Se cierra la versión número IX del Premio Luis Caballero. Una vez más baja el telón con ocho exposiciones en varios espacios de la ciudad de Bogotá. Se oyen rumores encontrados en los que tanto la admiración por algunas muestras como el desencanto por el nivel de las propuestas están a la orden del día. Sin embargo, ha primado más lo segundo que lo primero: “Ya no tiene la misma relevancia que tuvo hace unos años”. “Los artistas no lo toman con la misma seriedad y compromiso de otras épocas”. “Hay dos o tres proyectos que sobresalen frente a los demás”.

La historia
Los comentarios no le hacen justicia a un evento que se ha erigido en uno de los premios más emblemáticos y de mayor importancia no solamente en Bogotá sino en el país entero. Si tenemos en cuenta los recorridos en los que el Premio se ha inscrito podemos preguntarnos acerca de la relevancia en la construcción de una historia del arte, sobre la forma como los artistas han volcado su mirada hacia el lugar donde “ancla” su obra o, mejor aún, donde conversa y se comunica con su obra. ¿Acaso no ha sido esta su finalidad desde hace un tiempo? ¿No ha sido el Premio Luis Caballero una invitación a que los artistas se inmiscuyan en el lugar para “conversar” sobre su propia historia? El Premio ha circulado en iglesias, museos, espacios institucionales, plazas de mercado, edificios, monumentos, fundaciones, y seguramente otros tantos espacios que se nos pueden escapar en este instante. El Premio Luis Caballero ha contribuido de manera frontal a la consolidación de proyectos de cierta envergadura sin ir en contravía de las investigaciones propias de cada artista y sin contrarrestar esfuerzos con espacios privados. Muchos artistas que han transitado por este premio siguen activos en la escena artística del país, y acaso algunos han logrado entrar en algún circuito internacional. Es decir: el Premio ha sabido consolidar proyectos artísticos arriesgados que no se habrían logrado sin el recurso y las bondades de los espacios y de la producción y logística distritales. ¿Qué pasó entonces con el IX Premio Luis Caballero que cerró su ciclo en enero de 2018?
Mal haríamos en señalar que las muestras no estuvieron a la altura. ¿O sí? Propongamos en este instante una duda que nos invite a seguir el rumbo de nuestras reflexiones.

Los artistas
La lista de artistas: Lina González, Leonardo Herrera, Rodrigo Echeverri, Ana Patricia Palacios, Felipe Arturo, Adriana Marmorek, Luis Fernando Ramírez y Juan David Laserna. ¿Estaremos viendo en ellos a artistas extraños a la escena artística del país? No. ¿Serán artistas cuya trayectoria en investigación se aleja del proyecto que han presentado? No. ¿Es decir, han sido coherentes con su proyecto? Por supuesto que sí.
Lina González ha indagado sobre el habitante común y corriente frente a una sociedad plagada de inconsistencias éticas, de injusticias políticas, de arbitrariedades religiosas. Su apuesta está concentrada en la inseguridad en las calles, en el “voto de confianza” a instituciones de todo orden que roban a diario, o en lo que significa el centro hoy en día: un lugar donde el miedo a ser enajenado de bienes e identidades es permanente. El centro como lugar físico y el centro como lugar político. Hay espejos y binóculos, hay objetos incompletos, hay dificultad para verse reflejado en todos ellos. La impotencia se vuelve un común denominador ante situaciones que como espectadores o como ciudadanos del común no podremos resolver; es un ejercicio con muchas entradas y ninguna salida.

Leonardo Herrera no ha dejado de trabajar con el “bajo mundo”, sus causas y consecuencias, sus peleas y desazones. Leonardo Herrera ha transitado en el límite y con el límite. ¿Dónde y cómo nace y cómo se hace una persona que ha sido condenada a pasar un tiempo en la cárcel? ¿Qué decisiones le cambian a uno la vida? La periferia, lo marginal, aquello que está entre dos mundos, y que por ende no es del uno ni del otro sino del intermedio, son asuntos que se develan en sus proyectos. Herrera hace de un trabajo de campo una experiencia de vida. Y poco a poco el caucho de la vida y de la adrenalina se va alongando hasta perder la forma de una realidad para convertirse en una delgada línea donde se funden lo que acostumbraríamos llamar el bien con el mal. ¿Dónde termina la realidad y empieza su obra?

