Exposición Individualmar 2018 - may 2018· Por Fernando Castro R.

Marco Maggi

Sicardi Gallery

La obra que da nombre a la exposición de Marco Maggi en Sicardi Gallery es una instalación que consiste en once lápices rusos de colores presionados de punta contra la pared por cuerdas de arco en perfecto y delicado equilibrio. Tan solo el acto de armar esta instalación nos dice más de la manera como crea Maggi, que cómo Putin usa o no usa sus lápices de colores. Porque si bien Putin es un impresionante aunque despiadado estratega, ciertamente no es delicado. Sobre la delicadeza, Maggi afirmó: “Nuestro tiempo está tan preocupado con el espectáculo del macrodrama que la delicadeza [...] se ha vuelto subversiva”.

Exposición Individual: Marco Maggi — imagen 1
Marco Maggi. Putin’s Pencils (Los lápices de Putin), 2017. Instalación. Dimensiones variables. Cortesía: Sicardi Gallery.

Queda entender cómo, según Maggi, es subversiva la delicadeza. Él dijo: “No estoy tratando de transformarte. Este no es un discurso agresivo sobre el mundo. Yo creo un mundo alternativo con sus propias reglas”. En otra ocasión aseveró: “Esta es la revolución posible –no podemos escoger las cosas grandes, pero sí podemos escoger las cosas pequeñas. [...] Por eso la miopía es la mejor respuesta a la globalización: reducir el campo visual nos permite descubrir detalles infinitesimales en el espacio de una pulgada cuadrada [...]”.

De estas palabras y la evidencia de sus obras se arma la poética de Maggi, su manera de hacer arte. Matizada con su apropiación dialéctica del pop art, objet trouvé, el constructivismo, el minimalismo, et al., está su vocación por lo diminuto, algo insólito en el arte contemporáneo. Los detalles diminutos de su obra obligan al espectador a acercarse, como hacen los miopes para ver bien las cosas. Por eso, dice él que la miopía está en el centro de su revolución; que en realidad es subversión gentil (como lo ha dicho Linda Weintraub), porque lo único que pretende cambiar es nuestra postura como espectadores frente a su obra.

En la exposición Los lápices de Putin, la obra que lleva ese nombre es la única a la que no tenemos que acercarnos como miopes, excepto para cerciorarnos de si los lápices de verdad se balancean tan solo por la tensión de las cuerdas. En cambio, obras como Black Letter, Complot vertical I, II y III y Growing Squares tienen dos lecturas: una a la típica distancia de galería, y la otra, a la distancia miope en que se miran los detalles de una miniatura.

Los Complots verticales I, II y III incitan a esas dos distancias. A la distancia de la galería parecieran ser composiciones constructivistas de Mondrian en blanco y los tres colores primarios. Son matrices de 6 x 6 de los marcos de plástico de las diapositivas de 35 mm, un objeto que Maggi ha resucitado del desuso y la obsolescencia. Pero oculto en su apariencia inocente y colorida hay un desafío matemático que Maggi ha resuelto tres veces. El teorema del mapa de cuatro colores establece que, dada cualquier separación de un plano en regiones contiguas, que resultan en una figura llamada mapa, bastan cuatro colores para colorear las regiones, de tal manera que ningún par de regiones adyacentes tengan el mismo color. La distancia miope revela que el contenido de cada diapositiva es un papel cuya superficie ha sido cortada con precisión quirúrgica para provocarle tridimensionalidad. Al respecto dice Maggi: “Siempre trabajo con materiales suaves que permiten incisiones o cortes; dibujo en el umbral entre el grabado y la escultura. Una ranura o gofrado apenas libera a la línea del plano; un corte en el papel permite pasar de la dimensionalidad del dibujo a la tridimensionalidad de la microescultura de papel doblado”.

Black Letter incita a esas mismas distancias. A la distancia de la galería, Black Letter parece la fotografía nocturna de una gran ciudad como puede ser Nueva York o São Paulo. Pero la distancia miope revela que esa interpretación era una ilusión deliberada, y que lo que interpretábamos como luces en las habitaciones de edificios no eran más que recortes precisos de papeles de colores. En este caso, las distancias que provoca la obra generan una especie de espejismo: una laguna que se desvanece al acercarnos, y que sin embargo revela peces. La ambigüedad le place a Maggi. Se pregunta: “¿Es este dibujo un texto o una textura? ¿Son estas ruinas o los fundamentos de un alfabeto? ¿Es esta una vista aérea de la ciudad o la privacidad de un sistema de computadoras? ¿Es ese un tejido orgánico o tecnológico? ¿Será precolombino o post-clintoniano? Por eso me refiero a "la menor idea". Es simultáneamente una micro- y una macroexposición, cuando en realidad solo se refiere a lo que cada uno de nosotros decida qué entiende después de verla”.

Maggi es un artista cuya obra va contra la corriente del arte contemporáneo. Por un lado, es un artista de muchos oficios que él mismo se ha inventado: repujar el papel de aluminio, cortar y doblar el papel diminutamente, equilibrar lápices por su punta, etcétera. Para desconcierto de muchos, opta por la obra de mínimos detalles, más que por la monumental. Con estas estrategias logra cambiar el propio comportamiento del espectador.

FERNANDO CASTRO R.

Marco Maggi, por Fernando Castro R. | artnexus