Exposición Individualmar 2018 - may 2018· Por Mónica Kupfer

Iraida Icaza

Museo de Arte Contemporáneo - MAC Panamá

La exposición Iraida Icaza y el museo olvidado se refiere a más de un lugar o colección. En principio, la idea se remonta a fotografías que tomó en el antiguo Museo de Ciencias Naturales de Panamá, que posteriormente cerró sus puertas al público. Durante varios años, Icaza fotografió sus extraños espacios y sus colecciones de geología, paleontología, biología marina y entomología. El pequeño museo también tenía salas de vertebrados y de fauna extranjera, así como su propio laboratorio de taxidermia. En la exposición del Museo de Arte Contemporáneo, Icaza presentó esas imágenes en yuxtaposición con fotografías tomadas en otros museos que ha visitado en Europa y Estados Unidos a lo largo de los años.

Exposición Individual: Iraida Icaza  — imagen 1
Iraida Icaza. Sin título, 2017. Fotografía a color, impresión de pigmento de archivo. 40.5 x 51 cm (16 x 20 pulgadas). © Iraida Icaza.

El concepto del museo como una colección de cosas o imágenes del pasado o el presente también guarda relación con el archivo fotográfico de Iraida Icaza. Ella ha explicado que, aunque se deja guiar por la intuición cuando toma una fotografía, la creación de sus obras sigue un esmerado proceso posterior. Se basa en una cuidadosa clasificación de sus imágenes, que luego edita y combina para crear sus fotografías. Recompone y resucita imágenes de diversos momentos porque a veces descubre que presagiaban ideas que germinarían después. Es una investigadora meticulosa, una artista refinada y una recolectora incesante de imágenes; organiza su obra con base en conceptos perdurables, más que por series limitadas por lo temporal.

En las salas de la planta baja del MAC se mostraron fotografías en blanco y negro que reflejan la fascinación vitalicia que ha tenido Iraida Icaza con las ciencias y la naturaleza, y que forman parte de su propio y cuidadosamente curado museo personal. Presentó vistas de monumentales paisajes mexicanos, con inusuales formaciones geológicas, así como imágenes oscuras y dramáticas de cuevas y tumbas de origen etrusco que encontró en el sur de Italia. También fue en ese país, específicamente en Sicilia, donde ella fotografió una insólita serie de cabezas de piedra tallada con caras grotescas que revelan diversos rasgos de personalidad a los que ella se refiere como Estados mentales.

Aunque hubo visitantes que pensaron que se trataba de una exposición retrospectiva, era más bien una muestra de diversas colecciones ligadas a un concepto museológico. La artista mostró parte de su Proyecto Darién con escenas de la jungla y de especímenes de hierbas, así como composiciones que ha reunido bajo el título Forense, obras en las que registra huellas o trazos de actividades humanas o descubrimientos de composiciones fortuitas en la naturaleza. Otras imágenes revelan su interés por captar lo efímero, cómo se borran las huellas en la arena, o se desvanece el hielo. Las fotografías llegan a ser casi abstractas cuando ella capta trazos aleatorios de luz en espacios amorfos. Para Icaza, el contraste entre luz y sombra es tanto visual como subjetivo. Ella busca “el momento mágico que alberga lo desconocido, cuando luces y sombras fluctúan entre positivo y negativo… Exploro el espacio entre la realidad y la ilusión”. Ese espacio quimérico al que se refiere Iraida Icaza se percibe en algunas hermosas fotografías que tomó de veladas y misteriosas estatuas forradas en plástico en museos europeos, como las de una escultura de Eva por el francés Auguste Rodin, en la bodega del Museo de Southampton.

Los vínculos conceptuales entre objetos reales e impresiones fotográficas continúan en la planta alta del museo, donde el visitante entra a un espacio mágico que recrea la sensación de un museo antiguo. Ahí encontramos las fotografías a color que Icaza tomó en el clausurado museo panameño y en otras instituciones internacionales. Llaman la atención las imágenes de dioramas, perfecto ejemplo de esos espacios entre lo real y lo imaginario que tanto ella quiere capturar. Hay fotografías de animales disecados, desde aves espléndidas hasta grandes mamíferos. La instalación también incluyó algunos especímenes tridimensionales que le prestó el museo panameño: un antílope, un mapache, una guacamaya y un mono tití enriquecen la muestra. Hay fotos curiosas y nostálgicas del laboratorio de taxidermia y otros espacios del museo, como el lavamanos sobre el cual se exhibe una garza embalsamada, o las heterogéneas y abigarradas salas de exposición.

La cabeza de un ciervo montada en la pared se destaca en otro espacio de la exposición, junto a una fotografía insólita que Icaza le tomó a la misma pieza al lado de un abanico en el viejo museo de ciencias. El pequeño museo era un verdadero gabinete de curiosidades. Finalmente, llegamos a una sala pequeña, donde observamos una instalación secuencial de retratos de las caras de una veintena de animales disecados. Llaman la atención por sus rasgos de personalidad casi humanos, efecto de la labor del taxidermista y del ojo audaz de la fotógrafa, digno homenaje al carácter surrealista del museo olvidado que Iraida Icaza logró captar con tanta sensibilidad.

MÓNICA KUPFER

Iraida Icaza, por Mónica Kupfer | artnexus