Exposición Individualene 1994 - mar 1994· Por Javier Gil

Gabriel Silva

Galería El Museo

Una enorme exposición con obras de Gabriel Silva se presentó durante el mes de octubre en la Galería El Museo. Al margen del excesivo número de obras—era susceptible de una selección más rigurosa—, el conjunto de la muestra revela un artista con riqueza visual y simbólica.

La exposición se puede dividir en dos grandes bloques: uno, consagrado a la pintura, se fundamenta en elementos que por su recurrencia, color y ubicación alcanzan una clara dimensión simbólica. Centauros, venados, árboles, fuego, lagartijas y perfiles masculinos producen asociaciones relativas a metamorfosis, elevaciones, fusiones y movimientos energéticos que bien pueden aludir a procesos de diálogo interior y búsquedas del sí mismo. Otra sucesión de figuras remite a flores, pulpos, caracoles, orejas, corazones. Como las anteriores, se disponen verticalmente corroborando los procesos arriba mencionados. Todas estas cadenas de símbolos establecen analogías e intercambios de sentido entre sí.

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Otra serie de obras son cajas con un orificio que da acceso a paisajes nebulosos en donde lo más nítido es el propio reflejo del ojo que mira. Nos vemos viendo y ese acto trae consigo una serie de prolongaciones metafóricas: la caja oscura de la fotografía; la necesidad de pasar cierto umbral para ver lo otro; el deseo de ver con sus repercusiones lúdicas y voyeristas; alusión a la mirada en laque resultamos “sujetos” al cuadro e incorporados a la escena pictórica pues la obra nos sorprende en la acción de mirar; metáfora del deseo, allí nos ubicamos en tanto deseantes. Las proyecciones metafóricas se confirman en sus múltiples direcciones por las asociaciones a mitos relativos a la mirada, a figuras como Narciso o a objetos como el espejo o la cámara fotográfica.

La exposición en general se presentó en tonos algo sombríos, gastados por el tiempo. Ello también puede tener alcances simbólicos en torno a los pares de opuestos consciente-inconsciente, claridad-oscuridad. Gabriel Silva busca la luz apelando a la oscuridad inconsciente tanto personal como cultural (en sus obras se fusionan el pasado personal y el pasado de Europa). El tiempo, la memoria personal y social, nutre sus imágenes.

Aunque la obra por momentos puede parecer un poco barroca, excesivamente cargada, detallista y minuciosa, no es menos cierto que todo ello contribuye a gratificar estéticamente y visualmente al espectador. Por otra parte, ese recurso sirve para seducir e invitar a un acercamiento de orden simbólico. En estas obras se confía en la apertura que abre el símbolo, en las posibilidades que inaugura para acceder a lo desconocido por mediación de lo conocido.

JAVIER GIL

Gabriel Silva, por Javier Gil | artnexus