El 29 de julio de 1993 fue inaugurada, en la Galería Praxis de la Unión Nicaragüense de Artistas Plásticos Leonel Vanegas (UNAP), la exposición resultante del XII Certamen Nacional de Artes Plásticas al que convoca anualmente esa Unión y con el cual se celebró este año el XIV aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista. Durante el acto de apertura fueron entregados los cuatro premios previstos en la versión definitiva de la convocatoria, así como las cinco menciones de honor que el jurado determinó conceder. Como quedó evidenciado en este certamen, su continuidad resulta indispensable para evaluar la situación artística nicaragüense del presente. Si bien es cierto que los problemas financieros que se enfrentan hoy día en Nicaragua imposibilitan la atención oficial a los artistas y si bien es verídico que la actual orientación política del gobierno de ese país ha propiciado no sólo una virtual desaparición de las encomiendas de obras de carácter público, sino que hasta ha favorecido la eliminación de las piezas que habían sido auspiciadas anteriormente, es irrefutable la existencia de una constante producción artística que es preciso atender. No todos los artistas nicaragüenses están afiliados a la UNAP, pero sí lo están la mayoría de ellos, de ahí que el certamen sea no solamente un veraz indicio de lo que ocurre en aquel ámbito artístico sino una de las pocas vías que existen para apoyar la producción visual en ese país centroamericano ya que, por ejemplo, no obstante que a últimas fechas vive en Nicaragua un número reducido de personas con gran poder adquisitivo, es de lamentar que su presencia no redunde en una consolidación del mercado interno.
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A partir de las obras que fueron enviadas a concurso es posible inferir que la pluralidad estilística nicaragüense incluye lenguajes figurativos que han perdido vigencia cultural, vertientes primitivistas que fueron auspiciadas en épocas pretéritas pero que hoy corren el riesgo del estancamiento, léxicos que derivan de los que otrora practicaron los maestros locales ya consolidados, así como pocas propuestas que son avanzadas no sólo en relación a las propuestas endógenas que surgieron no hace mucho sino, incluso, en relación a las vías que son las principales a nivel internacional. Ante la problemática señalada, cabe afirmar que es la actitud pionera de quienes en los años sesenta conformaron en Nicaragua el grupo Praxis la que debe ser emulada por los actuales artistas de ese país, pero jamás los resultados artísticos específicos a los que llegaron aquellos autores. El que a algunos artistas les resulte difícil allegarse información actualizada de lo que acontece en otros medios culturales no es una excusa para que muchos de ellos utilicen el trabajo de los afamados maestros locales a manera de cómodos y únicos marcos referenciales.
El jurado de selección y premiación del XII Certamen Nacional de Artes Plásticas de la UNAP estuvo integrado por Genaro Lugo, Fernando Saravía (artistas locales ambos), José Antonio Chagas (Brasil), Pierre-Charles Rolando (Francia) y Carlos Blas Galindo (México). El premio en pintura le fue concedido a Juan Rivas por su óleo La ceiba de la curva, pieza neofigurativa con la que alude a su entorno y en la que se advierte la amplia capacidad que tiene el autor para emplear en forma decidida los recursos técnicos de los que dispone. El premio en dibujo le fue entregado a Cony Gómez, por su Carreta nagua, tinta en la que aborda con destreza un tema de la tradición popular nicaragüense. El premio en pintura primitivista le fue otorgado a Olga Maradiaga por su óleo Gigantonas, en que propone ciertas variantes que revitalizan el lenguaje que comparte con un extenso número de autores primitivistas de su país. El premio destinado a piezas tridimensionales le fue conferido a la que sin duda fue la obra más compleja entre las presentadas al certamen: Coyuntura, una construcción-instalación realizada por Porfirio García que implicaba el reto de la participación de los públicos. Se trataba de una caja cúbica con fondo de espejo y tapa de vidrio transparente que tiene inscrita una caja menor cuyas paredes presentan aberturas laterales que permiten la comunicación entre todas las áreas internas del cubo, en cuyo interior se lee, reflejada varias veces, la frase "No hay salida" y donde el artista colocó un reptil de la familia de los iguánidos que los públicos se sintieron impulsados a liberar. Recibieron menciones: Rafael Castellón en pintura, Patricia Belli y Orlando Buitrago en dibujo, Edmundo Arburola en pintura primitivista y Jorge Cornejo en escultura. Carlos Blas Galindo.
CARLOS BLAS GALINDO
