Duván López presenta en el Museo de la Cárcova, en la Universidad Nacional de Buenos Aires, una serie de veinticinco grabados digitales y veinticinco esculturas realizadas en metacrilato que me hacen pensar en los filósofos Deleuze y Guattari cuando les preguntaron sobre ¿Para ellos qué es la filosofía? Y ellos comentaron: “Es el arte de inventar, de fabricar conceptos”.
Si observamos las imágenes de Duván López podemos pensar en una posible referencia lúdica en algunas obras, y en las otras, el tinte dramático. Que tiene eco en la Argentina actual, mientras trata de camuflar la muerte de los desaparecidos con el respetuoso orden cultural. Y Henri Michaux, en un poema, anota sobre ideas de la muerte y la religión:
Principio sin discurso
Principio de todo principio
Retorno al Principio
Que remite a un nivel más allá
Siempre sobre la vibración de lo único
Conciliando con todo en profundidad
En íntima conjunción
Abrazando,
con esfuerzos para abrazar aún más ampliamente
La nube de ser se condensa
Se repliega
Cosmos “Universo”
cosmos del universo del “sí mismo”
Más allá de las geometrías, geometrías
Líneas, como radiaciones aminoradas
Insistentes, clarividentes
Cargadas de oculto
Dibujo para regresar a lo absoluto
Dibujo-destino.

Todos estos interrogantes descienden de las preguntas sin respuestas sobre la religión, que estaban presentes mientras Duván López intervenía en el 2016 la bella capilla San Martí, en Besalú, del siglo XI. El artista buscaba la esencia de lo espiritual en el hombre mismo. De la misma manera como lo hizo mientras realizaba grabados creados en computador.
Duván López en este momento buscaba el énfasis en el proceso de la educación de la humanidad, donde debe haber un espacio para la desintoxicación. Un espejo donde el ser humano pueda verse sin la coraza de la creencia.
Podemos pensar en un recuento de descubrimientos filosóficos y religiosos que han definido el perfil de lo humano en un sincretismo donde existan luz, paz, armonía y ataraxia.
Es universal e inherente la necesidad humana de trascendencia. Y dentro de ese ejercicio vital se encuentra la búsqueda sobre la figura de Dios. Y cada cultura ha construido una imagen de lo inefable que a través del arte ha logrado aglutinar la conciencia de sus gentes y perfilado las costumbres que lo definen. Estas mismas diferencias han sido utilizadas para enfrentar a los pueblos en luchas infrahumanas que han generado genocidios y enormes rupturas en el ámbito de lo humano.
“La capilla de San Martí de Besalú ha conservado sus muros y algunas de mis obras tratan de acercarse al tema de lo sagrado, cuya óptica busca la espiritualidad que cada ser conlleva adentro: en el valor del ser humano”.
En el proceso creativo de estas obras, pensaba en que la libertad tiene nombre propio. En que los nuevos materiales ofrecen un universo más abierto en el grabado y que sigue predominando un aire fresco que se subscribe a la libre determinación. Obras que la gente capta en segundos sobre momentos inéditos que hacen parte de su vida cotidiana. Y al mismo tiempo, otros trabajos representan los códigos más contradictorios de la existencia.
Por eso la serie de los Signos y símbolos es la vida en contravía porque ellos no irrigan la circulación sanguínea. Los códigos, que son convenciones para la supervivencia, se contradicen. Los íconos humanos simbolizan seres en desencuentro, soledad, abandono o al borde del abismo. Otros son imágenes sueltas y abstractas que se acercan al mismo presentimiento de Miró.
Se trata de un ir y venir donde Duván López señala los límites de palabras sin significado ni significante porque son letras sueltas que proponen un lenguaje y no implican comunicación. Son instrumentos sin instrucciones donde el valor no se contabiliza por lo útil. El artista no se propone resolver necesidades, al contrario, las rehúye. Tampoco tiene la preocupación por lo que el hombre teme o anhela. Su recorrido no contempla códigos establecidos. Es un territorio sin explorar a pesar del mundo recorrido: ideas, conceptos sin funciones. También busca lo simbólico que históricamente ubica los acontecimientos colectivos dentro de una unidad respecto al pasado y el presente sin futuro. Es un alfabeto disfuncional que trata de reconstruir la dignidad humana.
ANA MARÍA ESCALLÓN
