Exposición Individualjun 2018 - ago 2018· Por Victoria Verlichak

Santiago Porter

Rolf Art

La exposición Bruma, en galería Rolf Art, condensa trece años de práctica artística del multipremiado Santiago Porter (Buenos Aires, 1971). Despliega fotografías de las tres etapas del proyecto, de igual nombre, e incluye pinturas en las paredes y en cuadernos de trabajo, desplegados en vitrinas. Las pinturas (¡una verdadera novedad!) son mayormente casi monocromas y establecen un sutil y eficaz vínculo con las imágenes fotográficas.

Al contrario de lo que podría pensarse, el generoso espacio de la galería no está abarrotado. Las penetrantes obras exhibidas son pocas: diez fotos, cinco pinturas y siete cuadernos con acuarelas y bocetos. Elocuentes, las obras respiran y se dejan ver con serenidad. Para ahondar en la totalidad de esta propuesta es preciso acudir al libro que acompañó la muestra: Bruma (Buenos Aires, Ediciones Larivière, 2018), con un texto de la escritora Paola Cortes Rocca, gran formato y tapa dura, ilustrado con 55 fotografías a todo color y en blanco y negro.

Exposición Individual: Santiago Porter — imagen 1
Santiago Porter. Evita, 2008. Fotografía a color, impresión inkjet. 154 x 123.5 cm (60 5⁄8 x 48 5⁄8 pulgadas). Cortesía: Galería Rolf.

El ensayo fotográfico explora la relación entre el aspecto de las cosas y lo que les sucedió con el paso del tiempo. En ese sentido, las imágenes tienen la capacidad de explorar su propio pasado, y el artista, la posibilidad de expresar su subjetividad, su punto de vista.

Quizá porque inició su camino artístico como reportero gráfico, Porter extiende en el tiempo su preocupación por las memorias del futuro, el aislamiento, la ruina y la huella. La pérdida y el testimonio, también en las fotos y el libro –La ausencia (2001-2003)–, dedicados a la voladura de la sede de la AMIA, Asociación Mutual Israelita Argentina. Tragedia nacional aún irresuelta, el atentado del 18 de julio de 1994 dejó 85 muertos (86, si se incluye el asesinato en 2015 del fiscal Alberto Nisman, que investigaba el crimen).

Las tres fases del proyecto Bruma suman imágenes de edificios públicos de la ciudad de Buenos Aires, monumentos conmemorativos y “paisajes alterados”. Aun cuando las magníficas imágenes captan atmósferas de desidia y destrucción, el artista se las ingenia para mostrar una rara belleza. El potente relato fotográfico constituye una aguda reflexión sociopolítica. Como bien dice el artista, “nunca es inocente la imagen, siempre es una construcción”.

Porter fotografió edificios –construidos desde finales de los años 30 hasta comienzos de los 50– que albergan la administración de la cosa pública (economía, justicia, fuerzas armadas), centrales sindicales, establecimientos para la comunidad, como el edificio racionalista del Hospital Ferroviario, cerrado en 1999. La primera observación que sobresale ante la visión de las precisas y metafóricas fotos de estas poderosas construcciones es que Argentina fue un país que se soñó grande y que, por ahora, fracasó.

Luego buscó monumentos históricos obsoletos, y vaya si los encontró. La imagen de la escultura Evita decapitada es tan poderosa que podría haberse exhibido sola. Resume las tres etapas de su proyecto: es lo que queda de una figura de mármol destinada al espacio público, es un monumento añoso y fue encontrado en un paisaje alterado.

En primer plano, Evita parece surgida de un sueño, no menos porque detrás se vislumbra una envolvente neblina matinal. Evita era parte del mausoleo inconcluso dedicado a Eva Perón. Fallecida en 1952, la escultura lleva en sus manos el escudo justicialista (peronista). La escultura del trabajador, que aquí aparece a un costado, quizá formaba parte del mausoleo conmemorativo que dejó inconcluso el italiano Leone Tommasi, el mismo que realizó el conjunto escultórico ubicado en el frente de la Fundación Eva Perón. Tras el golpe militar de 1955 –que puso fin al gobierno de Perón– se destruyeron casi todas las estatuas del matrimonio Perón (se prohibió nombrarlos, y más). Descabezada, Evita fue rescatada años después y ubicada en la quinta de San Vicente, donde están los restos de su esposo, el general Juan Perón.

Pero hay más ejemplos de vestigios obsoletos: el puente que no se terminó, la autopista que no lleva a ninguna parte, las cicatrices en la Escuela de Mecánica de la Armada (emblemático sitio de represión durante la última dictadura militar), ahora Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.

Tampoco hay presencia humana en la tercera parte de Bruma, en estos “paisajes alterados” visitados por el artista. Factores climáticos (inundaciones, sequías), desechos industriales y plásticos domésticos, roedores importados, incendios forestales, modifican violentamente los parajes naturales de Argentina. La niebla desdibuja el horizonte y el humo surge desde la tierra yerma. Valieron la pena los años de espera hasta la llegada de esta Bruma.

VICTORIA VERLICHAK

Santiago Porter, por Victoria Verlichak | artnexus