Exposición Individualjun 2018 - ago 2018· Por María Luz Cárdenas

María Teresa Govea

Museo de Arte Contemporáneo del Zulia – MACZUL

La exposición Dáctilos relativos de María Teresa Govea nos sitúa en una esfera de reflexión que permite incorporar en las prácticas artísticas del siglo XXI el desarrollo del conocimiento, los avances tecnológicos y los progresos de la ciencia. Govea enmarca el interés de su trabajo en el estudio de problemas como la materia oscura, la teoría de la relatividad, la física y la mecánica cuántica, proyectando sus conceptos en soluciones gráficas muy nítidas. Desde sus inicios como artista hacia finales de los años noventa –cuando se dio a conocer en el Salón Pirelli del Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber–, centró el eje de sus investigaciones en el cuerpo como espacio de identidad y diferencias. En el proyecto Blink, que conformó su anterior muestra individual, dio imagen a los saltos del tiempo y la simultaneidad del espacio, expandiendo y deformando su propio retrato. El rostro multiplicado, en espejo, deformado, girando en rotación, transformado, expresaba las posibilidades que la técnica puede brindar para el autorreconocimiento desde perspectivas impensables. En Dáctilos, cuya primera etapa es Dáctilos relativos en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, con un posterior desarrollo en Dáctilos cuánticos en la Fundación Chacao de Caracas, la idea es acceder a la huella digital, el recurso más decantado de esa identidad sobre la cual construye su discurso.

Dáctilos relativos contiene veintiséis imágenes digitalizadas sobre papel fotográfico, dos textiles y tres videos, pero, en realidad, las disciplinas disuelven sus fronteras materiales en una misma solución plástica: son obras difíciles de clasificar porque se mueven entre la pintura y la gráfica, el dibujo y la imagen digitalizada, la fotografía y el arte textil, el videoarte y el arte sonoro. Se trata de un proceso abierto a numerosas interpretaciones, y el curador Luis Ángel Duque prefiere utilizar el término horizontes de sucesos para definir el resultado de esta nueva práctica visual (tomado de la manera como el físico inglés Stephen Hawking se refiere a los espacios alcanzados por Einstein). Las imágenes se presentan en un minucioso juego de blancos y negros que revelan la deconstrucción y recomposición de la huella, su fragmentación, su movimiento en el espacio de infinitas olas cuánticas. El reducto primario de la identidad, ese que marca la herencia genética y es el más íntimo de los autorretratos, se transforma, se amplía y multiplica en miles de fragmentos en movimiento para llegar a ser red o membrana.

Exposición Individual: María Teresa Govea  — imagen 1
María Teresa Govea. Círculos Black and White (Blanco y negro), 2018. Impresión digital sobre papel fotográfico. Foto de la artista.

 Los formatos dúctiles y maleables convierten a los fragmentos digitales en paisajes, en rítmicos bosques de signos inmateriales, mapas estelares donde, sin embargo, nunca desaparece el vestigio de lo ancestral. La sencillez de los soportes y el transparente acabado de los signos sostienen una compleja metáfora de la materia viva, de la piel, del cuerpo y el tiempo. Las escalas de medianos formatos se expanden considerablemente cuando el espectador detiene su mirada en el inmenso territorio que ellas trazan. El recorrido comienza con dos huellas matrices, una blanca y otra en negro, que funcionan como umbrales para anunciar lo que sucederá posteriormente. De allí se despliegan Rizos, Tramas, Círculos simples y dobles, Fugas, Estrellas. En las Tramas se aprecia un efecto de sutil oscilación porque las pequeñas partículas tejen una malla que gira simultáneamente en círculos concéntricos, pero también hacia los extremos y hacia afuera de la superficie desde la que parecen saltar.

En los Textiles, la imagen comporta un múltiple sentido cósmico, espacial, sideral y, a la vez, artesanal. Esto proporciona un vuelco interesante a la propuesta, que, partiendo de un sofisticado tratamiento científico y tecnológico, no pierde conexiones con una tradición muy propia de la región del Zulia, de donde proviene la artista, así como tampoco abandona el vínculo primario con el cuerpo. En los videos, con los títulos Interferencias dactilares y Dáctilos, los microelementos de la huella digital se llevan al máximo de integración y desintegración. Con la colaboración de Corina Lipavsky en la producción y cámara, se añadió el sonido extraído de los estudios sonoros de los aros del planeta Saturno, realizados por la sonda del satélite Cassini, un ambicioso lanzamiento de exploración satelital en el espacio, llevado a cabo por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) para el estudio de dicho planeta y sus anillos. El resultado de la relación entre imagen y sonido es un paso de elementos y señales metafóricas que transportan al espectador a un tiempo y un espacio donde se amplían sus posibilidades de percepción: de planetas desconocidos a paisajes en transformación, de materia sideral a materia corporal. Mediante la sencillez de una huella digital –única e inmutable en cada persona, trazo existencial para el reconocimiento del cuerpo y el individuo en todas sus instancias (desde la biológica o la médica hasta la política)–, María Teresa Govea nos permite acceder a los más complejos estratos de conocimiento con limpieza y claridad formal, sin contratiempos ni confusiones.

MARÍA LUZ CÁRDENAS

María Teresa Govea, por María Luz Cárdenas | artnexus