Exposición Individualmar 2018 - may 2018· Por Victoria Verlichak

Mirtha Dermisache

Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires – MALBA

Malba, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, fue el escenario de la primera retrospectiva de Mirtha Dermisache (Buenos Aires, 1940-2012) en un museo. Mirtha Dermisache. Porque ¡yo escribo!, curada por Agustín Pérez Rubio, reunió toda su producción –desde 1967 hasta su muerte–, que discurrió entre plástica y escritura y creció en dos vertientes: obra solitaria en el taller y tarea docente pública y masiva.

Exposición Individual: Mirtha Dermisache  — imagen 1
Mirtha Dermisache. Libro N° 6, 1971. Tinta sobre papel. Libro abierto: 30 x 52.5 cm (11 13⁄16 x 20 43⁄64 pulgadas), libro cerrado: 30 x 27 cm (11 13⁄16 x 10 5⁄8 pulgadas). Cortesía: Archivo Mirtha Dermisache.

Autora de una obra con grafismos, a modo de palabras transmutadas en imágenes, bellas escrituras y vocablos perdidos, Dermisache se habría sentido feliz por la atmósfera casi aséptica y de laboratorio en la que se presentaron 140 piezas (sala Silvia N. Braier). El montaje optimizó la visión de su obra caligráfica, que aparece como dibujos, signos y paisajes, con grafismos extraños delineados en renglones que remedan la escritura tradicional y que apelan a la sensibilidad e inteligencia. Aunque en algunos trazos de sus papeles pueden discernirse letras o frases, la artista realizó principalmente una grafía imposibilitada de transmitir sentido alguno.

La imagen que dibujan las obras pone en escena la contradictoria y necesaria convivencia del arte con la palabra ausente. Justamente, la dicotomía entre la ausencia y la presencia de la escritura encuentra su razón de ser en la definición que sostiene que "el arte es aquello que no puede decirse con palabras", por más que el arte necesita de la palabra, y aún cuando a través de esta tampoco se pueda explicar. No hay pretensión de verdad, pero tampoco intención de borrar el alfabeto, que, aún en movimiento o inteligible, conserva la posibilidad de ser revalorizado; el arte aparece custodiando la potencia de la letra escrita.

Roland Barthes manifestó gran interés por su trabajo, y en 1971 le decía en una carta: “[…] quedé impresionado, no solamente por la gran calidad plástica de sus trazados (y esto no es indiferente), sino también, y sobre todo, por la extrema comprensión de problemas teóricos en relación con la escritura que supone su trabajo. Usted ha sabido producir un cierto número de formas, ni figurativas ni abstractas, pero que se podrían nombrar bajo el término de ‘escrituras ilegibles’ –lo que significa proponer a sus lectores […] la esencia de la escritura”. En una entrevista de 2011, con Annalisa Rimmaudo y Giulia Lamoni, Dermisache recuerda que “fue increíble, porque a partir de ese momento, entendí lo que estaba haciendo. Para mí, fue como que él me explicaba a mí misma lo que yo hacía […] fue tan importante que por primera vez alguien llamara escritura a mi trabajo, que, por supuesto, no pensé ni un instante en otra cosa”.

La exposición se organizó alrededor de las incomprensibles y esenciales escrituras –sueltas, editadas en forma de libros y periódicos– con vuelo propio, junto a cartas y postales, textos “legibles” y diarios –que dan cuenta de su proceso creativo–, y documentos de su labor pedagógica en el TAC (Taller de Acciones Creativas) y las Jornadas del Color y la Forma (1974-1981). La artista desarrolló seis ediciones de las Jornadas… en museos y centros culturales de Buenos Aires, con el objetivo pedagógico de transmitir técnicas artísticas para estimular y desarrollar la capacidad creativa. En ellas se anotaba quien quería y se acercaba quién podía, desde entusiastas amateurs hasta artistas hoy consagrados como Eduardo Stupía y Marta Minujín; las últimas recibieron a más de 18.000 personas en diez días.

Pocos recuerdan que estuvo vinculada al Instituto Di Tella, al CAYC y Grupo de los 13, que animó Jorge Glusberg, con fuerte acento en lo conceptual. La recuperación de la obra de la artista incluso puede enmarcarse en el actual momento, que propicia la revalorización de los conceptualismos surgidos en la región.

“Desde el inicio, la obra de Dermisache aparece atravesada por la dualidad entre la búsqueda de libertad en la creación y el sometimiento a una serie de reglas, a una disciplina. Y, a la vista del conjunto de su trabajo, esta dualidad va a ser una constante, indisociable de su tarea pedagógica, entendida como experiencia de un proceso inverso de aprendizaje: el desaprendizaje de ciertas ideas que impiden la libre expresión creativa”, explica el curador.

La muestra fue, para muchos, un descubrimiento de la obra y figura de Dermisache, replegada en la intimidad de su taller entre 1982 y 1996 por motivos personales, pero con su obra circulando en exquisitas curadurías sobre libros y ediciones de artistas en el exterior. Su trabajo está en prestigiosas colecciones como Museo Nacional de Bellas Artes, MALBA, MACRO (Argentina) y Bibliothèque Kandinsky del Centro Pompidou (París); Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid); Museo de Arte Contemporáneo (Barcelona), Tate Modern (Londres), entre muchos otros.

Es preciso señalar el protagonismo del Archivo Mirtha Dermisache en la realización de la exposición, como también el notable catálogo-libro bilingüe de más de 300 páginas. Gracias al buen criterio de los herederos y la albacea de la artista, convocaron a varios profesionales en temas de colecciones y archivos –como Cintia Mezza y otros– para organizarlos bajo pautas de conservación y catalogar su obra, crear el sitio web: www.archivomirthadermisache.com

VICTORIA VERLICHAK

Mirtha Dermisache, por Victoria Verlichak | artnexus