Por su carácter realista, dramático y teatral, se decía de la pintura del Barroco que la sangre de sus santos mártires podía casi salpicar al espectador. Al entrar a Un souvenir patriótico –la tercera Caja Negra que realiza Leonel Castañeda–, casi sentimos el olor a descomposición en las imágenes de los cadáveres que encontramos en los escasos metros cuadrados que ocupa esta exposición. En este sentido, al igual que pasaba con la teatralidad del Barroco, la exposición quiere generar una reacción en el espectador, apelar a su emoción y enfrentarlo con una realidad que, aunque sabemos que existe, no solemos ver de forma tan descarnada y directa. En un container negro con una bandera de plomo izada junto a este, en el jardín de la galería El Dorado, se encierra una “cámara de las maravillas” tornada escena, como el artista menciona, del teatro de la crueldad, en su versión más extrema. Lo angosto, la oscuridad y las imágenes de muerte que se vislumbran como en secuencias de pesadilla pesan al mirar, y ese peso rezuma olor a muerte. O así se puede imaginar.

Esta exposición, o dispositivo de memoria, como Castañeda se refiera a ella, tiene unos antecedentes claros. Es la tercera vez que Castañeda abre al público Caja Negra: la primera versión fue Caja Negra Armero, y la segunda, Caja Negra Un aspecto de la violencia. Caja Negra, además de ser un dispositivo que establece una relación entre contenedor y contenido, hace referencia a la caja que recoge la información previa a una catástrofe. En este sentido, Castañeda trabaja con acontecimientos concretos de la historia de Colombia que nos hablan de la violencia que la recorre. Nos habla de la violencia oficial pero también de la soterrada, aquella que se ejerce de manera indirecta sobre el pueblo sin que esta sea evidente a primera vista. Aunque el ambiente es envolvente y no tiene fisuras en cómo está logrado, dentro del container hay dos acercamientos a los temas que trata Castañeda, como si nos enfrentáramos a los dos lados del cerebro. Una parte es sugestiva, metafórica y discursiva, un lado más conceptual que muestra el proceso de trabajo y exhibición de la bandera de plomo que explora esta como símbolo patrio. En el 2016, coincidiendo con el plebiscito, y en el marco del proyecto Re: Bandera de la Fundación Más Arte más Acción, se izó frente al Centro de Paz, Memoria y Reconciliación. Este trabajo logra con algo tan sencillo como una bandera hecha en plomo, en vez de en tela, hablar de la esclerosis e imposibilidad de un Estado que no quiere deshacerse de la guerra, pero también del plomo que conlleva el conflicto mismo y las muertes que este provoca. Es una bandera de muerte, y aunque no veamos ningún cadáver, esta idea pesa sobre el acto absurdo de izar una bandera de plomo que nunca va a poder ondear. Encontramos también collages que mezclan imágenes de la Historia del Arte con disecciones y pornografía; reconocemos atisbos de la Libertad guiando al pueblo intervenida por el artista con la bandera de la guerra a muerte de Bolívar y una imagen renacentista de la Piedad de Cristo con las vísceras hacia afuera, como si estuviéramos asistiendo a su autopsia. La otra parte es la que carga el hedor de esta autopsia que el artista hace de la sociedad, de la política, del Estado. Es la parte más confrontante, punzante y paralizante, es como un golpe de náusea a nuestra sensibilidad burguesa. Por medio de un archivo de fotos muestra imágenes de cadáveres masacrados provenientes de distintos libros sobre la violencia en Colombia. Para Castañeda, mostrar estas imágenes es muy necesario, ya que son parte de la realidad que no podemos negar, una realidad que él se empeña en mostrarnos una y otra vez de distintas maneras. Es esa autopsia mencionada arriba: conocemos la muerte, pero por qué no mostrar el por qué se produce y qué revela del contexto en que aconteció. Hay otra intención detrás de mostrar esta colección de imágenes. A lo largo de la investigación, Castañeda se ha topado con libros acerca de la violencia en Colombia que en sus distintas ediciones van modificando la forma en que se hace uso de las imágenes. Al mostrar y ordenar este archivo personal, Castañeda nos habla también de la idea de la edición como acto político, que a su vez forma parte de una de las líneas de investigación del coleccionista José Darío Gutiérrez. Desde el principio de su trayectoria, Castañeda ha trabajado obsesivamente acerca del cuerpo, primero al ser consciente del suyo propio, después, tratando la huella que deja en el mundo, y en los últimos años, quizás culminando con esta exposición, nos habla de un cuerpo y un dolor, no solamente físico, sino también social y colectivo que no podemos seguir ignorando.
CARIDAD BOTELLA
