X Museum es un proyecto site-specific del artista Cristian Segura (Tandil, 1976) instalado en el hall central del Museo de Arte Contemporáneo MAR de la ciudad de Mar del Plata (Argentina). Se extenderá durante todo el 2018, brindando algunos momentos en el transcurso, donde, en primera persona, el artista contará pormenores de la experiencia extrema que planificó cuidadosamente. Se trata de una performance que Segura realizó en la terraza del mismo museo un día sin viento y que significó una indagación perturbadora para el propio artista en relación con lo institucional.

Explorando las cualidades edilicias, diseñó una estratégica distribución de las tres gigantografías que se perciben en el ingreso del museo, modificando el uso que venía detentando ese espacio. Dejó libre el plano del piso para aprovechar los altísimos muros, transformándolos en el eje central de la obra. Señaló la función obvia de estos, la de separar interior y exterior, para solaparse en múltiples sentidos que serán incluidos en un libro con tres textos críticos que se editarán próximamente.
La idea fue consumar una práctica extrema denominada rooftopping, que consiste en suspenderse de un edificio a gran altura sin otro elemento adicional más que las propias manos. Y se inscribe en una serie de su producción, donde Cristian Segura continúa indagando las relaciones entre el museo (como arquitectura de incidencia social y política) y su función canónica institucional de albergar las prácticas contemporáneas. El propio artista fue director del Museo de Arte Contemporáneo de su ciudad natal, en la provincia de Buenos Aires, con mucho éxito en su gestión y por un período breve, circunstancia que lo marcó en su doble función de artista y gestor cultural.
En Museo en llamas (2011) trazó unas llamaradas muy pop que salían de las ventanas del Art Museum of Americas de Washington, ubicado a poca distancia de la Casa Blanca. Al año siguiente, en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile, montó Museo en ruinas (2012), una evocación de la potencia del gran sismo que había sufrido el país andino. Usó la descomposición del cian y magenta para despertar una visión temblorosa que se rectificaba mediante el uso de lentes especiales disponibles en las salas. Para abordar X-Museum debió planificar minuciosamente las acciones pues, como el propio artista contó, “no se trata de una puesta en escena, es un riesgo real pero controlado”. Riesgo que pudo llevar a cabo con la asistencia plena de un grupo de colaboradores, pues el artista tandilense no es un activo deportista de ese rango extremo.
Desafiar corporalmente al propio edificio de paredes de hormigón de 23 metros de altura fue su propio reto, pero también fue una “subversión pactada”, como acotó uno de los teóricos de la muestra, Justo Pastor Mellado, ya que la institución asumió compartir el riesgo. Es que, cuando el edificio del museo de Mar del Plata fue presentado en sociedad, encendió un gran debate. La arquitectura del último gran espacio para albergar arte contemporáneo inaugurado en Argentina produce, desde el exterior, un gran contraste con el paisaje circundante. Ubicado frente a la costa marítima bonaerense, tres grandes cubos se levantan en un sector con menor densidad edilicia que en el resto de la ciudad. Sin embargo, desde el interior, el espacio se abre al paisaje trayendo el horizonte. El formidable espacio de recepción tiene dos escaleras mecánicas opuestas que visualmente forman una X, una proposición que fue funcional para Segura. La X precede habitualmente a todas las prácticas extremas y ya estaba ahí, lista para señalarse mediante un rojo intenso.
La secuencia de acciones ligadas a X-Museum juega a señalar los muros. Desde fuera, mediante el registro estratégico de una performance que fuera capaz de evidenciar la escala, hacer sentir el vértigo y acceder a una vista única. Desde el interior, ayudadas por el tamaño de las gigantografías ubicadas en el primer piso (11 m de alto por 9,50 m de ancho) que “abren” otras ventanas a las existentes, permitiendo acceder a una vista expandida de un espacio ya de por sí monumental. Las paredes tan altas se aligeran, generando una secuencia visual que se puede captar fácilmente como parte de escenas sucesivas. La selección de sólo tres de las casi cuatrocientas tomas existentes que hizo Cristian Segura ayuda a captar los momentos, aun cuando la mayor parte del público piensa que se trata de un truco digital. Pastor Mellado sugiere con acierto que estas tomas, de excelente calidad para su tamaño, también hacen reflexionar sobre el tiempo corto de lo extremo –apenas segundos colgando de una sola mano– y el tiempo largo de la institución, que en este caso cuenta con menos de un lustro y mucho camino por delante.
El desarrollo de las acciones podrá seguirse en el Instagram del artista: @cristiansegura.art
PILAR ALTILIO
