El enorme y creciente reconocimiento del trabajo de Eduardo Basualdo (Buenos Aires, 1977) está fundado en su obvio talento, en un pensamiento tan sólido como interesante y en el cruce de disciplinas que emplea en su hacer. Su obra gira en torno a la ficción de las reglas y de los bordes, pone en duda el principio de realidad y el concepto de límite. Para el artista, en un sentido simbólico, el cuerpo es el límite. Pero la cabeza tiene un límite mucho más amplio que el cuerpo. A partir de esa premisa sigue su experimentación con estructuras del pensamiento y también de la arquitectura, habita la contradicción, y más. Su floreciente tarea es una constante interrogación sobre la vida misma. El año pasado fascinó a los porteños con dos magníficas instalaciones e intrigó a los visitantes de la feria Art Basel Miami Beach con dos objetos escultóricos de difícil definición.

Por caso, la maravillosa instalación El silencio de las sirenas formó parte de la muestra El museo de los mundos imaginarios, en Centro Cultural Recoleta (2017). Primero presentada en la Bienal de Lyon 2011 y en el Museo de Arte Contemporáneo (MAR) de Mar del Plata, la pieza está conformada por un sitio que parece una laguna con varias rocas protuberantes, donde trepan los visitantes. Cíclica y alternativamente, el agua se retira formando un remolino y vuelve inadvertida y misteriosamente llenando el lecho seco. La hipnótica obra remite al cuento de Franz Kafka del mismo nombre. Como el homérico Ulises que, regresando a casa, se tapó los oídos con cera para no oír el mágico canto de hermosas sirenas que lo perderían, la sencilla solución de los espectadores para eludir mojarse con la marea es subirse a las piedras; pero hay más.

También en Buenos Aires, la espectacular Freelancer fue unas de las obras más interesantes y comentadas de la feria arteBA, donde el joven, pero consagrado, artista intervino el Espacio Chandon, puerta de entrada al barrio Joven Chandon. Basualdo puso en acto la fantasía del escape, de la fuga, quizá, de la rutina cotidiana, de situaciones personales o sociales conflictivas. Armó un helicóptero de tamaño real en una sala cerrada –con una entrada estrecha por la que sólo podía pasar una persona, y apenas una abertura en el techo–, con su hélice en permanente funcionamiento. Si el monumental aparato –que reposaba sobre un piso de baldosas en damero típico de las antiguas casas de la ciudad (remitiendo a la vivienda donde comenzó su trayectoria artística)–, destinado a transgredir el espacio, hubiera levantado vuelo habría destruido el techo con sus aspas. El helicóptero no se elevó ni rompió la estructura de la sala, pero sí despertó el pensamiento de los observadores, interviniendo en sus temores existenciales y deseos de libertad. La pieza, desde su título (Freelancer, lancero libre), incluso aludía a los trabajadores independientes, a la libertad pero también a la precariedad del trabajo en general y de muchos artistas que, en palabras de Basualdo, “vamos armando una carrera en el aire”. ¿Y Chandon? Las burbujas del espumante pugnan por salir de la botella sellada, como el helicóptero que desea elevarse sobre la trama urbana.

Un constante golpeteo llamaba al visitante hacia el stand de la galería Ruth Benzacar –organizado casi como tres individuales de Basualdo, Liliana Porter, Jorge Macchi-Nicolás Fernández Sanz– en Art Basel Miami Beach 2017. Provenía de una suerte de muro blanco doble de dos metros de altura; ¿es que había alguien encerrado en su estrecha cavidad de 20 cm? La pieza, Siesta, despertaba cierto temor, así como deseos de conocer su misterio. ¿Por qué desde el intersticio de la pared, presuntamente vacío, brotaba ese insistente ruido? ¿Qué lo ocasiona? Innombrable, presentada en Fundación Proa (2012), ofrecía una análoga incógnita por develar, aunque esa bolsa negra plástica de residuos que se movía inexplicablemente avivaba mayor ansiedad en el espectador. ¿Qué y por qué se mueve lo que se esconde en el saco? ¿Por qué está rodeado de piedras? ¿Hay allí un animal vivo o un espíritu pícaro?
Un volumen negro, Floresta, también pendiente del techo, hecho de aluminio, cobre, cable, motores, acompañó a la inquietante pared durante la última edición de Basel. Aunque más pequeña, en un punto, Floresta, posee similitud visual con Teoría (La cabeza de Goliath), la apariencia de una inmensa y pesadísima piedra negra (6 x 4 m) colgada con un cordón desde el techo del Palais de Tokio (2014); hecha de aluminio, fue exhibida en el marco del programa de residencia SAM Art Projects (fundación privada francesa para el desarrollo y difusión del arte contemporáneo). ¿Teoría (La cabeza de Goliath) remite a las conjeturas de Newton o Einstein sobre la gravedad? ¿Alude al ensayo del mismo nombre del escritor argentino Ezequiel Martínez Estrada que describe a la ciudad de Buenos Aires como gigantesca, prefigurando su ocaso? ¿O es que se trata del David con la cabeza de Goliat de Caravaggio? ¿Expone la fragilidad del visitante?

