Climate Change: Cuba/USA

Exposición Climate Change: Cuba/USA. Obras en Sala, izquierda: Celia y Yunior, derecha: Gléxis Novoa.*

Colectivajun 2018 - ago 2018· Por Dennys Matos

Climate Change: Cuba/USA

Contemporary Art Museum Institute for Research in Art

Muchas fueron las cosas que cambiaron tras el restablecimiento de las relaciones Cuba-Estados Unidos el 17 de diciembre de 2014, sobre todo para la geopolítica cubana y, en consecuencia, para su cultura, sociedad y arte. En conjunto, estos cambios encarnan la realidad de grandes grupos poblacionales que se mueven hoy, con gran facilidad, entre diferentes ciudades y realidades políticas económicas (capitalismo y castrismo). Que entran y salen de Cuba hacia Estados Unidos, y viceversa, sin las restricciones de antaño. Sin estar bajo la carga simbólica de palabras como “dentro” o “fuera”, “extranjero” o “nacional”, “irse o quedarse”, “gusano o revolucionario”. Y esto, claramente, señala un cambio de tendencia en la geopolítica de una isla que comienza a no estar regida ya por la lógica antagónica de sus dos grandes polis, sus dos grandes ciudades-Estado.

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Gléxis Novoa. Timba, 2017. Grafito en mármol de Carrara (mármol recuperado de La Habana). 35.5 x 40.6 cm (14 x 16 pulgadas).*

Climate Change: Cuba/USA, curada por Noel Smith, tiene de leitmotiv esta nueva realidad y hace emerger dos perspectivas discursivas en el planteamiento de estas problemáticas. Dos perspectivas marcadas, sobre todo, por la procedencia generacional de los artistas. Una formada por Gléxis Novoa y Tonel, de la generación de los años 1980. La otra expresada en las obras de Celia y Yunior y Javier Castro, artistas cuyas obras emergen pasada la primera década del siglo XXI. En el primer caso, la perspectiva discursiva sobre la problemática de la exposición tiene marcado el componente crítico sociopolítico e ideológico, que tanto interesó a la vanguardia artística de los años 1980. Una vanguardia que contestaba a una educación artística bajo los enunciados políticos culturales de la Revolución, donde el arte debía ser algo socialmente útil para la sociedad.

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Antonio Eligio Fernández (Tonel). Hacer arte no debería ser caro, 2012-2017. Madera, cartón, vidrio, plástico, cuero, ladrillo, tinta, pintura acrílica. Dimensiones variables.*

Las obras de Gléxis Novoa están desplegadas en la sala como una especie de gran instalación articulada por pinturas, grafitos sobre mármol carrara o granito, banderas, fotografías, pósteres. Entre todas escenifican un relato donde reflexiona sobre su trayectoria, desde Cuba hasta fijar su residencia en Estados Unidos. Tonel por su parte, despliega también sus obras en formato instalativo con esculturas y dibujos: Hacer arte no debería ser caro, 2012/2017, y Elogio del darwinismo, 2010/2017. En la primera cuestiona –tomando como referencia las figuras del crítico, el curador y el artista– la institución arte y su relación con el capital financiero internacional. La segunda denuncia el triunfo del darwinismo social y la conquista de la sociedad cubana por el dinero. La obra de Novoa disecciona, por un lado, la retórica revolucionaria, los símbolos patrios, para producir un lenguaje heráldico que desnuda y cuestiona las manipulaciones y contradicciones de la ideología y las prácticas revolucionarias. Por otro, sus paisajes en clave poética neofigurativa realista de ciudades futuristas, hechos de grafito, llevan el aliento de mundos utópicos. Paisajes de mundos y vidas (Primero de Mayo, de 2017, y View from Pravda Tower, Havana, de 2017) envueltos en el espíritu de una fantasía que quiso ser, pero que aún no ha sido. Tonel, con una visualidad informalista que recuerda el outsider art, asume el papel del artista y del intelectual como voz crítica. Aquel que desde el espacio público denuncia, por un lado, la decadencia del papel del arte en las transformaciones sociales, víctima de los imperativos del dinero. Por otro, sirve para señalar cómo los imperativos del dinero también acabarán desvirtuando lo que fue el proyecto utópico comunista de la Revolución Cubana.

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Javier Castro. Cuatro Cosas Básicas, 2018. Video instalación con cuatro videos digitales. 6’ 30’’ cada uno.*

Si la discursividad de Novoa y Tonel se inspiran en una visión del arte crítica, consciente de un rol importante en las transformaciones sociales y culturales, la perspectiva de las obras de Celia y Yunior y Javier Castro, en cambio, se abstraen de ese compromiso. La instalación de Celia y Yunior, Varaentierra, de 2017, y Cuatro cosas básicas, de 2018 videoinstalación de Javier Castro, están planteadas desde un posicionamiento artístico que piensa la realidad desde la inmediatez, que dialoga con las expectativas y experiencias más cercanas y personales del artista. Por ello, sus prácticas artísticas pueden inscribirse en la llamada estética relacional, por ejemplo, la videoinstalación de Castro, formada por materiales que el artista desarrolló en su barrio de La Habana Vieja. Son videos que cuentan sobre la cotidianeidad de una población cuya vida diaria es un acto por (sobre) vivir en medio de la marginalidad y la escasez material. Es una contraposición de valores y maneras de ver el mundo, donde se cruzan el contexto familiar del artista, las problemáticas del barrio y, también, las prerrogativas del arte. La instalación de Celia y Yunior simula un nicho, común en el mundo rural cubano, para guarecerse de tormentas y, también, para conservar aparejos de labor. Aquí la construcción tiene el techo de ramos y hojas secas de tabaco. Esta estructura va acompañada con abundante documentación sobre cultivo y comercio de tabaco que, en la segundad mitad del siglo XIX, propició el desarrollo de la ciudad de Ibor City, en Tampa. Industria floreciente también en Cuba en similar período, pero ahora en franca decadencia, recluida a la venta en boutiques como muestra de su grandeza de antaño.

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Celia González y Yunior Aguiar. Varaentierra, 2017. Madera, hojas y tallos de tabaco, tela de paisajismo, vinilo. Dimensiones variables.*

Las perspectivas discursivas de la obra de Celia y Yunior y Javier Castro se desmarcan del relato político social e ideológico que sí está muy presente en las obras de Novoa y Tonel, como también lo estuvo en buena parte de la producción de los artistas de la generación de la década de 1980. Tanto Celia y Yunior como Javier Castro tienden a convertir en material artístico la experiencia de vida, su cercanía con la realidad. Y lo hacen tirando incluso de la biografía personal, pero sin el telón de fondo de los grandes relatos de las doctrinas revolucionarias. La disolución de las referencias a este gran relato de la utopía revolucionaria puede interpretarse como el sentimiento de decepción hacia la promesa de nueva sociedad comunista como el mejor de los mundos posibles.

* Cortesía: CAM USF, Tampa.

DENNYS MATOS

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