Con el título Deriva, Ariamna Contino presentó una exposición personal en la Galería Habana, que incluyó varios trabajos individuales realizados en papel calado, junto con algunas de sus habituales colaboraciones con Alex Hernández. Ambos se han dado a conocer como dúo y obtenido aprobación crítica con relativa rapidez. Si el título de su muestra puede hacernos pensar en la situación precaria de Galería Habana tras la muerte de su director de muchos años Luis Miret, Contino ofrece pruebas de que no será por falta de solidez entre sus artistas que la gestión comercial de la galería naufrague. En esta exposición, por ejemplo, la artista combina grácilmente la delicadeza del diseño minimalista de los papeles con el material brutalista por excelencia, el concreto. Podría decirse que con Deriva, Contino busca probar la cercanía conceptual y estética de ambos lenguajes.
La falla de San Andrés enfrenta al espectador una vez entra al espacio; es una escultura de pared compuesta por un bloque irregular de concreto, colocado horizontalmente, y cartulinas cortadas y apiladas sobre este. El bloque en cuestión es largo, pero de escasa profundidad, dando el sentido de un relieve, cuya apariencia tectónica parece aludir a las imágenes de cortes transversales de la corteza terrestre. La falla de San Andrés, que se ubica en el oeste de Norteamérica, une los estados de California, en Estados Unidos, y Baja California, en México. La cartulina está impresa con fragmentos del Nuevo Testamento de la Biblia; se trata de los pasajes en los que aparecen referencias al discípulo de Jesús que dio nombre a la falla. Con esta obra Contino establece, literal y metafóricamente, varias capas de lecturas posibles. Por un lado, al escoger un accidente geográfico que une dos territorios en conflicto (migratorio, al menos), señala la futilidad de la política frente a la fuerza de lo sublime natural, que desde el Romanticismo ha permeado buena parte de las representaciones del paisaje. Al combinar dos materiales asociados con el desarrollo de la civilización occidental (el papel de los libros sagrados y el concreto de las construcciones imperiales desde Roma hasta el presente) para crear una forma irregular, resalta la precariedad de sus cimientos.

Las referencias a las construcciones clásicas toman otro matiz en la serie Juicio de valor. Contino se enfoca en los diseños de planta de estructuras arquitectónicas donde los principios geométricos demandan un acercamiento contemplativo del espectador, muy distinto al aliento monumental de La falla de San Andrés. Las obras de referencia incluyen la cúpula de la Mezquita azul de Estambul, la Pirámide de cristal del Louvre, así como la Villa Farnesio de Caprarola y el Templo funerario de la pirámide de Kefrén. Aquí también Contino alterna papel calado y bajorrelieve en concreto, pero en obras autónomas, independientes entre sí. Traduce al papel calado lo que son formas arquitectónicas reales; y al concreto lo que son registros gráficos de plantas de edificios. La discordancia entre la fragilidad del material (papel) y la perdurabilidad del diseño (el concreto es ya parte del dialecto del arte monumental) se hace más evidente aún. Podría decirse que se trata de un homenaje a la artesanía implícita en el disegno, entendido en el sentido renacentista como el dibujo de una forma ideal trazada mediante estructuras lineales. Por su equilibrio y belleza geométrica, estas formas han sobrevivido los muchos cambios en nuestros juicios de valor y permanecen intactas.
Lo sublime romántico y la línea horizontal regresan con Escuchando el silencio, una instalación sonora de pared en la que una cuerda de piano tensada produce un sonido al ser rozada por una especie de púa de guitarra acoplada a un motor. Contino crea una especie de paisaje acústico casi imperceptible, como los movimientos geológicos que apenas registran los sismógrafos. La cuerda es una sutil metonimia del Romanticismo, si pensamos en el piano como el instrumento musical predilecto del período. Pero también en Eterno retorno, Contino parece interesada en crear resonancias trascendentales que de cierto modo las emparentan a la idea de lo sublime por su vastedad simbólica. Recurre al pequeño formato en dieciséis obras realizadas con papel blanco calado, tomando como referencia imágenes que aluden a la dualidad del inicio y el final. Una brújula marca el Inicio de un camino, que incluye el Cráter del volcán Puyehue, un Iceberg y la Puerta de Brandeburgo. A pesar de su apariencia minimalista por el monocromatismo, los diseños oscilan entre lo esquemático y lo barroco.
Que Contino esté interesada en dicotomías y dualidades no debe sorprender. Al fin y al cabo ella es parte de un dúo en el que probablemente cada problema tenga dos (o más) soluciones, tal y como ocurre con toda experiencia colaborativa. Con Alex Hernández presentó varias obras, entre las cuales destacaba Desobediencia, que formó parte de una exposición anterior en la propia galería, y consistió en la intervención del espacio arquitectónico al transformar una columna cilíndrica en cuadrada.
ELVIS FUENTES