Muchas piezas grandes del artista suelen ser producciones de alta complejidad, elaboradas con un arco de materiales que comprenden desde motores, programas de computación, Durlock y pintura, rejas de hierro, y hasta cristales y leds. Las obras pequeñas también eluden la simplificación, aún las de aparente sencillez material; esas donde los pequeños gestos sobre el papel, los hilos sobre vidrio, la lamparita que se mece, los barrotes que limitan o la celda que presumiblemente encierra, reclaman también un compromiso del ojo del que mira. Sus obras con rejas, por ejemplo –ya sea en obras transitables o formatos más pequeños–, se refieren, nuevamente, a la cuestión de los bordes. Trabaja con rejas porque le sigue pareciendo extraña la manera en la que se ha naturalizado esa forma de división y cómo esa naturalización es ya casi invisible, tanto en las casas como en los espacios públicos, y no solamente en establecimientos carcelarios. Sin límites definitivos, en sus jaulas más de una vez los barrotes se abren ante el avance del espectador como por arte de magia.

“Creo que mis trabajos han crecido en el vacío, en el tiempo. Cada vez confío más en ese código, en esa conversación con el espectador, y puedo hacer menos para que justamente el espectador saque estas conclusiones que son con casi nada, por ejemplo, con un aro. El espectador que se resiste se queda afuera, está buscando la cosa resuelta”, apunta el artista. Nada resuelto y todo por descubrir en Indivisible, una línea que generó una nueva dimensión en una gran pared cubierta por una hoja blanca de plástico, de la misma medida. El visitante podía transitarla despegando el plástico, como una piel, y generando una dimensión nueva; eso sí, nadie sabía qué lo aguardaba al final del camino por el que iba.

Basualdo, que estudió Bellas Artes y Teatro y participó de la Beca Kuitca (Universidad Di Tella, 2011), integra desde 2003 Provisorio-Permanente, con Victoriano Alonso, Hernán Soriano (con refinada obra propia), Manuel Heredia, Pedro Wainer y el brasileño Artur Lescher. Este grupo de experimentación, formado en diferentes disciplinas, inició y alimentó la propia praxis del artista. El colectivo surgió con la idea de hacer una película que, finalmente, nunca filmó. Pero comenzó el desarrollo de sus ideas en maquetas y muñecos, componiendo las escenas sobre una gran mesa. Ahí el colectivo artístico construyó Nocturnidad, la bella instalación –con maquetas y muñecos– que cita a la mítica historieta serializada de ciencia ficción El Eternauta, escrita a fines de los años 50 por Héctor G. Oesterheld (desaparecido en 1977 durante la última dictadura militar, al igual que sus cuatro hijas). Es el relato de una invasión alienígena a Buenos Aires, que comienza con una insólita nevada. Nocturnidad fue premiada en el concurso Currículum Cero de la galería Ruth Benzacar y escenifica la batalla del héroe Juan Salvo y los suyos contra los extraterrestres, en la glorieta de la plaza de Barrancas de Belgrano. La exposición en 2005 dio a conocer al grupo, y a Basualdo en particular. En paralelo a su trabajo individual, Basualdo participa activamente en el virtuoso colectivo que se nutre, incluso, del teatro, el cine y la literatura.

Aún cuando Basualdo quisiera escapar con un helicóptero de su bien merecida notoriedad, y consecuente exposición, ya no puede. En apenas ocho años después de su primera individual en galería Ruth Benzacar (2009), Todo lo contrario –con máquinas autómatas, dispositivos de movimiento y luces; era como una “recámara”, que podía ser su propia cabeza (o la del espectador), el cráneo como la tumba adentro de las pirámides egipcias, los lugares recónditos–, su obra recorre el mundo. Basualdo exhibe en galerías internacionales, bienales como Venecia y La Habana (2015) y museos como el Hirshhorn de Washington D.C., que atesora The end of ending (2012, El final del desenlace) explorando incluso la medida física y la extensión psicológica de los confines. Vive y trabaja en Buenos Aires, donde acaba de inaugurar La cabeza de Goliat –acompañada con la composición sonora La inquietud de Nicolás Varchausky– en la Usina del Arte. Ícono arquitectónico, la Usina es un centro cultural alojado en el Distrito de las Artes en La Boca, en una remodelada estación de electricidad de principios del siglo XX.
VICTORIA VERLICHAK
Autora de biografías de Marta Traba, Roberto Aizenberg, Martha Peluffo, entre otras. Está trabajando sobre la vida y obra de la argentina Mildred Burton.

