Exposición Individualjun 2018 - ago 2018· Por Diana Cuéllar Ledezma

Regina José Galindo

Calle Olmo 13

Una de las características que definen al performance es su carácter altamente contextual. La lectura de esta acción de Regina José Galindo amerita, por tanto, enfatizar que su ejecución tuvo lugar en una fecha simbólica (8 de marzo, Día Internacional de la Mujer) y al margen de cualquier institución cultural: fue gestionada por la misma artista, en coordinación con Cristina Rodríguez, y efectuada en un pequeño local en el barrio de Lavapiés, en el centro de Madrid. Más importante: la pieza alude a uno de los acontecimientos criminales de mayor impacto en la sociedad española reciente: la violación grupal de una mujer durante las fiestas de San Fermín en Pamplona, en julio de 2016.

En el contexto de movimientos globales como #MeToo y Times’s Up, una aguda concientización sobre la cultura de la violación y las operaciones de culpabilización de las víctimas de violencia de género se ha disparado a escala mundial. Más allá de la intrínseca atrocidad del ultraje, el caso La manada (denominado así en virtud del grupo de WhatsApp homónimo al que pertenecían los cinco acusados) ha generado indignación en la opinión pública a causa del manejo machista que en un principio se le dio por parte de la prensa y el aparato judicial español.

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Regina José Galindo. La manada, 2018. Performance. Foto: Jose Luis Izquierdo.

El performance La manada tuvo lugar a las 10 de la noche. Había sido convocado con la advertencia de que el aforo sería limitado, por lo que la gente llegó con bastante antelación y se formó una larga fila en la calle, a la espera de que se abrieran las puertas del local. A las siete de la tarde de ese mismo día había comenzado la manifestación en favor de la igualdad de género. Fue una marcha histórica y multitudinaria. La ciudad estaba vibrante. Cuando entramos a la pequeña sala, la artista estaba arrodillada, vestida toda de negro, iluminada por una luz cenital. Nos dieron indicaciones de rodearla. El espacio era pequeño y tuvimos que apretarnos. Cuando cerraron las puertas, siete hombres jóvenes salieron de una trastienda y rodearon a la artista. Vestían pantalones de mezclilla y sudaderas al estilo de hoodie que mantenían sus caras parcialmente ocultas al público. Abrieron las braguetas de sus pantalones, sacaron sus penes y comenzaron a masturbarse. Cuando estaban por eyacular se acercaban más a la artista para que el semen cayera encima de ella.

Otros rasgos característicos del performance son su inmediatez y, en consecuencia, el margen que deja a la imprevisión. Conforme eyaculaban, los participantes se iban retirando uno a uno. Dos de ellos, que experimentaron dificultades de erección, permanecieron en escena y continuaron masturbándose. La artista seguía arrodillada, inmóvil e inexpresiva. El público respetaba el silencio, que solo se rompía con los disparos de las cámaras que documentaban el momento. Paulatinamente la atención se centró en uno de los jóvenes, que intentaba con desesperada angustia y obstinación conseguir una erección, aumentando exageradamente el ritmo y la intensidad con que manipulaba su miembro. El acontecimiento se prolongó y el público comenzó a inquietarse. Algunos abandonaron la sala. Después de un rato el joven desistió y se retiró. El otro continuó solo un poco más y salió también, sin haber conseguido eyacular. La artista esperó un par de minutos antes de hacer lo propio.

El sentido de una obra es volátil y el mayor potencial del arte es su carácter multivocal. En sus performances Regina Galindo ha usado su cuerpo, femenino y “periférico” como materia central para reflexionar sobre temáticas de poder, violencia de género y las heridas del cuerpo social. La participación de terceras personas en la ejecución de sus acciones más recientes ha devenido también en un interesante ejercicio de pérdida de autoridad y control por parte de la artista, dando pie al libre flujo acontecimientos e ideas. Es un procedimiento valiente, sobre todo en estos momentos en los que el performance ha entrado casi de lleno al espacio aséptico e hipercontrolado del cubo blanco. En las acciones, que tienen un público mayoritariamente vinculado al mundo del arte, las convenciones sobre los roles asignados y las lecturas posibles no suelen verse muy desafiadas. Sin embargo, el insospechado curso de las cosas en este performance rasgó el delgado velo de malla que separa la realidad de la representación, alterando las categorías productivamente. Al margen del cuerpo femenino violentado, el conflicto devino en el de dos hombres jóvenes que, trabajando para el mundo del arte, exhibieron, no sin bochorno, el rasgo de mayor fragilidad de la sexualidad masculina. De este modo la acción, acaso involuntariamente, aportó un interesante y necesario ángulo al agitado debate actual sobre género, sexualidad y poder.

DIANA CUÉLLAR

Regina José Galindo, por Diana Cuéllar Ledezma | artnexus