Así mismo, Rodrigo Echeverri confronta las confusas épocas coloniales con el desarraigo político y ético que cunde en zonas mineras. Si antes había despojo, esclavitud y muerte, ¿qué nombre podríamos ponerle hoy en día a la explotación minera? ¿Qué tipo de persona puede verse reflejada en un espejo que ha sido todo un engaño construido desde hace siglos? ¿Progresamos? La referencia constante a la palabra “progreso” hace que a medida que se va transitando el Museo Santa Clara se vayan juntando dos tiempos en uno solo. Ha pasado mucho tiempo, pero el reflejo fragmentando de nuestro presente sigue siendo el mismo de hace cuatro siglos.

Ana Patricia Palacios ha venido trabajando sobre rutas, senderos, lazos comunicantes, que hacen parte de paisajes desconocidos, que sugieren un país dentro de otro país, una realidad paralela. Nos adentra en lugares que no aparecen en el mapa, que no hacen parte de la geografía y, por ende, ni siquiera son tenidos en cuenta en la historia. Una cosa es la red de vías y otra muy distinta la manera cómo las vivimos y las articulamos y nos las apropiamos.

Felipe Arturo viene desde hace cerca de diez años consolidando una serie de propuestas que giran en torno a un viaje que hizo al Amazonas, su cuenca, sus pueblos y ciudades, sus historias y mitos. Descubre analogías que nos acercan a las experiencias que pudo haber tenido un Lévi-Strauss y que lo llevaron a entender que hay conexiones sociales, místicas, económicas, que van más allá de cualquier frontera. En Felipe Arturo encontramos que la manera como manejamos nuestra apropiación de lugares, como los habitamos, como los entendemos, suele adecuarse a aspectos mucho más orgánicos y “naturales” de lo que podríamos suponer. Pensamos en el Amazonas como algo lejano que no nos pertenece y que se manifiesta de una forma completamente distinta a como aquí vivimos en las grandes urbes. ¿Qué idea se nos ha venido vendiendo acerca de la naturaleza del ser humano y de sus formas de existencia? ¿Hasta dónde hemos llegado con ideas presupuestas de progreso y de límites entre la razón y la naturaleza? ¿Acaso no estamos inmersos en un solo fluido de aconteceres y de constructos que transversalmente nos habitan? Una planta, un río, una topografía, son espejos permanentes que nos enseñan a cohabitar con ellos, estemos donde estemos.

Adriana Marmorek ha venido desarrollando investigaciones que tienen que ver con el deseo, el amor, el sexo y el secreto. Hace un enlace entre el museo como un centro que colecciona obras de arte que deben permanecer en él durante toda la vida, y el amor que nace entre dos personas y la forma como se atesoran reliquias que deberían durar para siempre… Como el amor incondicional del matrimonio, por ejemplo. Pero todo ello no es más que una construcción lineal de una vida absolutamente impredecible y azarosa. ¿Qué es más relevante: la relación entre el museo y el arte o entre el museo y su colección? La memoria lentamente se va desgastando ante un presente lleno de telarañas. Marmorek quema el archivo y hace que de esta llama la exposición se convierta en nada distinto a cenizas. Nos queda el fantasma de un archivo de reliquias; en eso quedaron convertidos el amor y la pregunta por el museo.

