Miguel Rio Branco abrió la exposición individual en la Oi Futuro el día 16 de noviembre, ocupando todos los edificios y los espacios de las galerías en Flamengo (Río de Janeiro). Con la curaduría del propio artista y Paulo Miyada y la co-curaduría de Alberto Saraiva, la exposición incluye la polémica instalación Bajo las estrellas, las cenizas, creada originalmente en 1992 para la muestra Arte Amazonas, en el MAM-RJ, con curaduría de Alfons Hug, y construida a partir de fotografías de gran impacto, publicadas en el cuaderno policial del desaparecido periódico popular carioca O Povo (El Pueblo).

La exposición se inicia en el piso bajo del Centro Cultural Oi Futuro con una instalación de inmersión, despliegue directo de la obra Wishful Thinking (2015), donde plantas reales se distribuyen en medio de rocas, detritos, escombros y tierra. Un conjunto conformado por 40 toneladas remite a la ruina de una civilización invadida por la naturaleza. La situación creada, reforzada por videos presentados en monitores de TV distribuidos sobre el piso de tierra de la instalación, se refiere a lo que sobreviviría de las ciudades contemporáneas después de una posible catástrofe.
Pese al inquietante escenario, el ambiente creado por Rio Branco es sorprendentemente acogedor. El calor, la humedad y el color de las plantas que envuelven al visitante señalan una esperanza de retorno de la exuberancia y la soberanía de la naturaleza.
La idea de esta exposición surgió después de que el artista visitara varias ruinas de civilizaciones antiguas invadidas por la selva, que acaba imponiéndose sobre las propias ruinas. Miguel Rio Branco articula sobre el diálogo entre destrucción del medio ambiente y su conservación, con el resultado de la resistencia de la misma naturaleza.
El material expuesto, distribuido en los tres pisos del centro cultural, está armonizado por videos y fotografías que representan conflictos de las ciudades contemporáneas y formas alternativas de concebir tiempo, espacio, naturaleza y sociedad.
En la Galería 2, que ocupa el 4° piso del centro cultural, la videoinstalación Bajo las estrellas, las cenizas trae una proyección doble en la que alternan imágenes de minería y destrucción; escenas de encuentros y ritos de indígenas; un cielo estrellado; instantáneas de residuos y fragmentos de grandes metrópolis, que se relacionan con las imágenes policiales publicadas en el periódico El Pueblo. La obra que causó polémica y censura por parte del Ministerio Chino de Cultura, que le impidió integrar la 6a Trienal de Fotografía de Guangdong, que será realizada en 2018, en China, es una relectura de la instalación hecha en 1992. La prohibición tuvo como alegato que la obra era “muy violenta”.
Según Miguel Rio Branco, la obra realmente es “tensa, pero no exageradamente violenta”. La instalación es un diálogo sobre las historias cotidianas, rescatadas de imágenes del periodismo policial. La instalación está integrada, según el artista, por la violencia sobre el ser humano, a la que se asiste cotidianamente, y que él viene tratando en otros trabajos relacionados con el tema indigenista, la ocupación ambiental y la sociedad.
En la misma Galería 2, un conjunto de fotografías titulado Maldicidade (Maledicencia) reúne instantáneas de la urbanidad decadente en metrópolis de diversas partes del mundo. También está la instalación Ofelia, que recibe un nuevo montaje en esta exposición, y construye su sentido poético a partir de elementos de variados orígenes: bombillos rojos de neón, parabrisas y vidrios de automóviles, chapas metálicas, imanes, una chaqueta, una fotografía impresa en tejido translúcido.
En la Galería 3, lo último de la exposición, está la obra Diálogo con Amaú (1983), instalación audiovisual que reúne cinco proyecciones sobre telas translúcidas de velo tejido dispuestas en el espacio en penumbra y envueltas por el sonido grabado por el artista durante un ritual indígena en la aldea de Gorotire. En las imágenes proyectadas, el visitante encuentra una serie de fotografías del niño Amaú, un infante Caiapó; se presenta la segregación del niño, que es sordomudo. El trabajo apunta hacia el lado marginal de la sociedad. Un niño que no habla en una sociedad basada en la tradición oral. Las proyecciones alternan con escenas tomadas en varios tiempos y lugares.
La exposición presenta al público un corte transversal en la obra de Miguel Rio Branco, organizado y editado por el propio artista, en diálogo con los curadores, y posiciona la experiencia continua que pasa por varias fases del artista. Eso implica, al mismo tiempo, una oportunidad de reencuentro con escenas del Brasil que el mismo país tiende a ignorar, por preferir ignorar aquello que desentona respecto de su apariencia idealizada, y una oportunidad de debatir, con el auxilio poético y lingüístico del arte, las urgencias y posibilidades de la vida contemporánea, según la visión de Rio Branco.
El artista es reconocido internacionalmente por su trabajo como fotógrafo –sus imágenes integran el archivo de la icónica Agencia Magnum- y se sirve de diferentes formatos según la propuesta de cada trabajo. En este momento la escultura ha sido más fuerte.
HÉLCIO MAGALHÃES
