Historias de la sexualidad

Maria Auxiliadora. Três mulheres (Tres mujeres), 1972. Guache y pasta de poliéster sobre lienzo. 46 x 61 cm (18 7⁄64 x 24 1⁄64 pulgadas). Acervo MASP.

Colectivajun 2018 - ago 2018· Por Alessandra Simões

Historias de la sexualidad

Museu de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand (MASP)

La sexualidad siempre tuvo un papel significativo en el imaginario cultural colectivo. Más que la representación del cuerpo en el arte, el tema revela asuntos sociales y políticos complejos. La exposición Historias de la sexualidad, en el MASP, presentó un panorama extenso del tema en un momento pertinente al debate en Brasil, donde episodios recientes pusieron en primer plano asuntos relativos a la sexualidad y a los límites entre derechos individuales y libertad de expresión, en medio de choques públicos, protestas y violentas manifestaciones en los medios de comunicación social.

La curaduría fue de Adriano Pedrosa, director artístico; Camila Bechelany, curadora asistente; Lilia Schwarcz, curadora adjunta de Historias; y Pablo León de la Barra, curador adjunto de Arte Latinoamericano, todos ellos en esas funciones en el MASP. La muestra cruzó temporalidades, geografías y diversos lenguajes. Fue fruto de un largo e intenso trabajo, del que hicieron parte dos seminarios internacionales realizados en septiembre del 2016 y en mayo del 2017. Se insertó en una programación anual del Museo totalmente dedicada a las historias de la sexualidad, que en el 2017 incluyó muestras individuales de Teresinha Soares, Wanda Pimentel, Miguel Rio Branco, Henri de Toulouse-Lautrec, Tracey Moffatt, Pedro Correia de Araújo, Guerrilla Girls y Tunga.

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Jean-Auguste-Dominique Ingres. Angélica acorrentada (Angélica encadenada), 1859. Óleo sobre tela. 100.5 x 81 cm (39 9⁄16 x 31 57⁄64 pulgadas). Acervo MASP. Crédito: João Musa.

La iniciativa del MASP articula arte y sexualidad como manera de estimular la comprensión de los procesos que envuelven tanto la producción de las imágenes artísticas como los discursos que se producen a partir de ellas, especialmente respecto a la constitución de identidades sexuales y de género. Leer imágenes partiendo de este sesgo fue un poderoso ejercicio de disfrute de un panorama de trescientas obras reunidas en los siguientes núcleos temáticos (y no cronológicos): Cuerpos desnudos, Totemismos, Religiosidades, “Performatividades” de género, Juegos sexuales, Mercados sexuales, Lenguajes, Voyerismos, Políticas del cuerpo y Activismos.

Algunas obras de artistas centrales de la colección –como Edgar Degas, Maria Auxiliadora da Silva, Pablo Picasso, Paul Gauguin, Suzanne Valadon y Victor Meirelles– fueron expuestas en nuevos contextos, encontrando otras posibilidades de comprensión y lectura. A su lado, una selección de trabajos de diferentes formatos, períodos y territorios posibilitó historias verdaderamente múltiples, que desafían jerarquías y fronteras entre tipologías y categorías de objetos de la historia del arte más convencional: del arte precolombino al arte moderno, del llamado arte popular al arte contemporáneo, del arte sacro al arte conceptual, incluidos arte africano, asiático, europeo y de las Américas, en pinturas, dibujos, esculturas, fotografías, fotocopias, videos, documentos, publicaciones, entre otros.

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Egon Schiele. Autoretrato nu (Autorretrato desnudo), c. 1910. Acuarela y carboncillo sobre papel kraft. 45 x 25.5 cm (17 23⁄32 x 10 3⁄64 pulgadas). Colección MAC USP (Commodatum con la Asociación Cultural de Amigos del Museu Lasar Segall / Propietário: Robert Schwarz). En “Homenaje de Käthe y Johann Schwarz”. Crédito: Jorge Bastos.

Muchas de esas obras explicitaron cómo, en el transcurso de la historia del arte occidental, los cuerpos femeninos fueron un tema recurrente a partir de la mirada masculina sobre la imagen idealizada de la mujer. Las pinturas Angélica encadenada, de 1859, de Jean-Auguste Dominique Ingres, y Moema, de 1866, de Victor Meirelles, presentes en el núcleo Cuerpos desnudos, revelaron cómo la llamada “historia universal del arte” solidificó el retrato de la sumisión femenina en una mirada tirana masculina, aunque bajo la vestidura de la alegoría y del “género desnudo”, este, por cierto, hasta entonces exclusivamente femenino.

Es preciso recordar que históricamente a las mujeres les fue prohibido el acceso a la práctica del dibujo con modelo desnudo, base de la enseñanza académica durante siglos. Al final las artistas debían ser controladas de alguna forma, y se les prohibió estudiar arte fuera del contexto estético doméstico. Decoración de interiores, arreglos florales y tocar el piano eran prácticas más “femeninas”.

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Graciela Iturbide. Magnolia con espejo, Juchitán, 1986. Impresión sobre papel plata/gelatina. 51 x 40.5 cm (20 5⁄64 x 15 15⁄16 pulgadas). Cortesía de la artista y Throckmorton Fine Art.