Mención de honor
Luis Fernando Ramírez, por su formación como arquitecto, siempre ha desarrollado proyectos que “encajan”, “cuestionan” y “subvierten” los espacios que ocupa. Crea dos personajes conscientes de su momento histórico, Jacqueline Nova y Lucio Celis, y los ubica en Bogotá en el momento en que se planeaba construir el actual Museo de Arte Moderno de Bogotá (mediados de los años 70). Es una propuesta que juega con la historia del museo, con los avatares del arte en ese preciso momento en que hay un fuerte sismo conceptual en el mundo de la cultura, en la política y en el cambio generacional. No está de más advertir la ola de liberación sexual, de luchas estudiantiles, de revoluciones que se dieron a finales de los 60 en buena parte de Occidente y que fueron llegando a nuestra esfera con muchos deseos de cambio. El proyecto arquitectónico se instaura en esa época dejando como constancia no solamente ese momento histórico sino la posibilidad de escribir acerca de grandes incertidumbres que todavía afectan ese espacio del arte nacional. La instalación deja que el aire y el sonido que allí se cuelan por entre las rendijas sinuosas del diseño arquitectónico se confundan con el tiempo y el espacio. Ramírez nos señala la maleabilidad de los espacios arquitectónicos, por más emblemáticos que sean, pero ante todo, nos hace dudar sobre la linealidad del tiempo. Dos asuntos de esta índole, tan imponentes como el tiempo y el espacio, han sido “molestados” al compás de un pasaje sonoro y experimental propio de una época que por instantes fue nuestra época… La de ahora.

El ganador
Por su parte, Juan David Laserna ha venido trabajando sobre archivos, sobre estereotipos, sobre la forma como construimos una “realidad” y la hacemos nuestra como una verdad absoluta. Su proyecto, que resultó ganador y que se titula SET, no se aparta de la construcción de una realidad y de la apropiación de esta realidad para formar otras tantas. ¿Qué es “lo real” en Laserna? Su proyecto “esculca” imágenes que han logrado difundir una verdad en una serie de televisión sobre la vida de Pablo Escobar. Si para Ernst Jünger no hay guerra sin fotografía, para el mundo de hoy, el pobre y triste “espectáculo” de la guerra debe pasar por el filtro de la televisión. Y por supuesto que las construcciones de personajes míticos como Pablo Escobar exigen una elaboración detallada de momentos que ni siquiera han pasado por la fotografía documental sino que han dejado una intriga que obliga a revisar la historia. Fantasear con ella y reescribirla. ¿Acaso, en últimas, no es lo que hacemos a diario? ¿No es la búsqueda de una verdad la que supuestamente limpia y purifica cualquier desmán? Hemos creído que eran guerrilleros unos cientos de muchachos colombianos asesinados; se han posesionado presidentes que han manipulado los contextos para hacerse elegir; hemos visto entregas de armas inexistentes; hemos estado seguros de que el mal solamente surge de la maldad. SET es una novela contada en fragmentos. Es un “detrás de cámaras” que nos señala la falsedad o al menos la manipulación de la verdad. Es un teatro dentro del teatro muy al estilo de Hamlet que nos deja con la inquietud de que toda historia es susceptible de ser escrita y reescrita mil veces. Un archivo, como el lugar que acoge esta obra, se convierte también en un lugar donde la verdad debería estar siempre en continuo movimiento. Si viésemos en perspectiva esta obra, tendríamos un mise en abyme, en el cual el archivo de Bogotá se erige en un escenario que relata la historia de la ciudad, mostrando a su vez una obra que es un escenario que cuenta un capítulo negro de nuestra historia, que a su vez ha sido contada en televisión y sus increíbles efectos especiales, y cuyo guion ha surgido de un libro de un periodista que decidió escribirla tratando de ser objetivo y justo con la realidad. Aun así, sabemos que la historia, por más objetiva que sea, sigue siendo un relato. La realidad a la que nos somete Laserna es un montaje que vivimos todos los días y que a veces, a pesar de ser conscientes del engaño, lo aceptamos.

Adenda
¿Qué esperamos del Premio Luis Caballero? ¿No es una invitación a revisar problemas, encuentros y desencuentros con nuestro presente? ¿Dónde está la belleza de la obra, o su magnitud, o su fortaleza estética? Lo cierto, después de este breve recorrido, es que tenemos a un grupo de artistas que se han enfrentado a un país donde no sucede una sola y única realidad. Todos están preguntándose sobre cómo hemos construido una manera única y homogénea de ver las cosas y de construir la historia. Será entonces el momento de preguntarnos si eso mismo está pasando con el arte: ¿será que estamos esperando una manera única en que se nos presente la obra de arte?
ANDRÉS GAITÁN T.
Crítico y curador. Asesor de Artes Visuales del Ministerio de Cultura de Colombia.

