Exposición Individualene 1994 - mar 1994· Por Darío Ruiz Gómez

Alberto Fernández

Arte Autopista

Bonnard, Klimt, Mucha, Van Dongen, incluso, son reivindicados entre nosotros por artistas como Cogollo, María de la Paz Jaramillo, Carlos Salazar, Saturnino Ramírez, etc. Lo figurativo como reivindicación del dibujo o como exaltación del color, como reconquista de aquella conformación que existe aún en el enfoque hacia la escena íntima. Esta tradición es la que Alberto Fernández (Arte Autopista) retoma para proponer a través de la técnica del óleo pastel —y Degas, claro— un ámbito donde el desnudo se sitúa en un escenario de colores exultantes.

El propósito de esta relectura lo lleva inconscientemente hacia una atenuada visión de lo galante en el sentido en que Boucher le dio a este término. Alegría que es réplica de lo desgarrado artificialmente. Sé que en un medio tan preocupantemente serio como el colombiano esto parece peyorativo, pero no es así. Hablo de las impurezas presentes en actitudes estéticas consideradas ligeras, frívolas.

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Lo decorativo y no el decorativismo en la tradición del color y la imagen que se resiste a ser borrada por otra iconología del desnudo desposeído de la sensualidad y el erotismo. Actitud mediterránea frente al horror expresionista. ¿Pudo el póster alcanzar el aura que sí tiene un dibujo de Klimt, de Bonnard? Lo que llamamos históricamente íntimo, así como el sistema de objetos —según Baudrillard—, ha desaparecido en el proceso de la nueva sociedad. ¿Cómo definir entonces el espacio interior frente al espacio exterior? ¿Qué ha sucedido con el decorado de los desnudos de Wesselman? ¿Qué se ha modificado en ese estereotipo de desnudo proveniente de revistas y pósters y no de un ser humano?

El camino de Fernández radica en ahondar en esta anacronía donde aún la casa tiene una poética, donde aún el cuerpo tiene una poética, donde aún el decorado refuerza contundentemente esa vocación de la figura hacia el recuerdo. ¿Cuál sería el desnudo en una casa de Meier, de Botta? Está claro entonces que no todas las personas quieren vivir en una obra de arte y que en realidad estos colores, esta silueta, son formas de resistencia contra la voracidad del consumo, contra el atropello de las falsas imágenes de los mass media.

¿Frente a una literatura de computadores, no es una anacronía el maravilloso estilo, el ámbito mítico de Cien años de soledad? Fernández abre esta perspectiva en su tarea que esperamos sepa llevar adelante con lucidez crítica.

DARÍO RUIZ

Alberto Fernández, por Darío Ruiz Gómez | artnexus