Ese panorama comienza a cambiar con el paso del siglo XIX al siglo XX. El Autorretrato desnudo, de 1910, de Egon Schiele, señaló el advenimiento del modernismo, que trajo en su bolsa transformaciones de paradigma, aunque algunos artistas todavía retratasen burdeles y prostitutas a partir de una mirada significativamente masculinizada. Schiele se mostró como un caso emblemático, toda vez que su repertorio, marcadamente erótico, abarcaba la sexualidad y el género a partir de un punto de vista totalmente inusitado para su época. Bajo la aparente subjetividad excéntrica de sus imágenes se expresa un punto de vista bastante único respecto a lo híbrido de los géneros, que vendría a convertirse en debate apenas en el escenario contemporáneo. Schiele parecería estar antecediendo los debates que acontecerían muchas décadas después, especialmente bajo la óptica de la teoría poscolonial en el arte contemporáneo.

Fue exactamente a partir de esa nueva mirada, abriéndose a las prácticas artísticas que surgieron fuera de Estados Unidos y de Europa, especialmente las del Medio Oriente y las de América Latina, que las discusiones sobre el feminismo y la teoría de género desbordaron fronteras conceptuales estrechas para abordar una comprensión de la diversidad sexual de manera cada vez más plural y menos estereotipada. Ese panorama acabó generando la teoría queer respecto al transbordo de las identidades de género que marca no solo los discursos académicos, sino también el campo de las artes.

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Eisen. Dia de Ano Novo (Día de Año Nuevo), 1835. Xilografía en papel. 16.5 x 37.6 cm (6 1⁄2 x 14 51⁄64 pulgadas). Crédito: Ronin Gallery / NY, NY.

Varios artistas contemporáneos partieron de esos nuevos principios para deconstruir las nociones esencialistas de género, elaborando una interesante y compleja relación entre prácticas artísticas y discusiones postidentificativas. Varias obras presentes en la muestra expresan ese modo de ver. Sin título (gay), de la serie Individuos sordos, del estadounidense Dean Sameshima, hace parte de su conjunto de fotografías que componen un “país de las maravillas” permeado por cuerpos masculinos desnudos. La foto Movimiento de Arte Porno - Performance en la playa de Ipanema, de 1981, documenta la acción del artista brasilero Eduardo Kac, parte de un movimiento carioca de arte experimental que propuso un intervencionismo programático, por dos años, con diversas intervenciones públicas y publicaciones que proponían el “Pornismo” (lo pornográfico) como un movimiento poético.

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Dean Sameshima. Sin título (gay), de la serie Caras Surdos (Individuos sordos), 2003. Tinta Jato sobre papel. 31 x 24.5 cm (12 13⁄64 x 9 41⁄64 pulgadas). Colección privada. Cortesía: Proyectos de Peres, Berlín.

Las asociaciones temáticas heterodoxas se tornaron recurrentes. La fotografía Magnolia con espejo, Juchitán (1986), de la artista mexicana Graciela Iturbide, presenta la tipología de género a partir de una perspectiva inusitada etnoartística. La foto Gaye con hojas Gu (2015), del brasilero Ayrson Heráclito, retrata lo ancestral afrobrasilero por la belleza de un cuerpo masculino semidesnudo, negro, cuyo sexo está encubierto por plantas de fuerte simbología religiosa. La conexión entre sexualidad, cultura marginal y violencia se puede ver en la obra del colombiano Miguel Ángel Rojas. En su obra David, alusión a Miguel Ángel, la fábula del joven que derrota al gigante se transcribe en un soldado que pierde una pierna a causa de una mina remanente de la guerra. El artista convenció al soldado de que posara desnudo para la fotografía, problematizando el prototipo de belleza clásica, que en esta obra se traduce en la extraña tristeza del joven con su belleza robada.

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Miguel Angel Rojas. David, 2005. Impresión digital sobre papel. 200 x 100 cm (78 47⁄64 x 39 3⁄8 pulgadas). Cortesía del artista y Sicardi Gallery.

La exposición destacó, sobre todo, que no hay verdades absolutas o definitivas en cuanto al tema de la sexualidad. En muchas naciones europeas o indígenas, por ejemplo, es natural la desnudez en lugares públicos; la poligamia se volvió costumbre en algunos países islámicos; la prostitución pasó a ser práctica legal en determinados sitios y está condenada en otros; hay países donde el aborto es legal y en otros está prohibido. Hasta el concepto de infancia ha cambiado a lo largo del tiempo, así como las normas de especificación etaria. Con las subjetividades libertarias, los artistas probaron que las fronteras de lo que es moralmente aceptable cambia con el tiempo y el lugar. Fue lo que reveló la obra Guanaroca (Esculturas rupestres) (1981), de Ana Mendieta, al referirse a las vulvas totémicas de la prehistoria. O también el grabado japonés Día de Año Nuevo (1835), de Eisen, un exponente del estilo oriental de este arte en el que el sexo se retrataba explícitamente.

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Ayrson Heráclito. Gaye com folhas Gu (Gaye con hojas de Gu), 2015. Impresión digital con pigmento mineral sobre papel. 195 x 100 cm (76 49⁄64 x 39 3⁄8 pulgadas). Cortesía: Portas Vilaseca Galeria.

Con la iniciativa de discutir el tema de la sexualidad, el MASP valida la necesidad de crear espacios para un diálogo en el cual creencias, prácticas y orientaciones políticas puedan convivir. La muestra Historias de la sexualidad reafirmó el respeto hacia el otro, la diferencia y la libertad artística. Rompió lo natural de la mirada y los discursos sobre el arte occidental, de manera que temas tabú, como el sexo, puedan ser comprendidos más allá de sus estigmas morales. En fin, por otro modo de ver.

ALESSANDRA SIMÕES

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