Exposición Individualjun 2018 - ago 2018· Por Alejandra Villasmil

Gerardo Pulido

Museo de Artes Visuales – MAVI

Para su última exposición en el Museo de Artes Visuales (MAVI), Gerardo Pulido (Chile, 1975) ha creado una suerte de recorrido mental, material y sensorial por lo más reciente de su producción artística. De partida, porque con el diseño expositivo ha querido establecer una especie de ruta lúdica, por la amplia diversidad de soportes, medios y formatos que ha venido utilizando en su obra durante los últimos cuatro años, desde pequeñas esculturas que se nos antojan que son maquetas de proyectos de mayor escala aún por realizar hasta sus fotografías digitales –registros de estos mismos objetos–, pasando por intervenciones en los muros y volúmenes construidos con material de desecho de apariencia precaria.

El título de la exposición, Pictogramas, alude sin duda a esa condición gráfico/pictórica presente en toda la obra de Pulido, pero también a una suerte de “escritura torpe” que se encuentra oculta, susceptible de ser descifrada, en las piezas seleccionadas para esta muestra. También refiere al “lenguaje inacabado” propio de la experimentación en el taller y a una codificación personalizada de los métodos manuales y/o artesanales de producción –el oficio– que están imbuidos del carácter material de estos nuevos trabajos. Pulido no tiene pudor con esto. Él mismo se refiere a estas obras como “algo toscas, como si fuesen bocetos de algún proyecto mayor, maquetas de una edificación delirante, inviable”.

Exposición Individual: Gerardo Pulido — imagen 1
Gerardo Pulido. Altar (a F. L. W.), 2017. Óleo, acrílico y pintura en aerosol sobre cartón corrugado y cartón panal. 150 x 182 x 160 cm (59 1⁄16 x 71 21⁄32 x 62 63⁄64 pulgadas). Foto: Sebastián Mejía.

Lo artesanal, lo infantil y lo primitivo son ensalzados aquí por Pulido, desdeñando las connotaciones peyorativas que estos términos han asumido en el tiempo, para asumirlos como virtudes y rasgos distintivos frente a las llamadas bellas artes, o high art. De hecho, el parecido de estas piezas con algunos objetos subestimados por ser “artesanías” vuelve particularmente incómoda esta exposición, que de manera táctica se dispone a un lado del Museo Arqueológico que alberga el MAVI.

Lo que transmiten casi todas estas obras es un impulso sensorial, un deseo febril y espontáneo de romper ciertas reglas, si es que alguna vez las hubo. Pero lo que pareciera un juego de combinaciones infinitas de materiales y formas es caso serio para Pulido, pues sabe muy bien dónde y cómo hacer encajar cada uno de los elementos de sus composiciones para hacerlas funcionar: dónde esparcir la purpurina; cómo alcanzar el equilibrio de un vaso plástico sobre una lata de gaseosa sobre palitos de maqueta; cómo domar el cartón corrugado; dónde situar los campos de color o aplicar patrones decorativos en todo este sobrecargado collage llamado al simulacro. O como diría el artista en una entrevista reciente, que “los elementos estén peleando, pero que en esa pelea se estén necesitando”.

Pulido hace con lo que tiene a mano, con los desechos de su casa o de su taller, aunque con esto también es selectivo. No sólo lo atraen las formas o se deja llevar su accesibilidad a casi cero costo; además hay algo que estos materiales evocan a nivel personal, o en vinculación con sus intereses como profesor, escritor e investigador. El conjunto de esculturas, que reposan sobre plintos de cartón que son parte constituyente de la obra –algunos pintados como meras falsificaciones de superficies de mármol–, rinde un homenaje a la abstracción de las vanguardias del siglo XX (una serie, Cartas, incluso cita directamente los Bichos de Lygia Clark); pero también se cuelan aquí otros imaginarios que resuenan fuertemente en el artista –el de los juguetes o el del cine de ciencia ficción–, lo que lleva a estos trabajos a asemejarse tanto a naves espaciales como a manualidades escolares y esculturas modernistas.

La exposición está además atravesada por una condición propia de sus componentes: la fragilidad. Como en el modernismo temprano, Pulido entiende estos trabajos más para ser vistos que para ser manipulados, pese a que sus composiciones caóticas, texturas y colores excesivos más bien nos invitan a tocar. Esta distancia entre objeto y espectador la enfatiza con la serie de protecciones (barreras por demás frágiles) diseñadas y realizadas por Rodrigo Canala, artista con el que comparte desde años en la iniciativa Taller Bloc. Son como garabatos de barrera, casi un chiste, y eso es lo que las hace precisamente encantadoras.

Con estas obras, Pulido se acerca a los terrenos de lo afectivo y lo genuino, del gesto espontáneo y desinteresado, alejado de ciertas fórmulas preestablecidas y ciertos requerimientos de rentabilidad, durabilidad y éxito esperados por el mercado. Un trabajo honesto, abierto, con un potencial siempre expansivo, de infinitas combinaciones y piruetas, como las que disfruta el artista durante el propio acto creativo.

ALEJANDRA VILLASMIL

Gerardo Pulido, por Alejandra Villasmil | artnexus