Este evento anual constituye un reflejo del mercado y de las tendencias artísticas. Este año, rodeada de un clima imprevisible debido a la crisis social y económica global, la tendencia general coincidió con la presencia de valores reconocidos, nuevos artistas que hacen referencia a contenidos estables y galerías que utilizan la FIAC como trampolín para una eventual promoción. Dentro de todo este conjunto cabe preguntarse cómo evaluar el arte latinoamericano dentro del fenómeno. Un importante one-man show, el de Antonio Seguí en Marwan Hoss. Una foto retrato en blanco y negro del artista a la entrada marca la consagración de una trayectoria varias veces internacional. La última producción en bronce, pequeñas esculturas donde el personaje se desenvuelve con la gracia y soltura de siempre —irónico y un poquito presuntuoso, pero a sabiendas—, cubre un espacio entre lo mágico y lo realista. Como los cuadros de horizonte elevado donde las escenas cotidianas son parte del trayecto. Frente a la sorpresa general, tres nuevas telas enfocan el tema de la crucifixión. Personajes verticales, muerte y resurrección ejecutadas con la sobriedad y calma de un racionalismo franco-argentino, mientras el drama pasa como por transparencia de grises sobre la tradición hispánica. Naturalezas muertas como parte del ejercicio mismo de pintar, gráficas, señalan la competencia y la reconocida amplitud de miras del artista.
Durban/Segnini fue la única del Cono Sur en atravesar el Atlántico. Poco habitual el conjunto con obras de Fernando de Szyszlo, César Paternosto, Eduardo Ramírez Villamizar y Agustín Cárdenas. Un solo francés, Daniel Couvreur, entre ellos. La visión es fuerte y el esfuerzo por reunir nombres de tal envergadura se vio compensado por el reconocimiento ante un sinnúmero de galerías concentradas en el juego de la crisis, las obras a precios bajos y significados pobres.
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Confundidos a veces por el clima de Découvertes, muchas galerías de reciente existencia y poca presencia encontraron su puesto en la FIAC 93. El dúo Bartolani/Caillol expone un sillón de gomaespuma con objetos incrustados tales como lámparas, un portafolios, una bota, elementos varios y de vidrio bajo el título La visita de los marchands a los artistas, 1991, en el stand de Krings-Ernst. El elemento provocador, las esponjas de color alternado, los objetos de plástico y la metamorfosis del vaciado en vidrio dan complejidad al conjunto.
Kriki, mucho más sensacionalista y futurista, propuso pinturas interactivas en realidad virtual con Guy Pieters Gallery. En los muros, tres pinturas del artista. El espectador puede proveerse del casco virtual y del data glove —guante que le permite vivenciar las sensaciones corporalmente— y desplazarse al interior de las pinturas: representaciones del atelier, de la prehistoria o de un concierto de rock. Al visitante le queda un casete con su itinerario interactivo donde puede transformar, tocar con su mano robótica-virtual los elementos, caminar y hasta pintar, obteniendo nuevos resultados dentro de las posibilidades que le ofrecen los datos contenidos en el registro elaborado tecnológicamente.
Un nuevo grupo denominado los ficcionalistas se introduce en el mundo de las utopías para crear una nueva versión de la realidad. Entre ellos, por ejemplo, Alain Bublex (Galería Vallois) imagina la arquitectura y la historia de una ciudad entera, Glooscap, de la que construye planos, reconstruye archivos y muestra los resultados ficticios de un mundo casi borgiano. Zush (A.B. Galería) inventa Evrugo, un estado mental que dispone de moneda propia y embajadas.
Dentro de los valores consagrados, Gmurzynska realizó un depurado trabajo de reconstrucción con obras de la vanguardia de los años veinte de Alexandre Rodtchenko y Varvara Stepanova, inspirado en la Exposición Universal del Grand Palais en 1925, única muestra de ambos en París. Dentro de la línea constructiva, excelentes Moholy-Nagy y esculturas y proyectos de David Nash Al borde de la selva con Annely Juda Fine Art. Denise René desplegó un sinnúmero de obras, entre ellas Cruz-Diez, Soto, Gordillo, Demarco, Sobrino; alrededor del tema principal: "Dos escultores cinéticos, Schöffer-Tinguely." Lahumière presenta a A. Quin y Pérez Flores entre los latinoamericanos. Entre la obra y la instalación, la poética abstracta de paisajes efímeros de Curt Asker y las multiformes esculturas de partes de cuerpos en plástico infladas de Giller Touyárd (Jacqueline Moussion).
Gravier eligió un grupo de tres artistas: Byron, Brice y Rivière. El conjunto reúne la simplicidad del arte conceptual, pero la interacción de materiales y formas supera la distinción entre escultura, pintura, en una inteligente apropiación del espacio.
El trabajo contenido de Matsutani, Aliska Lahusen y René Feurer hace destacar la proposición de Rosa Turesky como uno de los espacios más sobrios de la FIAC. Las últimas propuestas de Cofone se emparentan con el espacio despojado de Sunagawa—Premio Burdelle de escultura—(Franka Berndt).
Dentro de un conglomerado enorme de obras y de artistas reconocidos, cantidades de artistas jóvenes son mesuradas en sus precios. Los artistas latinoamericanos entremezclados ya no defienden fronteras culturales sino niveles artísticos.
Siron Franco, Jadir Freire y Jiménez Deredia se cotejan con los españoles Herreros o Zapata o el italiano Galligani (Gaymu-Diagonal Art). Luis González Palma con Albert Benhamou. Gamarra y Caballero en Loeb. Taboada y Riveiro con Françoise Palluel. Eugenia de Olazábal y Jorge Orta con Yvonamor Palix. Torres-García estuvo presente con Levy y Mathes. Soto con Sapone. Fontana con Karsten Greve. Vismara Arte logró un representativo espacio con excelentes piezas de Cruz-Diez, Horacio García Rossi y Fontana, entre otros.
SUSANA SULIC
