Exposición Individualjun 2018 - ago 2018· Por Alessandra Simões

Helena Trindade

Paço Imperial

Signos visuales y lingüísticos que se concentran en la materialidad de la letra, en la tensión entre lo enunciable y lo visible. Estas son las marcas del trabajo de la artista Helena Trindade, como se puede ver en la exposición A letra é a traça da letra (La letra y la traza de la letra), en el Paço Imperial de Río de Janeiro. La exposición comprueba que la genealogía de la obra de esta artista se origina en la relación entre imagen y palabra, de manera diferente a la tradición ya enraizada desde el modernismo.

Con curaduría de Glória Ferreira, la muestra presentó 45 obras, entre objetos, instalaciones, fotos, esculturas, videos y performance (en el día de la apertura), que ocuparon las cuatro salas del tercer piso de la institución. Los trabajos, la mayor parte de grandes dimensiones, eran inéditos. La exposición también dio nombre a una de las instalaciones, compuesta por el trabajo Alfabeto polilla, invención de un alfabeto autorreferente (no corresponde a ningún otro conocido) con teclas de máquinas de escribir borradas, y por un diccionario etimológico perforado por la artista, al modo de las polillas, con pequeños tipos de máquinas de escribir.

Exposición Individual: Helena Trindade — imagen 1
Helena Trindade. A Letra é a Traça da Letra (La letra y la traza de la letra), 2018. Diccionario con tipos de máquinas de escribir. 20 x 30 x 10 cm. (7 7/8 x 11 13/16 x 3 15/16 pulgadas).

Las obras dialogan con la fuerte tradición brasilera de la Poesía Visual, campo con el cual la artista trabaja desde la década del 90. “Existe en el movimiento que genera el lenguaje un trabajo perpetuo de rearticulación que problematiza el asunto del origen, una vez que en ese proceso no se produce nada que no sea por la transformación”, aclara Helena Trindade. Son muchas las letras y los abecedarios presentes en las diversas instalaciones de la exposición. “Alfabetos latinos sin ser segmentados, sino en proceso de constante construcción, destrucción y reconstrucción. Los trabajos se remiten unos a otros y establecen un amplio campo de Poesía Visual”, explica la curadora Glória Ferreira.

Pese a la fuerte relación entre letra e imagen, es posible notar en el trabajo de Helena un salto hacia la dimensión espacial, en un sesgo inusitado entre arquitectura, cuerpo y palabra. En las paredes, el Alfabeto polilla está dispuesto como en un cuaderno de caligrafía. “Sin código, dialoga con la destrucción del muro del lenguaje por el virus en la primera instalación y con la presentación de cosas del amor y del deseo en las otras salas. Remata el encadenamiento dinámico de todos los trabajos, aunque de manera provisional, puesto que el proceso de la artista avanza, retroactúa y se transforma, con la invención de un nuevo alfabeto”, resumió la curadora.

Cuatro grandes instalaciones, concebidas como poesías visuales, abordan diferentes aspectos del funcionamiento del lenguaje, por medio de imágenes, letras y sonidos. Cada una de ellas posee elementos que remiten a las instalaciones siguientes. Y el público interactúa con algunas de las obras. La instalación (a)MURO, donde está un gran muro construido con esténciles de letras, por ejemplo, trata de comprometer el cuerpo de las personas en el bosque de capullos, que debe ser atravesado para tener acceso a la sala siguiente. En esta instalación, las personas se recuestan en elementos de papel y línea de encuadernación, de formas orgánicas, moviéndolos y, ocasionalmente, alterando esas formas.

El asunto del tiempo y del cuerpo también está presente en el video D´Écrit x Des Cris (Escritos y Gritos), con la colaboración de Ana Kfouri, donde el cuerpo aparece siempre por pedazos o por medio de sombras y de gritos. En la instalación (A)MOR hay un video díptico que consiste en dos videos proyectados en el piso de la sala, que cuestionan momentos diversos del afecto amoroso. Un video es dinámico y vertiginoso, con música electrónica. El otro es plácido y suave, con música de la Grecia antigua. La propuesta era que las personas pasaran entre el espacio de esos videos, proyectando sus sombras y dejándose “bañar” por las imágenes.

La instalación Medida de todas las cosas se compuso con veinte objetos que remitían también al cuerpo y a la letra, en la forma de utensilios, libros, juguetes, y otras cosas que se transmutan en obras de arte al depender de la revisión y el deseo del espectador; trabajos intensos e instigadores que se relacionan entre sí por la letra, por la presencia y por el lugar desde donde hablan al otro.

Para Helena Trindade, “la letra es un ´pre-texto´ para un juego poético”. “Lo poético de la letra acontece en un intervalo de indeterminación, en la misma laguna, entre lo decible y lo visible. Es el trabajo de la plasticidad de la letra con la imagen lo que abre un texto para lecturas ilimitadas. En la unidad formal mínima de la letra, las palabras quedan detectadas antes de ser significantes”, finaliza Trindade.

Si para el arte moderno la conexión entre arte y palabra se dio principalmente por el sesgo de la interactividad formal, como hicieron Picasso y Magritte, en lo contemporáneo esta relación ganó los caminos de una fenomenología estética más profunda. Como muestra el trabajo de Trindade, arte y vida se confunden. De esa fusión, la palabra participa como un elemento visual cargado de significados latentes, aunque como escritura, y no ya como simple complemento de la imagen. Está definitivamente incorporada a las artes visuales como un recurso expresivo visual y signo, esto es, el rechazo posmoderno de la subordinación del uno al otro.

ALESSANDRA SIMÕES

Helena Trindade, por Alessandra Simões | artnexus