Exposición Individualmar 2018 - may 2018· Por Susana Benko

Manuel Eduardo González

Spazio Zero

Nacer y vivir en La Guaira, en la costa centro-norte del estado Vargas (Venezuela), hizo que Manuel Eduardo González (1988) se interesara en un monumento arquitectónico emblemático en la historia de su región: el legendario Hotel Miramar.

Exposición Individual: Manuel Eduardo González — imagen 1
Manuel Eduardo González. Miramar (De la serie La siembra del hito piedra), 2015. Video en formato DVD (NTSC). 7’43’’ Color, sonido.

Esta obra, proyectada por el arquitecto Alejandro Chataing en 1926, fue inaugurada en abril de 1928, y fue el primer hotel de lujo de esta zona del Caribe. Cayó en el abandono a partir de 1958, año en que también fue derrocada la dictadura de Marco Pérez Jiménez. De entonces a la actualidad, el Hotel Miramar continúa asentado en un recodo del pueblo de Macuto, víctima del salitre y del viento cotidiano, de los embates dramáticos de la naturaleza y de la inexcusable desidia gubernamental de turno. Sin embargo, pese a su aspecto ruinoso y deplorable, se erige siempre palaciego y majestuoso.

A lo largo de los años hubo fallidas esperanzas de recuperación de este monumento, todos desvirtuando su objetivo original. En 1974 perteneció al Consejo Venezolano del Niño; en 1993 fue adjudicado al Museo Armando Reverón, institución destruida por el deslave de 1999; en 2001 pasó a ser depósito de la Galería de Arte Nacional y, finalmente, en 2013 se formalizó un proyecto de restauración entre la Gobernación de Vargas y PDVSA La Estancia que nunca se llevó a cabo. El Hotel Miramar continúa en condiciones cada vez más deplorables.

Bajo una perspectiva multidisciplinaria, Manuel Eduardo González reflexionó, reconstruyó, invocó e incluso reinventó los pasos del Hotel Miramar en su exposición individual titulada Tropical moderno, presentada en la galería Spazio Zero. La exposición constó de dibujos, fotografías, collage, gráfica, instalación y videos. Su acercamiento al monumento fue, por un lado, desde la memoria –por ser este hotel una referencia constante en el lugar donde vivió su niñez–, y, por el otro, es el resultado de una investigación histórica desde la perspectiva del arte y de la historia.

En 2013 el artista accedió al archivo que perteneció al crítico e historiador Juan Carlos Palenzuela. Allí encontró fichas hemerográficas de notas de prensa de la época transcritas por Palenzuela. Estas fichas fueron expuestas en esta exposición. En una de 1928 se señala que el hotel fue construido en un “pintoresco balneario […] [y es] brillante exponente de la era de civilización y progreso en que se orienta la República”, refiriéndose así al periodo de gobierno del general Juan Vicente Gómez. En otra de 1932 se describe al Miramar como: “la perla de los hoteles del Mar Caribe”. Pensar en este hotel como motivo de investigación plástica fue una manera de trabajar desde la memoria, en dos sentidos: evocando el pasado –individual e histórico– y a la vez registrando imágenes en video y fotografías del presente para dejar asentado un hecho que nunca se debe repetir.

El artista parte del principio de que la arquitectura tiene un impacto en nuestras experiencias. Conocer la importancia que tuvo el hotel en su momento, y cómo condicionó la vida de los ciudadanos en ese lugar, fueron suficientes estímulos para revalorarlo como monumento y como imagen desde diversos ángulos y perspectivas. De allí las diversas piezas de la exposición. Unas centradas en la arquitectura del hotel, y otras, en el paisaje circundante. El video Miramar conjuga ambas cosas. El hotel es visto en varios ángulos. Para aludir al contexto caribeño, el artista le agregó el sonido del mar, pues en la actualidad este no se oye, ya que el deslave de 1999 alejó la costa. “Todo el video –señala Manuel González– puede leerse como una búsqueda del mar” (www.tráficovisual.com). En tal sentido, la exposición evidencia las modificaciones topográficas del lugar.

El paisaje está presente. En los collages Sedimentaciones (2015), el artista creó contrastes uniendo vistas de ciudad o de la provincia con el cielo. Utilizó imágenes del libro Ferdinand Bellermann y el paisaje venezolano 1842-1845 porque el pasado –dice– se sedimenta y “forma nuestro presente”. Invirtió la línea del horizonte para crear lo que para él es “la formación geológica del territorio”.

El plano arquitectónico del hotel, por otra parte, es documento y a la vez motivo de expresión artística. A partir de este, la planta en forma de cruz griega de la construcción es reinterpretada pictóricamente en diversas series dando lugar a imágenes sintetizadas, suerte de rosetones seriados con variaciones de color. Se aprecian en la instalación (Mirador, 2017) y en pinturas e impresiones (Proyecto de hotel para el balneario de Macuto, 1926-2015; Quiebre, 2017; Tres variaciones de azul y rojo, 2017), etcétera.

En Tropical moderno Manuel Eduardo González puso nuevamente en evidencia los vestigios de una arquitectura particular para la época: moderna y a la vez tropical, pues por medio de amplios balcones y ventanales se buscaba integrar a la naturaleza: a la luminosidad del trópico y a la voluptuosa vista al Mar Caribe. En este caso, el arte y su referente se erigen en valoración de un patrimonio, y ante todo, en un llamado de atención.

SUSANA BENKO

Manuel Eduardo González, por Susana Benko | artnexus