La retrospectiva de Jorge Eduardo Eielson en el MALI es una apuesta por establecer su lugar precursor en el arte contemporáneo peruano. La muestra remarca sus enormes capacidades creativas, que lo sitúan como el artista más importante en el tránsito del arte moderno al contemporáneo en Perú. La notable curaduría de Sharon Lerner y Gabriela Rangel sigue el trayecto creativo de Eielson, dando cuenta de la manera en que acogió las apuestas del arte moderno para replantearlas en términos contemporáneos.
La exposición recorre este derrotero creativo tomando como pauta sus series más destacadas, en las que se evidencian sus distintas preocupaciones formales, conceptuales y temáticas, relativas a la historia del Perú (los quipus y las pinturas con iconografía prehispánica), la geografía peruana (los paisajes de la costa) y las prácticas experimentales (performances y acciones poéticas).

La curaduría hace patente el esfuerzo de Eielson no solo por indagar las posibilidades que los medios artísticos tradicionales ofrecían, sino por trascender sus límites, enlazando diversos medios (pintura, escultura, performance, objeto, música, etc.) y transitando entre distintos ámbitos artísticos (artes visuales, literatura, teatro, poesía, música, etc.), consignando así su inquieta imaginación y apertura hacia los nuevos desarrollos artísticos.
Estos intercambios son evidentes en la serie de quipus, una de sus más conocidas. Por un lado, subyace en ella un interés por la superficie pictórica –que impulsó la pintura abstracta– vía la manipulación de Eielson de los lienzos, que enrosca y anuda. Asimismo, al usar telas de distintas texturas, colores y patrones, Eielson genera formas e imágenes ajenas a aquellas de las tradiciones de la pintura. Por otro lado, hay una preocupación escultórica, vía la volumetría producto de sus manipulaciones, pero también una implícita idea de proceso, relativa a las acciones que dieron lugar a estas piezas (torcer, enrollar, anudar, tensar) y, por extensión, un interés de guiño performático que pone la atención sobre el cuerpo que realizó dichas acciones.
Un ejemplo de ello es Proliferazione (1993), obra formada por una tela de colores anudada y enroscada sobre sí misma que yace sobre una silla, operando una analogía del cuerpo humano, tanto por el laborioso proceso de enrollado como por su escala y posición con respecto a la silla.
Estos intercambios entre distintas formas artísticas son también notorios en la serie de paisajes de la costa desértica peruana: Paisaje infinito de la costa del Perú. Estos cuadros, que se caracterizan por su fuerte carga matérica y sus rugosas texturas, parecen herederos del informalismo europeo de mediados del siglo XX. Sin embargo, Eielson lleva esa referencia eminentemente abstracta hacia la figuración: se trata de paisajes. Aunque, de hecho, el artista juega en estas obras con la idea de representación, no-representación y presentación. Así, Poema (1977) es a la vez una representación de la orilla del mar, una imagen abstracta (no-representación) y una presentación de esa orilla, por cuanto está hecha con arena de playa. Pero además aparece la palabra “poema” escrita sobre esa arena, abriendo así todo un universo de posibilidades lingüísticas (¿opera esta palabra como un sustantivo, dando título al cuadro, o es una metáfora sobre la playa?). Una obra como esta articula las preocupaciones de la pintura moderna, las exploraciones del conceptualismo y los juegos de la poesía experimental.
Eielson no solo reelabora las formas artísticas de su tiempo, sino que indaga sobre lo histórico y lo arqueológico, como puede verse en la serie de cuadros realizados a partir de iconografía prehispánica. Ceremonia ancestral I (1985) presenta la escena de una suerte de parto ritual, cuyos extraños personajes permiten tender un puente entre las formas premodernas y un trabajo pictórico que toma de lo moderno y se orienta a lo contemporáneo. Además, en esta serie de obras también se manifiesta un especial sentido gráfico por parte del artista, evidente en la síntesis de sus formas, propias del diseño, como puede verse en el cuadro Autorretrato definitivo (1985).
La actitud experimental de Eielson se reafirma en las instancias de performance que son mostradas a través de documentación, registros fotográficos y maquetas, como en El cuerpo de Giulia-no (1972) e Interrupción (1988). Esta serie de obras pone en evidencia una apuesta por un arte efímero y sin consideraciones de mercado, en donde lo que prima es una vocación experimental, algo que también puede verse en las acciones poéticas y las obras recogidas bajo el término “poesía expandida”, como sus poemas auditivos e imágenes verbales y visuales.
La retrospectiva del MALI cimienta la figura de Jorge Eduardo Eielson como un artista comprometido con la exploración y la expansión de las posibilidades creativas, que en su búsqueda y diálogo con otras formas creativas, no solo se labró un lugar para sí mismo en la historia del arte peruano sino que supo abrir caminos para los artistas que lo sucedieron, generando así las condiciones de su enorme trascendencia.
MAX HERNÁNDEZ CALVO
