La exposición de Ignacio Iturria en Neuberger Museum of Art, en la Universidad de Purchase (Nueva York), es una experiencia que acerca la vida del artista a los espectadores y que asimismo ejerce una función educativa trascendente. Curada por Patrice Giasson, el Alex Gordon Curator of Art of the Americas, con la asistencia de Marianelly Neumann, y acompañada de un catálogo con motivadoras ilustraciones, se lleva a cabo esta presencia de uno de los relevantes artistas latinoamericanos que atraviesa cuatro décadas de profesión sin dejarse llevar por modas o tendencias de mercado. En la amplia sala donde normalmente se exhibe la colección de esa institución se instaló Un estudio en la galería: El universo juguetón de Ignacio Iturria. Dentro de ese perímetro se trazó un sector en el cual Ignacio Iturria ha instalado temporalmente su taller. Durante la duración de la exposición, Iturria está en una residencia muy diferente a las que suelen mencionarse en diversos lugares de la escena artística mundial. No es que el pintor viva y trabaje por un tiempo en un lugar adecuado para tal efecto, no es que el artista haya concursado para acceder a esto, no es que Iturria tenga un espacio donde se encierra a trabajar y las resultantes se presentarán con las realizaciones de los otros residentes al final del período acordado, como generalmente ocurre. Aquí, él está solo. No hay otros participantes, el estudio es inmenso y no está cerrado más que con dos soportes como los que se ponen al frente de las filas de los cines. Y en la pared contigua hay un cartel indicando que el taller está abierto al público solo cuando el artista se encuentra en él. La gente entra con naturalidad, curiosidad y sorpresa, efectuando recorridos diferentes a lo que son las visitas habituales a exposiciones. El vínculo entre la realización de la obra de arte y la obra exhibida en el museo se plantea con Iturria como un círculo generoso en cuanto al descubrimiento y la comprensión de la creación artística.

Todas las paredes del taller están cubiertas de cartón, uno de los materiales favoritos del artista que nos ocupa. De esta manera se demarca el área, se protegen los muros de las salpicaduras de óleo y se disfruta de un entorno teatral, cálido e insólito. Mientras que la parte de exhibición es muro tradicional, hay pinturas directas sobre el cartón de las paredes; hay otras realizadas y colgadas, así como hay relieves y objetos. El artista es afín a todas estas expresiones en las que la pintura se centra en el gesto en dos dimensiones, o bien habita esos “juegos” de ambientes, de muebles, de intervenciones, de rescate de elementos encontrados, de transpolaciones de zonas de la realidad a juegos de sombras proyectadas, como en El ruso. Medio año se expande esta experiencia, y, durante ese tiempo, una variada y numerosa cantidad de público habita la exposición. Es significativo que no solo el público va al Museo de Neuberger sino los estudiantes y maestros que en Purchase College estudian y trabajan. Esto define el punto en el que Un estudio en la galería: El universo juguetón de Ignacio Iturria también forma parte de la clase de escenografía para estudiantes de teatro. El proceso de ver llegar al pintor, ambientarse, retomar una obra o plantear una nueva, se da día tras día para el público y para los estudiantes. A la par, estas personas vuelven a la exposición y encuentran ocasionalmente trabajos donde hay una cercanía con el proceso que vieron desarrollar a Ignacio Iturria en el taller. Este círculo en el tiempo y en el espacio es una actividad que ratifica que ser artista es un trabajo, y no un instante de inspiración, como algunos creen o dicen creer.
La línea, la pincelada y la mancha son una trilogía que lo marca desde joven y que lo acompaña en el desarrollo de una madurez artística plena de reconocimientos. Desde su Uruguay natal hasta la Bienal de Venecia en 1995, Ignacio Iturria ha sido el pintor semifigurativo que ha dado curso a un personal expresionismo ingenuo. Confirmando constantemente la pintura como una disciplina que no pierde vigencia, Ignacio Iturria también ha realizado algunas instalaciones que enlazan estas y otras manifestaciones.
Más que señalar temas –porque Iturria los revela con una lente multiplicadora tridimensional y modular–, se descubre que el artista trata cada “asunto” con penetraciones visuales y/o fácticas en telas, en cartón, en mesas. Y aquí es adecuado utilizar el término trampantojo, al que el artista uruguayo nos enfrenta, haciéndonos parecer que es una pintura plana con unas líneas de alambres negros, que, al acercarnos, se nos revelan como alambres negros insertos en el cartón dialogando con otros pintados. Ignacio Iturria juega. Juega con el espacio y con la luz y la sombra. Considerando la importancia de la Fundación Ignacio Iturria, en un diálogo durante esta expo-residencia, el artista, que trabaja durante la noche y llega al mediodía al taller, dice: “A mi déjenme pintar, yo no me puedo ocupar de todos los demás aspectos de la exposición”.
GRACIELA KARTOFEL
