Glexis Novoa admite con desenfado que creó la serie titulada De la etapa práctica como una declaración acerca de la ironía de la propaganda política del comunismo y como un comentario sobre el mundo comercial del arte. La obra está producida con el mercado del arte en mente, destinada a la venta. Las pinturas de la serie son las obras expuestas en la Galería Ambrosino que causan mayor impacto. Son una continuación de las instalaciones comenzadas en Cuba y que fueron aclamadas en la Bienal de La Habana, en los Estados Unidos y en la Kunsthalle de Düsseldorf por sus fuertes y explícitas referencias a los símbolos internacionalmente reconocidos del comunismo y de la revolución. El lenguaje visual del poder predomina en la obra que su autor explica como "una ironía de la manera como se expresa el poder, una estética basada en el poder". El artista hace uso de afiches, propagandas y fotografías combinados con sus propias pinturas abstractas de los símbolos del poder. En ocasiones las combinaciones son excesivamente obvias; repiten la composición de la Virgen de Guadalupe suspendida sobre su iglesia diseñada con la estructura de un cohete y se asemejan más al artificio que a la ironía. Turbo está mejor logrado como ejercicio en diseño comercial que como obra de arte por la misma razón, las obvias repeticiones en el diseño que distraen del mensaje. Recibiría la mejor nota por su escuela, pero me pregunto: ¿cuál será la respuesta del mercado al que apela en forma tan explícita?
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Novoa consigue su mayor efectividad cuando traduce los símbolos de poder a sus propias estructuras, originales y fuertes. Untitled ocupa un lugar propio sin recurrir a adiciones comerciales. Una construcción robótica suspendida confronta al espectador con la escala monumental de una valla propagandística. Las “letras” que aparecen sobre el torso no pertenecen al alfabeto cirílico ruso, pero las pistas constituyen amenazadores recordatorios. Las manchas dispersas y los goteos de pintura de oro transmiten matices religiosos sobre un exterior definido con cuidado. La combinación de una organización bien articulada con la aplicación artística del color revela que no se trata de un icono, sino de la subversión del mismo.
Tres de las pequeñas pinturas de la exposición, Llama eterna, Rastrillo y Cuchillo de molino, son afirmaciones de especial elegancia acerca de la autoridad de los símbolos que, a pesar de no ser realmente reconocibles, invocan su propio poder de asociación. Constituyen una adición y un complemento interesantes a la imaginería abrumadora que domina el espacio de la galería.
CAROL DAMIAN
