Exposición Individualjun 2018 - ago 2018· Por Marta Rodríguez

María Angélica Medina y Adriana García

Liberia

Afuera el mundo, exposición presentada en Liberia, una de las galerías que conforman el circuito de San Felipe, reunió a dos artistas de generaciones disímiles, María Angélica Medina (1939) y Adriana García (1977). La curaduría de María Camila Montalvo, cuyo eje era la relación entre arte y vida familiar, me hizo pensar en la temporalidad doméstica y en la de una historia del arte colombiano que está comenzando a escribirse.

En 2016, Adriana García y María Margarita Jiménez presentaron en El Parqueadero, Museo del Banco de la República, su proyecto Dinastía, laboratorio de arte y familia. En esa ocasión entrevistaron a varios artistas, entre ellos a María Angélica Medina. La culminación de Dinastía se llevó a cabo en Liberia y se conectaba con la exposición exhibida en ese momento, La mente es un hogar; para este cierre organizaron “unas onces como las de antes”. Afuera el mundo quiso rememorar este encuentro, por lo que invitaron a Adriana García a desarrollar un trabajo que fuese extensión de lo anterior, y también a María Angélica Medina.

Exposición Individual: María Angélica Medina y Adriana García — imagen 1
Adriana García Galán. Afuera el mundo, 2018. Instalación. Dimensiones variables. Foto: Santiago Pinyol. Cortesía: LIBERIA.

“Unas onces como las de antes”, un término equivalente a “la hora del té”, hace alusión a las reuniones que María Angélica Medina comenzó a convocar en su casa en los años ochenta con los que por esa época eran estudiantes, hoy muchos de ellos personajes reconocidos del arte colombiano. En la década anterior, ella había empezado a tejer cortinas de plástico, y de diversas fibras, y también tejía su propia ropa. Posteriormente estas piezas entraron al circuito del arte. Los vestidos que se convirtieron en un distintivo suyo, tal vez una manera de tomar posición de su cuerpo e identidad, se enmarcaron. Uno de ellos se exhibió en Afuera el mundo junto a una fotografía en la que lleva uno de sus vestidos de lana, mientras teje otro.

La otra pieza exhibida data de 1981. Se trata de una tira larga tejida en cabuya que se desplazaba en el espacio generando ondas. Por su gran tamaño invitaba a pensar en el largo lapso de tiempo que llevó su elaboración, a la vez que traía consigo un tiempo propio de la vida femenina que nos remonta a Penélope. Por esa temporalidad me hizo recordar Pieza de conversación, un performance inolvidable, una obra aún en proceso, con el que María Angélica Medina participó en el 37 Salón Nacional de Artistas (1998), que ha ido tomando el lugar que merece en la historia del arte colombiano.

Exposición Individual: María Angélica Medina y Adriana García — imagen 2
María Angélica Medina. Sin título, Tejido, 2018. Instalación. Dimensiones variables. Foto: Santiago Pinyol. Cortesía: LIBERIA.

Otra noción de tiempo también emanaba de los trabajos de Adriana García, quien con medios diversos ha venido explorando temas relativos al lenguaje. En esta ocasión presentó cuatro obras que a través de objetos, sonidos e imágenes en video llevaron ecos de su casa a la galería. Obras enigmáticas que cuando revelan la manera como fueran hechas despliegan su sentido y otorgan un lugar a actos íntimos y cotidianos. Arqueología de superficie, una colección de “objetos encontrados” en el piso de su casa, muñecos diminutos, lápices gastados, clips, hasta motas de ropa que se arremolinan por ahí, que fueron dispuestos delicadamente y trajeron consigo las experiencias y la imagen de una madre y sus niños. A través del sonido, un campo que también ha explorado a lo largo de su trayectoria, llevó las cuatro voces que se escuchan en su hogar. Una fotografía familiar en la que su hijo pequeño está al lado de una carpa dio lugar a la pieza titulada Afuera el mundo, que Adriana define como un “dibujo espacial, instalación escultórica. Esqueleto de casa hecho con tierra seca de demoliciones urbanas desequilibrada por una piedra de concreto que vibra, sobre un tapete de lana virgen conservado de la casa familiar de mi infancia”. Esta misteriosa y tambaleante estructura, que evoca la fragilidad de la vida doméstica y reúne elementos de su infancia con su presente inmediato, me hizo pensar en el mito de la cabaña primitiva que se remonta a la Grecia antigua, que habla del origen de la arquitectura, del hábitat, de la necesidad de protección del hombre, un ser frágil, aunque también arrogante. El lenguaje y el sonido, unidos a una temporalidad lenta y contemplativa, estuvieron presentes en el video Abajo el mundo, en el que una palmera vista desde abajo se mece con fuerza mientras lentamente pasan las nubes y se intercalan “frases que hacen parte de una conversación”. Diario, un video en el que una mujer trata de tocar la punta de sus pies sin lograrlo, con palabras y música alude al “tiempo y los deseos”, se lucha por ellos y casi, casi se alcanzan. Estas piezas, en su sencillez y su delicada factura, suscitan ternura y un cierto asombro al enaltecer esos actos mínimos y cotidianos que son los que van tejiendo, día a día, la existencia.

Quienes conocieron “unas onces como las de antes” saben que allí se cocinaron muchas ideas ajenas a las tratadas en las escuelas de arte, anuncios de una ruptura que se hizo evidente en los años noventa y dio lugar al que llamamos “arte contemporáneo”. En él es posible, como lo dijo Arthur Danto, que un artista aborde medios y temas disímiles. Tal es el caso de Adriana García, quien a través de diversos medios se inquieta por las posibilidades del lenguaje que teje el mundo, nuestras relaciones y nuestros actos.

MARTA RODRÍGUEZ