Comencemos por recordar que a lo largo de los años, el maestro Francisco Toledo no ha sido muy afecto a que se escribiera acerca de su trabajo sin que él lo revisara. Con el gran respeto que se merece, este análisis de su exposición Autorretratos recientes no ha llegado a manos del artista. Es una nota que analiza la magna exposición en Latin American Master Gallery. Antes de que quien esto escribe llegara a ver la exposición, ya me habían llegado numerosos comentarios de un importante conjunto de conocedores y admiradores de la obra toledana. Considerar que la presentación se centra en un tema es un elemento más de incitación a visitarla. Tal es lo que sucedió, dado que el maestro Toledo no asiste a sus inauguraciones ni a actividades sociales. Quienes han tenido la oportunidad de conocer al artista personalmente han experimentado un especial trío de cálidas expresiones que lo caracterizan: una cierta exteriorización de sorpresa y de “no sé” se unen a la sonrisa y a un encogerse de hombros.
Las pinturas en esta exposición incluyen autorretratos frontales, varios de ellos centrados en el soporte, que es tanto tela como papel. Dicho esto, Francisco Toledo presentó también varias piezas en otro tipo de composiciones. Unas pinturas tienen craquelados que generan texturas como lo único que acompaña a la figura. En otras, el artista trazó una cuadrícula que permite que la geometría aparezca en estos autorretratos como pares de opuestos en relación con lo orgánico del tema convocado. De cuadrícula a cuadrado hay un paso; Francisco Toledo lo toma para encerrar el rostro, para desviarlo hacia el rombo, el cual apunta a una dinámica que desestatiza la presentación de encierro del cuadrado. Y el siguiente paso es la máscara, como elemento independiente, como de un viajero a través del tiempo.

Los grandes maestros han desarrollado estilos y a lo largo de los años han plasmado características personales en sus obras. No muchos de los artistas establecidos que siguen produciendo continúan aportando soluciones diferentes en sus obras. Toledo trabaja incansablemente y no cesa de introducir nuevas direcciones. Recientemente se presentó en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) una exposición de lo que este artista ha realizado en el terreno del diseño. Una exposición íntima a la par que poderosa en el área que Francisco Toledo enfoca con vectores muy personales, como lo hace en las otras disciplinas. En ese sentido, el caso Francisco Toledo es indiscutiblemente uno de los más singulares. La exposición Autorretratos recientes lo confirma una vez más. La obra de Toledo es de una mítica singular. En ese mismo sentido se observan las características que habitan estos retratos. No son psicológicos ni sociales ni… Hay en ellos ecos ancestrales y telúricos, así como de carácter pictórico. En estos espectros se ha movido el artista en la mayor parte de su producción, aunque más allá de la pintura, dado que Toledo ejerce todas las disciplinas, domina todos los materiales y procesos. El autorretrato lo retrata, como se puede decir si uno se refiere a los rasgos fisionómicos. A la par lo envuelve en una masa mitológica y aural que lo aleja de la realidad cotidiana, aunque es una persona intensamente comprometida con la sociedad. En toda la exposición, en California se autodistingue a través de los ojos. Marca su mirada con intensidad. En esta ocasión, los títulos son más personales que en otras obras. Ejemplo de esto es Cara blanca del lado materno, una pintura en técnica mixta de 2017. Más, mucho más de lo que Francisco Toledo suele decir de sí mismo, de su historia personal, o de sus antepasados. El aspecto de las obras es predominantemente más pictórico que dibujístico. Aunque en cierta medida hay un par de retratos que asientan las circunvoluciones ubicadas en la frente y la boca, a la manera de aditamentos precolombinos. Sus habituales círculos laberínticos –como huellas en la tierra– acompañan varios de los autorretratos. A través de ellos y de otros toques múltiples –como triángulos o gomas plásticas–, algunos retratos se animan en esas superficies saturadas. Sus autorretratos se expanden hasta alguno de cuerpo entero y otros de expresivos tres cuartos de perfil gesticulantes.
En cuanto a materiales, se observan plumas y mucílagos de orquídeas –esa sustancia aglutinante que existe en plantas y en microorganismos–, acuarela, témpera y, en síntesis, técnicas mixtas sobre papel y sobre tela. El predominio de colores terrosos y grises está acompañado de alguna obra en azul intenso. En el catálogo se publicó una entrevista1, en la cual el artista dice: “Tengo autorretratos de los cincuenta, cuando tenía catorce o quince años. No recuerdo bien qué me motivó a hacerlos pero tal vez fue la fotografía. Cuando descubrí la obra de don Manuel Álvarez Bravo en un catálogo en la biblioteca de la Escuela de Bellas Artes, me entusiasmé y quise ser fotógrafo. Me tomé fotos a mí mismo en ese momento”.
NOTA
1. Entrevista de Germaine Gómez Haro a Francisco Toledo, publicada en el periódico La Jornada, México, 16 de julio de 2017.
GRACIELA KARTOFEL
