Exposición Individualene 1994 - mar 1994· Por Bélgica Rodríguez

Carlos Gorriarena

Museo de Arte Moderno

Carlos Gorriarena presentó en el MAM de Buenos Aires una importante muestra de pinturas de los diez últimos años de su producción plástica. Este artista argentino plantea que no es un pintor de grandes rupturas, para luego decir que "el conjunto de lo que ha realizado se ha ido ordenando de algún modo...Claro que sí, comparamos con mi obra actual cuadros míos de hace alrededor de treinta años que bordean una abstracción expresionista, parecería que existe un salto, y sin embargo no es así… Los cambios, por lo menos en los últimos años, se han ido dando casi como si yo no me diera cuenta, como las arrugas, las marcas que el tiempo, la vida, van dejando… Las influencias del exterior han sido múltiples…Desde mis conversaciones con amigos entrañables y no forzosamente pintores, al hacer pictórico de toda una época. Al 'olor' de una época más que a influencias puntuales. Los personales avalares de la vida, las crisis, los momentos de bonanza y, definitivamente, como cosa muy importante, el transcurrir social y político". Esta declaración del artista define acertadamente el desarrollo de su obra y las características particulares de la que cubre los últimos diez años de su carrera, como parte de su vasta trayectoria en el acontecer artístico de su país.

Ha ganado varios premios, entre ellos una Mención de Honor en la II Bienal Internacional de Pintura de Cuenca, Ecuador, 1988; el Primer Premio Nacional de la Pintura Argentina 1982-1983 Fundación Carbide; y recientemente se le acaba de otorgar el Premio Trabuco, uno de los más importantes de la Argentina.

[[IMAGE]]

Al entrar a la exposición en el MAM, lo primero que conmueve es la violencia del color y el tratamiento de la figura, especialmente la femenina. El color se ubica como una línea-mancha continua a lo largo de los muros. Cuando se mira de cerca, se percibe entonces una cierta nostalgia y melancolía en los personajes representados y en las atmósferas insinuadas. Sus personajes se presentan casi congelados en un espacio indefinido y en un tiempo indeterminado, confiriéndoles a la mayoría de las pinturas un carácter casi surreal, como de bodegón. Esta pintura de Gorriarena está muy lejos de sutilezas y matices plásticos débiles. Ella es fuerte, exuberante y contundente en sus propuestas formales que van más allá del neoexpresionismo y en su temática adecuada a la realidad del ser humano en el mundo contemporáneo cruel y despiadado. Sus temas son especie de paisajes humanos; son una realidad a la que se sobrepone una suerte de ritual marginal de esa misma realidad. De allí que haya hecho uso de una paleta violenta y de un trazo sin concesiones.

El artista hace descansar una buena dosis de su tema en el poder expresivo y seductor de la imagen y en la sensación que ella produce sobre el espectador. Estas sensaciones, en este caso, indefectiblemente no serán nunca semejantes. Aquí su propia realidad va a confundirse con su memoria, con sueños como catarsis explosiva a la vez romántica. Gorriarena explora hasta la saciedad el poder expresivo de la imagen figurativa, confiriéndole un valor absoluto al situarla en el primer plano de la tela, en posición frontal cubriendo la casi totalidad de su superficie. Este no es solamente un recurso plástico, sino también una valoración del tema. Con este trabajo de diez años él se ubica definitivamente en el campo de las vanguardias artísticas, usando los elementos más tradicionales de la pintura, pero de una manera transgresora.

 BÉLGICA RODRÍGUEZ

Carlos Gorriarena, por Bélgica Rodríguez | artnexus