Exposición Individualene 1994 - mar 1994· Por José Manuel Springer

Cisco Jiménez

Galería Nina Menocal

La exposición del artista mexicano Cisco Jiménez en la Galería Nina Menocal abre un horizonte a la pintura de raigambre regionalista. Acostumbrados a la pintura de la región del estado de Oaxaca de evidente cepa autóctona, el público y las galerías de la Ciudad de México han formado una opinión cerrada sobre las posibilidades que ofrece la provincia semiindustrializada, premoderna y semicosmopolita. Para muchos ha sido una sorpresa el surgimiento de este joven artista radicado en la ciudad de Cuernavaca, asiento de figuras literarias legendarias como Iván Illich o Malcolm Lowry. 

Cisco (Francisco) Jiménez es un pintor entusiasta que recorre los caminos de su estado natal y a su paso encuentra materiales y temas con los que arma un discurso sobre las realidades de la urbe y el campo, la cultura y la naturaleza, en pequeños exvotos y esculturas diminutas. Lo interesante es que en lugar de quedarse en el pintoresquismo típico de la escuela paisajística local o en el populismo ingenuista de tantos artistas locales, Cisco introduce elementos de crítica e ironía sobre las condiciones políticas, económicas y sociales que hacen de la provincia un lugar contradictorio, epítome de ese continente latinoamericano que accede a la modernidad con un bagaje de retrasos y prácticas de antaño. 

Lo que hace diferente a este artista es la combinación de una dosis de humor con información verídica publicada en la prensa. En ese sentido, su trabajo recuerda al de otro artista mexicano de principios de siglo: José Guadalupe Posada. Como en el caso del grabador, Jiménez es un cronista de los hechos que rodean la vida pública, combinando texto, imágenes y color explosivo, dentro de una figuración desgarbada, producto de la premura que envuelve al cronista y al caricaturista. 

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Cisco se inició en el medio plástico como caricaturista para algunos periódicos locales. Su dibujo barroco de alto contraste, con rayados y líneas sinuosas, llamaba la atención por lo espeluznante de las criaturas que brotaban de su imaginación o la combinación de elementos chuscos en los que ni artistas académicos ni público especializado ponen atención. Con Cisco los lenguajes costumbristas y la tradición del barroco mexicano son elementos de una nueva visión e iconografía. 

El desarraigo de los campesinos de la tierra a la que por generaciones han pertenecido —en el estado donde nació y combatió el general agrarista mexicano más importante: Emiliano Zapata— es el tema de una pequeña pintura que nos muestra una profusión de letreros que ofrecen terrenos en venta a la nueva burguesía aficionada a establecer casas de veraneo en la ciudad de la eterna primavera, como se conoce a Cuernavaca. Algunos de esos pequeños letreros rezan frases como: terreno en Tepoztlán con facilidades, casa en Yautepec con hipoteca a cuarenta años, preciosa casa, ocúpela de inmediato; detrás de estos carteles se alcanza a ver un paisaje sombrío, nubarrado, un retrato de la desesperanza de una región eminentemente agrícola que ha dejado de serlo. 

"Los morelenses pueden caer en la violencia", reza el epígrafe pintado en otra de sus obras, tomado seguramente de algún encabezado de la prensa. La obra, hecha con pedazos de madera encontrados, representa a un pequeño hombre en franco movimiento descendente hacia el vacío, donde lo aguarda una escalera adherida al margen del cuadro. 

Las esculturas y bajorrelieves —que en algunos casos aparecen combinados con la pintura en forma de marcos tallados o soportes— ostentan una influencia de la arquitectura del siglo XVI, que es común observar en la región, donde se establecieron los primeros conventos e iglesias de las órdenes de dominicos y franciscanos. En las manos de este artista, la talla es brusca y áspera, lo que, no obstante, le permite trabajar detalles como volutas, arabescos e intrincadas figuras aparentemente sacadas de algún bestiario medieval. Para subrayar aún más el carácter antiguo de las tallas, el artista introduce clavos y herrajes o cualquier pieza metálica que violenta la composición. Algunas de las piezas denotan el sentido de máquinas imaginarias o herramientas arcaicas sobre las cuales Cisco dibuja o pinta sentencias e imágenes actuales. Remedando a las cartografías antiguas —llenas de símbolos y anotaciones—, el artista propone mapas imaginarios de las ciudades o pueblos que visita, creando nuevas cartografías culturales en las que se mezclan referencias lingüísticas populares como: la esquina de la Coca-Cola, El Polvorín, La ruta 18 pasa por el centro, etc. En su obra conviven eclécticamente arquitectura, pintura, grabado, tipografía y dibujo en un palimpsesto de ideas y formas que nos recuerdan la necesidad del arte y los pueblos de encontrar formas visuales que respondan a realidades concretas dominadas por la hibridización y la fusión de lenguajes al parecer incompatibles. El regionalismo como una forma de interpretar el mundo. 

JOSÉ MANUEL SPRINGER

Cisco Jiménez, por José Manuel Springer | artnexus