Vik Muniz, radicado en Nueva York hace cerca de treinta años, es uno de los artistas brasileros más reconocidos en el escenario internacional. Se destacó principalmente al final de la década de los 80 a través de sus imágenes, formadas a partir de composiciones con materiales poco usuales y considerados menos “nobles”, como azúcar, kétchup y hasta polvo, que él fotografía y expone con títulos referentes a las sustancias empleadas, casi siempre perecederas. Este expediente de la nominación acaba por dirimir las dudas sobre lo que se ve, revelando la traducción de la imagen en sus etapas de elaboración: de la fotografía a la reconfiguración, de la reconfiguración al registro fotográfico de la composición reeditada. En el centro de su poética está la investigación sobre la percepción de la imagen, lo que implica la memoria y los conceptos que construimos a partir de la cultura visual a la que estamos expuestos. ¿Qué es lo original? ¿Qué es la copia? En esta operación, el artista echa mano de varias técnicas, que van del dibujo a la pintura, la fotografía, el grabado y el earthwork. Este juego entre percepción y hecho artístico causa un extrañamiento que es, según el mismo artista, el eje de todo cuestionamiento y, por lo tanto, de la formación de un juicio crítico no solo del arte, sino de la propia vida, de nuestras experiencias diarias y cómo las procesamos.

Handmade, su individual en la filial carioca de la Galería Nara Roesler, fue presentada por primera vez en el 2016, en la sede paulista. Entretanto, la edición de Río, en cartelera entre noviembre del 2017 y febrero del 2018, cuenta con trabajos inéditos producidos especialmente para esta oportunidad. Estas nuevas adiciones están dotadas de un carácter algo “brechtiano”, en el que el proceso de factura es más patente, aunque el elemento de la ilusión insista en permanecer, colocando en jaque la línea tenue que separa la realidad y la representación. Luisa Duarte, en el texto de presentación de la serie, vaticina que “Handmade retrasa la constante preocupación del artista por trascender las dimensiones simbólicas de la imagen”. Diferentes de los trabajos que lo hicieron conocido, aquí no son las imágenes de universos pop, de los media o de la historia del arte que Vik Muniz retrabaja y resignifica, como hizo, por ejemplo, con la medusa de Caravaggio, traducida en espagueti y salsa (Medusa marinara, 1988), o con las imágenes de celebridades, como el ícono de Marilyn Monroe (Marylin Monroe, pictures of Diamonds, 2004). La muestra actual está enteramente compuesta por creaciones abstractas que piden otro tipo de degustación, más afecta a los materiales en sí y a las técnicas exploradas, sin establecer un diálogo con imágenes originarias de otros medios y otros creadores, apropiadas por el artista. Se trata de composiciones que colocan el proceso de Vik Muniz en contacto con otros movimientos de la historia del arte; si las apropiaciones lo aproximaban más al arte pop, aunque se mantuviera el procedimiento artesanal de la manipulación de los materiales, ahora su búsqueda se alinea más con la investigación de la forma pura, de la Gestalt, sin hacer referencia a contenidos previamente elaborados. No hay cómo establecer una línea narrativa, sino que, al contrario, lo que le queda al público es entregarse a la apreciación de formas, texturas, colores y sombras. No deja de ser una celebración del presente, de lo que se construyó en el instante del hacer por parte del autor, y, una vez más, no de la observación retiniana del espectador.
Llama la atención, en la mayoría de las obras de la individual, la limpieza de la composición, con pocos elementos y un algo de minimalismo, en la repetición de formas y en la inclusión del espacio alrededor de estas, dejándolo intocado, pero participante. Un ejemplo es Handmade sin título (yellow blue hashtag), de 2016. Hay aquí un juego conceptual (con un elemento altamente difundido en nuestra cotidianidad), así como en Handmade: Hung, de 2016, nada más que una moldura, un hilo y un clavo. ¿Una moldura colgada fuera de una galería, sería considerada como una obra? Los relieves aparecen, reales o perceptuales, aquí y allí, como es el caso de Handmade: Sin título (Radial cuts over map), de 2017. Ya Handmade: Rayaduras (with Blue Circles), de 2017, dialoga más con su producción anterior en términos del trabajo artesanal involucrado, toda vez que muestra las líneas enmarañadas trazadas a mano por él. Como dato general, todas las obras hacen uso de papel e impresora jet, sumados a otros procedimientos.
Otra característica de esta nueva fase es la prevalencia de las formas geométricas, así como el uso de colores sólidos, en capas. Algunos pocos trabajos incorporan imágenes apropiadas, pero su contenido se usa de una manera bastante distinta de la que acostumbraba caracterizar la producción de Vik Muniz. Handmade representa mayoritariamente esta nueva fase de investigación artística. Es evidente que está surgiendo una pulsión más dirigida al vocabulario plástico del arte que –quizá hasta con una cita de los asuntos modernistas de la autonomía de la obra– se expresa como un guiño en la trayectoria del artista, dándole nuevo aliento.
SYLVIA WERNECK
