De mediados de agosto a comienzos de octubre del año pasado, la galería Valenzuela & Klenner presentó trabajos de siete artistas contemporáneos brasileros. Esta muestra se hizo en colaboración con la galería Camargo Vilaga de São Paulo, que meses antes había llevado la obra de siete colombianos jóvenes para la muestra Colombia, nueva generación. Desde todo punto de vista, resulta interesante este esfuerzo de intercambio con un país que, como el Brasil, tiene una de las producciones plásticas más variadas y pujantes del continente.
Los artistas mostrados al público bogotano fueron Lia Menna Barreto, Jac (Jacqueline) Leirner, Ernesto Neto, Daniel Senise, Valeska Soares, Angelo Venosa y Luis Zerbini. El único rasgo que comparten estos artistas es el haber consolidado su actividad profesional a mediados de la década de 1980-1990. La galería bogotana editó un discreto catálogo que complementó la exposición e introdujo someramente a estos artistas en nuestro medio. Son nombres significativos en la plástica brasilera actual y varios han participado en muestras importantes fuera de su país. Pero aquí resultan prácticamente desconocidos. Reseñamos brevemente las obras expuestas.
De Lia Menna Barreto (Río de Janeiro, 1959) vimos una instalación serial de muñecas de piel sintética, rosadas, cortadas al medio, por la mitad, por una cremallera. La aparente inocencia de los objetos empleados queda destruida por el juego perverso de la apertura. Toda la dialéctica conceptual se desarrolla a partir de la contradicción de términos entre el material y su tratamiento. Única objeción: esta obra está muy cerca de las propuestas formuladas hace tres o cuatro años por Leda Catunda, otra brasilera de la misma generación. Jac Leirner (São Paulo, 1961) —el nombre más prestigioso en el conjunto—trajo tres trabajos. Un fragmento de sus instalaciones hechas con bolsas plásticas comerciales, un collage de tarjetas y un objeto-máquina que muestra un quiebre en su producción habitual, apoyada en la acumulación y la serie como método sistemático de alteración de significados. Los dos objetos de muro pierden bastante de su eficacia al verse drásticamente reducidos en sus proporciones. Un cuarto entero, “forrado” con los sacos plásticos, como el que presentó en la vigésima edición de la Bienal de São Paulo en 1989 (4,95 x 10 x 11 metros), es impactante; un pequeño fragmento del mismo, no. La instalación original, limitada al objeto de pared, no funciona.
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Las formas generadas con medias de nylon y pequeñas esferas de acero por Neto (Río de Janeiro, 1966) evocan un mundo biomorfo en el que estiramientos, diagonales y tensiones contrastan con el peso implícito en las “lagunas-recipiente” de las esferitas metálicas. Daniel Senise (Río de Janeiro, 1955) resulta el más conservador de los artistas expuestos, pese a su peculiar sistema de trabajo. Sus pinturas son hechas y desechadas a base de construcción y destrucción, de pintar y arrancar parcialmente la capa pictórica en una permanente interrogación de los sustratos que van acumulándose sobre el soporte. Desde hace algunos años, el lenguaje de Senise se apoya en el contraste entre las imágenes apenas insinuadas, como fantasmas que flotan, y las superficies trabajadas por deconstrucción. Una poética de evocación, más que de aseveraciones. El trabajo de Valeska Soares (Belo Horizonte), varios ramos de rosas disecadas envueltos amorosamente en sendas espirales de algodón blanco, fue creado para el Panorama de Arte Actual Brasilero (Museo de Arte Moderno, São Paulo, 1991). A medio camino entre el ready made y la instalación, esta obra evoca una aguda nostalgia, sentimiento poco frecuente en la producción artística brasilera contemporánea.
Dos artistas paulistas, Angelo Venosa (1954) y Luis Zerbini (1959), completan la lista de expositores de Brasil hoy. El primero trabaja desde hace años en torno a la problemática generada por la degradación del medio natural. En Bogotá no estuvieron presentes sus obras más características, grandes estructuras de madera forrada con caucho y tejidos que evocan el ámbito de la paleontología, sino objetos de pared, de dimensiones más reducidas en los que se combinan ceras, poliéster y molares bovinos. El uso de restos animales —huesos, pieles, animales disecados— es parte del discurso de un amplio grupo de plásticos actuales, tanto en el Brasil como en otros países de América Latina. Luis Zerbini ha trabajado especialmente con instalaciones. En Brasil hoy, sin embargo, participó con pequeños relieves en plástico, tramas sobre las que parece flotar un pececito.
La exposición constituyó un buen testimonio de la variedad de lenguajes artísticos y múltiples inquietudes que alimentan la plástica brasilera contemporánea.
MARÍA ELVIRA IRIARTE
