Los Carpinteros

Sala de Juntas (Bogotá), 2017 (Detalle). Pared de pladur, nylon de pescar, metal, papel, plástico y muebles. Dimensiones variables.*

Exposiciónmar 2018 - may 2018· Por Natalia Gutiérrez

Los Carpinteros

Museo de Arte Miguel Urrutia - MAMU y NC-arte

Dos congas que se derriten en el suelo; filas de asientos “vestidos” con ropa de todos los días; una avioneta atravesada por flechas; una oficina explotada en mil fragmentos, como el final de Zabriskie Point; una torre de vigilancia localizada horizontalmente en el suelo; las estructuras lineales de la valla que dibuja el retrato del Che en la icónica Plaza de la Revolución de La Habana, convertidas en retratos de ancianos, Félix, Simón o Isabel, con su mirada atenta y sus arrugas.

Puedo decir que Los Carpinteros pasaron por Colombia con un manifiesto acerca del objeto. Detrás de las ecuaciones que lo localizan en su función, diseño, mercancía y propaganda, Los Carpinteros hacen todo un trabajo de extrañamiento y separación de los objetos de esos servilismos funcionales y simbólicos aceptados mansamente, para agrandarlos, achicarlos, suspenderlos, congelarlos o hacerles un giro para relacionarlos con la experiencia cotidiana y local, de tal manera que el objeto explote frente al espectador en su capacidad pensativa y crítica.

Exposición: Los Carpinteros — imagen 1
Avión, 2011. Avión, flechas de madera y plumas. 215 x 1100 x 780 cm (84 41⁄64 x 433 5⁄64 x 307 3⁄32 pulgadas) aprox. Cortesía: Fortes D’ Aloia & Gabriel.*

Considero urgente una reflexión de la relación que tiene el sujeto contemporáneo con los objetos: excesivos y desechados en el capitalismo y en ruina y detenidos en el socialismo. La exposición de Los Carpinteros permite pensar en la relación que tenemos con la vida material, hoy cada vez más mutable y en flujo. Pienso en este momento en una vida en movimiento y llena de objetos inservibles que hay que cargar y arrumar. Ya vimos en una pintura de Beatriz González a los colombianos en fuga desde Venezuela atravesando ríos con sus camas y armarios al hombro. O hemos visto también barcos sobre edificios, en las imágenes de los tsunamis, que en minutos redefinen el paisaje. Los objetos en su materialidad advierten de la paradoja de vivir entre la ilusión de eternidad y la evidencia de la contingencia.

Exposición: Los Carpinteros — imagen 2
20 gentes, 2017. Ropa y mobiliario. Dimensiones variables.*

Los objetos de Los Carpinteros tienen hambre polisémica, como dijo Paulo Herkenhoff refiriéndose a algunas obras de arte latinoamericano. Quiero decir que se ofrecen al espectador, abiertos a múltiples significados. Se dejan contaminar por el léxico y la vida en las calles, por las noticias, por la desesperanza y el cansancio de los sujetos con metas ilusorias que cumplir, por los pequeños detalles constructivos a los que nadie da importancia. Señalan el devenir de los sistemas de poder, las absurdas construcciones en torno a la defensa, el ataque, la vigilancia o los discursos ilusorios en los que nos envuelven los discursos políticos.

Exposición: Los Carpinteros — imagen 3
Sala de Lectura Pico, 2017. Plywood. 2.8 x 7.17 x 14 mts (110 15⁄64 x 282 9⁄32 x 551 3⁄16 pulgadas). Vista de la instalación Los Carpinteros: hacia una lectura expandida, NC-arte, Bogotá, Colombia. © Los Carpinteros. Foto: Oscar Monsalve. Cortesía: Galería Peter Kilchmann y NC-arte.

Vale la pena resaltar que en esta exposición los procesos de creación de algunos proyectos se desplegaron en mesas, proyectos cuyos bocetos en acuarela llamaron mi atención porque me parecieron signos de que tal vez Los Carpinteros –Dagoberto Rodríguez y Marco Castillo– estudiaron en Cuba a finales de los ochenta en una escuela altamente tradicional (acuarelas 1 y 2), pero también evidencian que ese anacronismo les permite ver numerosos matices de la luz y la sombra. Matices que, a mi modo de ver, se traducen finalmente en unos objetos que respiran en el espacio; dialogan muy bien con las paredes y el piso.

Exposición: Los Carpinteros — imagen 4
De izquierda a derecha: No es Che, es Félix, 2017; No es Che, es Felicia, 2017; LCEDP, 2014; No es Che, es Isabel, 2017. MDF y luces LED y Zinc galvanizado. Dimensiones variables. © Los Carpinteros, Colección Privada, Bogotá. Cortesía: Galería Peter Kilchmann y Galería Habana.*

Este diálogo permanente de Los Carpinteros con los objetos y con el espacio los ha llevado a explorar la relación entre el arte y la arquitectura, sobre todo con esta arquitectura, como la de Norman Foster, que piensa estructuras para cubrir las acciones mínimas del habitar, como recorrer una plaza o sentarse. En este paso por Bogotá, Los Carpinteros construyeron en una galería de la ciudad, NC-arte, una de sus ya conocidas “salas de lectura”. Lástima que no la hubieran construido cerca de salas de lectura de la biblioteca porque tendrían ya un público cautivo, pero no es un crítica, en fin; lo que quiero señalar es que estos domos porosos que envuelven al espectador señalan y protegen actividades colectivas reales o utópicas, a veces imposibles y en decadencia como la lectura hoy, amenazada por la imposibilidad de quedarse en un solo sitio y prestar atención. Hacia una lectura expandida, el nombre de esta instalación, invitaba al visitante a deambular por una extraña biblioteca, coger los libros y curiosearlos, traer algunos para compartir y estar dispuesto a escuchar.

Estas estructuras ya no de vigilancia, sino de convivencia, vinculan el interés de Los Carpinteros con otros ámbitos, no tanto de lo público –mediado por el Estado y la propiedad privada–,  sino  sobre todo con el ámbito de lo común, que es una construcción de singularidades, de microexperiencias de la gente que se va organizando en respuesta a necesidades vitales, y así se va apropiando de lo público con otras propuestas inventivas e inclusivas. Celebro pues esta mutación del objeto de Los Carpinteros a la construcción de un “campus”, es decir, la delimitación plástica de una parte del espacio social donde la vida puede desplegarse con actividades que tendrían que ver con la conversación y el encuentro con otros, que es en realidad el espacio de lo político.

* Vista de la instalación en La cosa está Candela, MAMU, Banco de la República, Bogotá, Colombia. © Los Carpinteros. Fotos: Daniel Martín Corona. Cortesía: Los Carpinteros.

NATALIA GUTIÉRREZ

Profesora de la Universidad Nacional de Colombia.

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