guayasamín, así como su apasionada vivencia del mundo contemporáneo, pone en el tapete una de las cuestiones del arte del siglo XX. La polémica entre los formalistas o propulsores del arte por el arte, y aquellos que subrayan el contenido y la función ética del mismo.
Guayasamín, junto a Portinari y Berni, continúa la línea que se inicia con los muralistas mexicanos en el contexto latinoamericano.
De las obras realizadas en la década del cuarenta se destacan Las beatas, realizada en laca sintética, Quito verde y Torso desnudo, ambas trabajadas al óleo.
En sus obras de los años cincuenta se encuentra una mayor simplificación de las formas y del tratamiento de la materia; se intensifican la planimetría del color y una fuerte estructura compositiva. Hasta que desemboca en una imagen más gráfica y alcanza una mayor intensidad dramática y poética. Este pasaje tiene como ejemplo Paisaje de Quito de 1957 y el inicio de la serie La edad de la ira de 1963-1965. De esta serie es de destacar Mujeres llorando, conjunto integrado por siete obras, y como trabajo posterior mencionamos Lágrimas de sangre—homenaje a Salvador Allende, Pablo Neruda y Víctor Jara—de 1973.
ALBERTO COLLAZO
