Exposición Individualmar 2018 - may 2018· Por Alessandra Simões

Maria Leontina

Dan Galeria

Conteudismo1 y metafísica se unen en la obra de la pintora Maria Leontina. Así se reveló en la exposición en la Dan Galería con 73 obras (muchas inéditas), en conmemoración del centenario de su nacimiento. Entre las obras nunca vistas públicamente estaba el autorretrato Maria Leontina: Poética y Metafísica, cuyo título revela cómo la artista creó un estilo abstraccionista cruzado constantemente por la paradoja entre racionalismo y subjetividad.

Exposición Individual: Maria Leontina — imagen 1
Maria Leontina. Narrativa V - Diálogo, 1957. Óleo sobre tela. 92 x 72.5 cm (36 7⁄32 x 28 35⁄64 pulgadas).

El retrato, así como otras telas poco comunes y dibujos, estaban guardados por su hijo Alexandre en Río de Janeiro, quien desde hace años intenta producir el catálogo razonado de su madre. La muestra obedece a un orden cronológico: pequeñas telas figurativas de los años 40, mucho antes de su primera exposición individual; naturalezas muertas de la época en que participó en la primera edición de la Bienal de São Paulo (1951); telas abstractas de la serie Juegos y Enigmas (1954), pinturas estructuradas con trazos fragmentados; trabajos de las series Formas (años 60) y Páginas (años 70); una serie sobre papel (pastel), realizada en los 80, que dialoga con las experiencias en monotipo de Mira Schendel.

Como explicó en el catálogo el crítico Paulo Braga, la exposición recorrió el enigma del tiempo que la artista investigó desde la década de 1950, y que motivaría también gran parte de la producción de otros artistas brasileros de vertiente constructivista, como Lygia Pape y Hélio Oiticica. Esto es muy visible en la fase en que su vocabulario formal se volvió hacia la abstracción geométrica, después de los años 40, cuando sus retratos aliaron el trazo expresionista con una peculiar serenidad. En las naturalezas muertas del final de aquella década se percibe la influencia de Paul Cézanne, con su densidad metafísica expresada por los planos que mezclan figura y fondo.

De temperamento intimista y religioso, la artista siempre tuvo el cuidado de mantener su espacio de trabajo separado del taller de Milton Dacosta, su marido. Rodeada de libros, figuras de santos barrocos, exvotos, obras de artistas que admiraba, Maria Leontina desarrolló una práctica disciplinada, creando millares de composiciones. Participó en varias de las ediciones de la Bienal de São Paulo (I, III, IV, V, VI, VII, IX) y en la edición XXVI de la Bienal de Venecia, del Panorama del MAM (ediciones I y II), de la exposición Proyecto constructivo en el arte brasilero, para citar apenas algunas de las decenas de muestras individuales y colectivas a partir de las cuales se construyó la fortuna crítica en torno de su obra, con textos de los grandes nombres de la crítica de arte brasilera, como Sérgio Milliet, Lourival Gomes Machado, Mario Pedrosa, Federico de Morais, Ferreira Gullar, Lélia Coelho Frota.

Leontina inició sus estudios de dibujo en 1938 con Antônio Covello, en São Paulo, y en la primera mitad de la década de los 40 estudió pintura con Waldemar da Costa (1904-1982). En 1946, en Río de Janeiro, frecuentó el taller de Bruno Giorgi (1905-1993) e hizo el curso de museología en el Museo Histórico Nacional (MHN), entre 1946 y 1948. En 1951 fue convidada por el psiquiatra y crítico de arte Osório César (1895-1983) para orientar el sector de artes plásticas del Hospital Psiquiátrico de Juqueri. En 1952, con beca de estudio del Gobierno francés, viajó a Europa, donde frecuentó el taller de grabado de Johnny Friedlaender (1912-1992).

La aproximación al ambiente moderno y la dedicación con ahínco a la pintura ocurrieron en 1940, cuando la artista frecuentó el taller de Waldemar da Costa, artista cofundador de la Familia Artística Paulista (FAP). Su trabajo suscitó la atención de la crítica con la serie de naturalezas muertas, iniciada en 1949, en la que se pueden notar alusiones al cubismo. Leontina llegó a la abstracción geométrica a mediados de los años 50, a partir de una constante depuración de los elementos figurativos.

Las obras reflejaban el clima de discusión en torno de la abstracción vigente en Brasil, y también su experiencia en el exterior, donde ocurría el movimiento constructivo. Muchas de sus pinturas evocan el espacio urbano y sus construcciones. La fase “constructiva” de Maria Leontina, que dura hasta 1961, es considerada por diversos críticos como el momento de mayor singularidad en su recorrido artístico. Sus colores, por ejemplo, no se restringen ya a los dogmas de los colores primarios, y trabaja de manera singular tanto tonalidades más cálidas cuanto tonos más sobrios.

Es de este período la serie Formas, cuyas imágenes pasan por un proceso de “arredondamiento”, posteriormente transformadas en manchas. A partir de entonces, Maria Leontina realizó otras series en las que, ora predomina la abstracción, geométrica o no, ora la figuración sintética de carácter simbólico. En la serie Estandartes, iniciada en 1963, variaciones de forma, línea y color se reducen a lo esencial, reforzando su búsqueda de una atmósfera metafísica. Así, la artista desarrolló una particular “geometría sensible”, en la cual la rigidez de la línea y el rigor geométrico de la composición se sustituyen por un ordenamiento intuitivo de formas imprecisas.

NOTA

1. N. del T.: la tendencia a valorizar más el contenido que la forma.

ALESSANDRA SIMÕES

Maria Leontina, por Alessandra Simões | artnexus