La pregunta que José Vera Matos plantea en su más reciente individual, Profecía es memoria, gira no sólo alrededor de las maneras en que el pasado actúa en el presente, sino de la posibilidad de que ambas orillas de tiempo se encuentren.
El artista trata la historia del Perú, centrándose en la conquista y los legados prehispánicos y español que dejó, pero vistos desde la perspectiva del presente, encarnada en las formas del diseño, las tradiciones del arte moderno y las posibilidades del arte contemporáneo.

Como es usual en su trabajo, Vera recurre a la transcripción de textos, cuyos títulos demarcan el territorio temático abordado. La instalación central está conformada por una gran estructura de madera, a modo de vitrina, donde se exhibe una serie de hojas en las que se transcribe La conquista de América. El problema del otro, el tratado del historiador franco-búlgaro Tzvetan Todorov sobre la conquista, entendida como una confrontación cultural marcada por la incomprensión. Cada hoja emplea una estructura de diagramación distinta, comenzando por los tocapus incas, patrones cuadriculares de diseño de formas geométricas. Es así que la escritura –uno de los grandes legados de la conquista– se ve sometida a los patrones de diseño prehispánicos. Luego la escritura se amolda a las claves de la abstracción geométrica y el diseño, para luego terminar nuevamente con los tocapus. Vera, además, incorpora elementos de collage (fotos, globos de diálogo tipo historieta) y otras inscripciones a modo de grafiti, expandiendo el universo de sistemas comunicacionales aludidos.
Estos recursos también son empleados en las otras piezas textuales, en las que se transcriben tanto el libro Los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española (1530-1570) –en donde el historiador y antropólogo francés Nathan Wachtel ofrece un acercamiento a la conquista desde la perspectiva del pueblo conquistado– como el tratado sobre el estilo de Claude Lévi-Strauss, La vía de las máscaras, en el que el antropólogo y etnólogo francés toma como ejemplo máscaras de nativos norteamericanos. Mediante su metodología, Vera subvierte las relaciones de conquista y derrota cultural, al imponer sobre la lógica del texto el sentido de la imagen, haciendo de las formas artísticas premodernas y modernas una suerte de modelos de diagramación editorial.
Estas piezas están acompañadas de unos pequeños dibujos sobre papel milimetrado que recuerdan diagramas científicos, notaciones musicales o apuntes matemáticos, dando cuenta de una noción más amplia de la escritura. Algo de eso parece estar en juego en las dos esculturas monumentales que se presentan, también tituladas Profecía es memoria, formadas por grandes estructuras rectangulares de concreto, con inscripciones grabadas sobre su superficie (a modo de grafiti callejero, imágenes obscenas incluidas). Estos paralelepípedos están parcialmente cubiertos por grandes telas de colores con un diseño cuadricular. Los colores de estas telas fueron tomados de algunos de los afiches que el artista Jesús Ruiz Durand creó para el gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado, para la promoción de la reforma agraria (y la expropiación y entrega de tierras que supuso). Tales materiales de comunicación política se transforman en un enigmático código cromático.
El video, nuevamente titulado Profecía es memoria, aborda con enorme claridad la pregunta por la relación entre pasado y presente. Un personaje con el torso desnudo tiene la piel cubierta por inscripciones, a modo de tatuajes: en su rostro hay un cuchillo que atraviesa su nariz, y sobre su frente, un crucifijo. Sobre su torso, su espalda y sus brazos vemos figuras tomadas de la iconografía de las culturas prehispánicas Sechín y Chavín, además de emoticonos como caritas sonrientes. Asimismo, leemos el número 1492 atravesando el pecho del personaje. El personaje observa sus marcas, que parecen cobrar vida y hablar con él, quien les responde, conversa y discute con ellas, así como también habla con una figura fuera del encuadre, que se deduce está en el cielo.
Estos diálogos y discusiones revelan una difícil negociación con las herencias y las creencias que nos son impuestas de maneras más o menos violentas, algo insinuado por los cambios de coloración del video, que por momentos vira hacia el rojo (el fondo del video es pantalla verde), pero también por las mismas figuras en la piel: criaturas de grandes colmillos (Chavín), y cabezas decapitadas y torsos mutilados con las vísceras colgando (Sechín). Pero los legados no sólo se imponen sino que se asumen, incluso a pesar de su violencia original, como pasa con el idioma. Las bocas se mueven pero no se escucha una sola voz. Impera una imponente música.
En este cruce de referencias múltiples, José Vera Matos plantea la necesidad de identificar y enfrentar esos legados que nos forman. Legados difíciles que llevamos marcados bajo la piel, y que nos hablan en silencio, desde antes de nacer incluso, y a los que podemos –y debemos– responder.
MAX HERNÁNDEZ CALVO
