Exposición Individualjun 2018 - ago 2018· Por Ricardo Pohlenz

Melanie Smith

Proyecto Paralelo

Sería injusto, además de abusivo, calificar el trabajo de Melanie Smith, artista inglesa nacida en Poole (reside en México desde 1989), como un tamiz de la modernidad colonial que juzga (o revisa) una modernidad maltrecha (y hasta cierto punto inventada) como la mexicana. No vino para llevarse (en términos de saqueo cultural) los climas –por decirles de algún modo a los temas que ha abordado a lo largo de su carrera–, y las situaciones socioculturales a las que apela desde un rigor formal, que las abre y las vincula a la generalidad de lo contemporáneo desde una lectura –tan lúcida como privilegiada– que pone en evidencia sus sustratos y derivaciones. La artista se ha aclimatado –más bien– al territorio mexicano (y, por extensión, al latinoamericano) convirtiéndose en una natural que repite, en un gesto que es a la vez personal e histórico, lo que ha definido el proceso y desarrollo del continente en los últimos quinientos años. La obra de Melanie Smith parte de la imagen como producto de la modernidad, revisa y deslinda sus distintos sustratos para presentar en sala sus genealogías. La trampa de su ilusión, lo que exhibe pero también lo que esconde; su peso inherente, lo que se conserva y lo que se pierde. Esta vocación por el sedimento, por el proceso de sedimentación, por la decantación de lo visual, desde la multiplicidad de sus gestos, atrapada y no en la documentación en cine y video, y que puede desarmarse hasta convertirse en algo que sobrevive como abstracción pero que depende de su proceso para su significación.

Exposición Individual: Melanie Smith — imagen 1
Melanie Smith. Fragmento XVII a partir del trabajo de El Bosco, 2016. Óleo sobre panel de madera. 90 x 580 cm (35 7⁄16 x 228 11⁄32 pulgadas). Foto: Proyecto Paralelo.

Su más reciente muestra en Proyecto Paralelo, Fake and Farce (que tiene intencionalmente la mala traducción de Falso y farsa que señala –desde una flagrancia semántica– los acomodamientos que tiene –o que sufre– la comunicación en distintos códigos –o lenguas– para decir una cosa bien, para decirla sin más, para decirla a pesar suyo, subsanando las distancias que hay entre las distintas formas de significación para la representación de contenidos más o menos afines) tiene su origen en la puesta en escena de una pieza performática que desarrolló para la Tallera –en Cuernavaca– durante el verano de 2017.

La pieza se centra en la representación de situaciones que no suceden en el escenario sino “tras bambalinas” al convertir al espacio en un lugar de exhibición continua con los trabajos de producción, que fueron documentados por nueve cámaras de seguridad. La Tallera albergó en este taller a estudiantes, costureras, escenógrafos y un restaurador que se dedicaron a crear tableaux vivants a partir de cuadros emblemáticos de El Bosco y Pieter Brueghel El Viejo. La decantación de los temas de la pintura flamenca –gran trance de la modernidad, a la vez una forma de decadencia y esplendor, salto entre poderíos e influencias mundiales– sirve de marco para la reflexión de contenidos que son a la vez contemporáneos e intemporales.

Más allá de la actualización (o tropicalización) de los temas y motivos de los maestros flamencos que hace Melanie Smith en este trabajo colectivo, le trajo a la artista –desde la reflexión de la imagen y sus transformaciones– un proceso de sedimentación (como dije antes) o de decantado visual que conjunta y revisa las líneas, los contornos y las texturas que definen sus figuras –lugar común del realismo grotesco renacentista–, que sintetiza con la experiencia contemporánea vivida con la troupe armada en Cuernavaca, en la que se tienden puentes –en una sobreposición (o aún mejor, una síntesis)– entre gestos universales y particularidades idiosincráticas para crear una narrativa que deriva (en sus dos sentidos) en la representación, y los documentos filmados y en video (convertidos en una instalación multicanal) de esta representación, como saltos que da –cual acróbata conceptual– para depurar o hacer anotación de las generalidades tópicas del gran fresco flamenco, llevando sus líneas y gestos hasta la abstracción en el juego dinámico de sus formas y figuras sobre el lienzo. Melanie Smith despedaza y destroza el imaginario de los maestros flamencos para diseminarlos sobre la tela como sólidos en tensión que invocan (pero a la vez niegan) su sustrato en pos de una posteridad más mundana, más de todos los días, despojada de su sentido original, como envases vacíos que todavía apelan al contenido que han perdido como una resonancia que se pierde y permea, digámoslo poéticamente, como lo hace una ausencia.

Propondría, como paso siguiente, un estampado para ropa de cama con las figuras actualizadas de las pinturas que hace Melanie Smith de las pinturas de los maestros flamencos (a las que llega –no hay que olvidarlo– mediante la representación de las escenas y su documentación). Las puedo ver dispuestas en una tienda de museo junto a las sabanas con estampados sacados de El Bosco y Brueghel El Viejo como un guiño fortuito a Benjamin, pero esa imagen es solo producto de mi propio entusiasmo por la igualación o sublimación que consigue –en un nivel estético pero también político y social– en los procesos de filtrado que hace Melanie Smith a la realidad –sus ecos y resonancias– como convención y como representación.

RICARDO POHLENZ

Melanie Smith, por Ricardo Pohlenz | artnexus