Exposición Individualmar 2018 - may 2018· Por Alessandra Simões

Oscar Niemeyer

Pinakotheke Cultural

Destacar el artista y diseñador sin tocar la arquitectura fue el desafío de la exposición Oscar Niemeyer (1907-2012): territorios de Creación que celebró los 110 años del nacimiento del arquitecto en la Pinakothek Cultural de Río de Janeiro. Con un conjunto inédito de dibujos, pinturas, esculturas y piezas de mobiliario hechas por él, la muestra, que tuvo la curaduría de Marcus Lontra y Max Perlingeiro, reunió también obras de artistas que trabajaban con Niemeyer en sus emblemáticos proyectos, como Alfredo Ceschiatti (1918-1989), Athos Bulcão (1918-2008), Candido Portinari (1903-1962) y Roberto Burle Marx (1909-1994).

Exposición Individual: Oscar Niemeyer — imagen 1
Oscar Niemeyer. La luna, 2003 – 2007. Acero pintado. 276.9 x 90 x 25 cm (109 1⁄64 x 35 7⁄16 x 9 27⁄32 pulgadas).

Fueron parte de la muestra pinturas poco vistas, como dibujos figurativos y de arquitectura, además de las famosas siluetas femeninas, temática que habitó por muchas décadas su universo creativo. También se expusieron esculturas creadas a partir de los años 90 y mobiliario hecho en colaboración con su hija Ana María, que desde muy joven trabajó en innumerables proyectos de su padre. Juntos, estudiaron una línea de muebles que fueron producidos en Brasil y en el exterior.

La exposición presentó de manera contundente el panorama sociocultural del que Niemeyer fue uno de los protagonistas. En un escenario donde se disputaban fuerzas antagónicas, como las oligarquías rurales versus la burguesía urbana y el comunismo versus el capitalismo, el arquitecto se tornó símbolo de superación de la dicotomía nacional versus lo internacional presente desde los primeros tiempos modernistas en Brasil.

“Al incorporar soluciones plásticas determinadas por la plasticidad del concreto armado, incorporándole una sinuosidad repleta de dobleces y curvas, de sorpresas y encantamientos, Niemeyer dialoga con el barroco colonial brasilero, pero también con el universo onírico y sorprendente del surrealismo y de varias vanguardias negativas que confrontaron el formalismo positivista del modernismo internacional”, explicó el curador Marcus Lontra.

Para el curador, el conjunto de la Pampulha es marco definitorio en la trayectoria artística de la modernidad brasilera. “Por primera vez en la historia, Brasil asume el protagonismo estético de su época con la construcción de elementos formales híbridos que desprecian la ortodoxia formalista y recuperan determinados elementos poéticos y románticos apartados por el racionalismo”, afirmó.

Niemeyer reveló, con su trabajo innovador, una postura crítica respecto al modernismo de Le Corbusier, pero siempre dejó claro que la “máquina de habitar” corbusiana fue creada para un momento de combate, un período de transición forzada, en el que una actitud ortodoxa contra la incomprensión de la época se tornó indispensable. Esas ideas no estaban solo en la postura crítica de Niemeyer, sino en la propia obra, fruto de la unión entre el racionalismo moderno y la herencia declaradamente barroca.

Esto puede constatarse en las innovadoras curvas de su arquitectura, además de toda su producción en otros lenguajes, como muestran la pintura Ruinas de Brasilia (1964) y los dibujos inéditos, que retratan con su inconfundible trazo la iglesia de San Francisco de Asís, en Pampulha (Belo Horizonte); la Oca y el Parque Ibirapuera, en São Paulo; el Palacio del Planalto, la catedral de Brasilia, el Palacio de la Alvorada y el Camino Niemeyer en Niterói, entre otros. La pasión por la figura femenina y sus curvas también está en los dibujos, hechos en su mayoría con lápiz hidrográfico sobre papel.

Como diseñador gráfico, Niemeyer creó la revista Módulo, en la década de 1950, dedicada al arte y la arquitectura, publicada hasta 1964, y en cuyas ediciones participaba activamente. Fue la publicación de mayor prestigio en los medios artísticos y arquitectónicos. Los más renombrados artistas y fotógrafos de la época colaboraron en sus páginas. Niemeyer retomó las ediciones cuando volvió a Brasil, en 1975.

Completó la exposición una selección de quince retratos de arquitectos realizados por importantes fotógrafos brasileros: Antonio Guerreiro, Bob Wolfenson, Edu Simões, Evandro Teixeira, Juan Esteves, Luiz Garrido, Marcio Scavone, Nana Morais, Nani Góis, Orlando Brito, Ricardo Fasanello, Rogério Reis, Vilma Slomp, Walter Carvalho y Walter Firmo.

Entre los trabajos en diálogo con otros artistas hay un estudio hecho por Volpi, en témpera sobre cartón, para la capilla Don Bosco, en Brasilia; un estudio en acuarela y dos pruebas de azulejos hechos por Portinari para la iglesia de San Francisco de Asís, en la Pampulha; dos esculturas de pequeño formato como estudio para los Candangos (así llamaban los africanos a los portugueses) y otra para Meteoro de Bruno Giorgi, que están en Brasilia en escala monumental. De la serie de mobiliarios hechos en colaboración con su hija Ana María (1930-2012), producidos en Brasil y en el exterior, están la Silla alta, que integra la colección creada para el Palacio del Planalto, y la silla de extensión Río, en madera y paja.

Esta muestra significativa de la producción de Niemeyer probó, más allá de su faceta arquitectónica, el papel sobresaliente de esta importante figura para la historia cultural. La abultada herencia de este arquitecto, artista, diseñador e intelectual reveló que detrás de la tableta de dibujo siempre estuvo actuando un hombre apasionado por el conocimiento y por la creación estética. Niemeyer fue un humanista a la manera renacentista. Sin embargo, siempre con los pies afirmados en la realidad nacional, enalteció las riquezas artísticas de Brasil, sin dejar de criticar duramente sus males sociales.

ALESSANDRA SIMÕES

Oscar Niemeyer, por Alessandra Simões | artnexus