"Buques de Estados Unidos frente a Haití" y "Haití: embargo a la vista" son algunos de los titulares que aparecen esta semana en las primeras páginas de la prensa miamense. Casualidad o fatalidad... lo cierto es que la presencia de la nueva instalación de Alfredo Jaar no podía ser más apropiada, no sólo a nivel temático sino en lo que a temporalidad se refiere. La obra se inspira en un suceso político ocurrido meses atrás, el cual Jaar denomina la falsa promesa1. En junio de 1992, la guarda costera detuvo una embarcación de inmigrantes haitianos en las costas de la Florida. El presidente Bill Clinton, quien usó durante su campaña presidencial la promesa de cambiar las políticas gubernamentales que exigían la captura y repatriación forzada de los refugiados haitianos, creó grandes expectativas. Miles de haitianos se lanzaron al mar, corriendo grandes riesgos, con el fin de recibir asilo político en los Estados Unidos. Una vez electo, Clinton se retractó, provocando reacciones, disturbios y grandes desilusiones (algunos con graves consecuencias) no sólo entre la población de la isla, sino entre la comunidad haitiana del sur de la Florida.
Durante su trabajo investigativo (Jaar realiza siempre un exhaustivo análisis periodístico del tema escogido para la realización de las obras), la situación de doble marginalidad de la comunidad haitiana lo impactó considerablemente: "Me impactó la idea de que los haitianos están doblemente marginados tanto por el mainstream como por las otras minorías"2. Es por ello que Jaar se solidariza con ellos, tal y como lo ha hecho anteriormente con otros inmigrantes, y realiza, a partir de la presentación de esta instalación, una labor de sensibilización social, en el seno mismo de una sociedad que vive y a la vez ignora esta dramática situación.
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En esta oportunidad, la instalación de Alfredo Jaar consta de dos partes. La primera, denominada Crossing (Cruce o encrucijada), es una caja de luz incrustada en la pared, en la cual el rostro energético de una mujer de color gritando contrasta con su propia sombra y con el sentimiento de abatimiento y de desesperanza que inspira el rostro de otra mujer. Además del impacto visual de la imagen, la localización de la pieza confronta al público de una manera física, real. Si bien Jaar ha utilizado anteriormente el elemento arquitectónico como parte fundamental de su obra, es evidente que Crossing, al atravesar la pared que divide el corredor de entrada y la galería, se convierte en uno de sus mayores logros en lo que a la incorporación de la estructura física del espacio se refiere.
Al entrar en la galería oscura y fría, se encuentra Bonjour Securité (Buenos días, seguridad). La vista no tiene otra alternativa que volcarse hacia las cinco cajas de luz que reflejan un hermoso color azul. Al acercarse a la instalación se pueden apreciar de cerca las olas del mar, que aparecen inicialmente como un simple chapoteo y que, en las últimas dos cajas, se convierten en la estela de una embarcación de motor que se aleja rápidamente. En la parte posterior de las cajas, colgados en la pared, Jaar coloca veinticinco espejos de formato pequeño, los cuales reflejan imágenes entrecortadas de hombres, mujeres y niños haitianos, que se interrelacionan con la imagen de quien observa la obra. Según Jaar, el espejo, símbolo de narcisismo social, reduce al espectador y lo fuerza a captar las imágenes de angustia, desilusión, desesperación y terror de los haitianos detenidos, a través de su propia experiencia visual. Jaar logra, en ese momento, una interacción física obligatoria provocando una lectura comprometida por parte del público.
La parte interior de Crossing aparece en la pared opuesta a Bonjour Securité, a la salida de la galería. En esta oportunidad, la caja está colocada angularmente de tal forma que hay que acercarse para poder observar su contenido. Jaar logra forzar una vez más un acercamiento más íntimo, acaso por la oscuridad y el silencio reinantes, o por la presencia de una imagen única, visualmente desgarrante. La fotografía muestra un grupo de refugiados haitianos encerrados en el campo de detención de Guantánamo. Los rostros se confunden entre las manos alzadas que muestran desesperadamente su condición de repatriados. Una imagen cruda que refleja la condición inhumana a la que son sometidos, no sólo los haitianos sino tantos inmigrantes que encuentran, después de arriesgar sus vidas, una puerta cerrada.
NOTAS
1. Alfredo Jaar. Mesa redonda. Center for the Fine Arts. Miami, 17 de octubre de 1993.
2. Tomado de Alfredo Jaar-Nueva York por Louis Grachos. Miami. Center for the Fine Arts. octubre, 1993.
FRANCINE BIRBRAGHER
