Exposición Individualjun 2018 - ago 2018· Por Carlos Jiménez

Beth Moysés

Galería Fernando Pradilla

El título de esta nueva exposición de Beth Moyses en la galería Fernando Pradilla de Madrid tiene un doble sentido. En primer lugar sugiere que ella sigue pensando en Barbara Kruger y su desafiante crítica al patriarcado, a la que rinde homenaje parafraseando Thinking of you, el título de la gran retrospectiva de la artista americana realizada en 1999 en el MOCA de Los Ángeles. Y en segundo lugar nos dice que Beth Moyses sigue pensando en su madre, tal y como lo corroboran las cinco obras dedicadas a su recuerdo, expuestas en una de las dos partes de esta excelente muestra. Obras que traen a la luz la raíz autobiográfica de buena parte de su trabajo artístico, sus motivaciones íntimas, el arraigo en su experiencia vital de su apasionada solidaridad con las mujeres que han sufrido maltratos y padecido la violencia doméstica. Obras que juntas evocan una escena familiar dominada por la ausencia imperiosa de la madre de la artista. En una fotografía a todo color y de gran tamaño sólo se veía su brazo de mujer anciana enmarcado por las blancas sábanas de un lecho, posiblemente de enferma. En otra fotografía se veían dos manos atrapadas en un nudo de tela gris pálido y de tejido grueso, en el que todo intento de esas manos de librarse de él no haría más que apretar aún más el nudo. E igualmente colgaban de los muros del cubo blanco un enorme imperdible de metal, una gran aguja de máquina de coser y un video en el que se veía a Moyses, a su madre y a su hija meciéndose obstinadamente. El centro de la escena lo presidía una máquina de coser antigua –“tanto como mi madre”, según la artista– en la que una mujer cosía uno a uno los cuadrados de gasa blanca, en los que mujeres igual de anónimas habían tejido las iniciales de 1.000 de las mujeres asesinadas en España en los últimos años. La escena era familiar, como ya dije, pero al mismo tiempo estaba transida por una violencia muda, como la que presumiblemente padecieron la madre de Beth Moyses y ella misma, aunque solo fuera por una complicidad no buscada ni deseada con los padecimientos de una esposa y madre en un hogar signado inevitablemente por el patriarcado en un sociedad tan patriarcal como lo sigue siendo la brasileña. Beth Moyses rendía así un testimonio elíptico de que ella no solo está vitalmente concernida por las tribulaciones propias de la condición femenina en el patriarcado sino que también ella confía en las posibilidades de redención de dicha condición ofrecidas por la confesión o exhibición pública de dichas tribulaciones. Y en la capacidad de la máquina de coser, tan femenina, de convertirse en un instrumento de denuncia de estas.

Exposición Individual: Beth Moysés — imagen 1
Beth Moysés. Mil ataduras y La mano de mi madre, 2018. Performance y C-Print en papel Hahnemühle sobre dibond. 110 x 165 cm (43 ¼ x 65 pulgadas). Cortesía de la artista y Galería Fernando Pradilla.

En la otra parte de la exposición podían verse piezas que actualizan la duradera línea de trabajo de Moyses, consistente no solo en propiciar las confesiones sino en incorporarlas a unos originales rituales de sanación destinados a las mujeres refugiadas en casas de acogida de ciudades y países del mundo diversos. Allí se exhibían las fotografías de Casa de acogida (2017) y el video Aguas transitorias (2018). Las primeras mostraban una de las fases cruciales de esos rituales: la escritura en los brazos de las mujeres participantes en estos de frases que dan fe de su liberación: “Ahora tendré el control de mi vida”,”No sabemos de lo que somos capaces hasta que lo intentamos”, “Ahora estoy despierta y no quiero dormir más”, “Cambiare el miedo de mis hijas” o “No quiero más mentiras”.

El video documentaba, en cambio, un tramo del ritual de sanación celebrado este mismo año en João Pessoa (Brasil), en el cual mujeres vestidas con túnicas blancas surcan un río muy caudaloso en dos barcas mientras recogen con tazas agua que vierten sobre sus cabezas. La simbología era tan diáfana como arcaica. El agua ha sido purificadora en muchas tradiciones religiosas, por su capacidad no solo de limpiar al cuerpo sino también al alma, y en la tradición específicamente cristiana obra el milagro del (re)nacimiento: la inmersión en las aguas de un río o su vertimiento en la cabeza de un bebé suponen un nuevo nacimiento, el nacimiento a una nueva vida, la vida cristiana.

Las dimensiones simbólicas del agua, recuperadas por los rituales de sanación gestados por Beth Moyses, así como los rituales mismos, ofrecían en su evidente arcaísmo un agudo contraste con otras dos piezas instaladas en la misma sala. Ambas poderosos íconos de la medicina moderna. La primera, un video que documentaba la circulación por las calles de São Paulo de unas ambulancias cuya incesante sirena alertaba sobre el hecho de que la violencia contra las mujeres es un serio motivo de alarma social. Y la segunda, una Cruz Roja puesta en la ventana significaba “Aquí se cura”.

CARLOS JIMÉNEZ

Beth Moysés, por Carlos Jiménez | artnexus