Esta primera exposición personal de Anna Bella Geiger (Río de Janeiro, 1933) en Madrid se articula en torno a dos ejes poético-conceptuales: la geografía física y la humana. El espacio de la muestra se divide en esos dos polos que no son, sin embargo, excluyentes ni opuestos, sino más bien estadios flexibles de una gradación oscilante. La curadora Estrella de Diego reunió casi un centenar de piezas que presentan un recorrido bastante completo de la obra de la artista, incluidos técnicas y soportes como el video, la fotografía, el libro de artista, el arte-objeto, la instalación y el collage. Si la geografía física es el ámbito de la representación científica (históricamente masculina) del espacio, la curadora encuentra en el trabajo con mapas de Geiger una subversión del orden de dominación geopolítica y de género. El gesto subversivo va más allá de la confrontación simplista o beligerante: con sutil delicadeza, y no sin humor, la artista pone en duda las representaciones más solemnes de los territorios y las culturas hasta llegar a difuminarlos casi por completo para ceder a la representación subjetiva, autobiográfica.

La camuflada presencia de la artista como decoración en una sala de estar, un mapa que es una flor u otro que resulta de mordisquear una rebanada de pan son algunos de los gestos poético-políticos de Geiger. En Amuleto. A mulata. A muleta. Am. Latina (1977), la artista juega con dichas palabras y también con la silueta del Cono Sur, transformando paulatinamente el contorno del mapa en el de un objeto con poderes sobrenaturales, una mujer afrodescendiente y una muleta ortopédica. Cada uno refiere irónicamente a nociones (magia, sexualidad, dependencia) vinculadas con el continente y su condición periférica. En la emblemática Brasil nativo/Brasil alienígena (1976-1977), la artista y algunas colaboradoras rehacen estampas de postales turísticas de aquel país, imitando los gestos de los aborígenes. La operación genera una sagaz crítica a los discursos coloniales y los estereotipos culturales desde un particular universo estético.
En general, las obras no son grandilocuentes sino frágiles dispositivos de juego y poesía. Como enfatiza De Diego, muchas de las operaciones estéticas de Geiger están relacionadas con prácticas del ámbito de lo femenino, como el bordado o la decoración. No por ello son menos incisivas en su mirada a los juegos de poder. La parodia es uno de los recursos más útiles a este efecto, y la artista lo emplea recurrentemente. En Rolo com fauna, flora, e humanos europeus expone a la manera de los rollos antiguos los usos, costumbres y tipos físicos de los habitantes actuales del Viejo Continente. En Corrientes culturais (1975) dibuja los flujos y centros del poder cultural emulando las formas en que se representan las corrientes marinas en la cartografía.
A menudo, Geiger también resalta las ironías del arte y de la vida mediante gestos mínimos como la geometrización de un mapa de Brasil (guiño mordaz al constructivismo), país históricamente asociado a la sinuosa sensualidad de las formas orgánicas, o el simple registro en video de ella misma dibujando un mapa mientras suena la música de Chico Buarque. La canción elegida no es fortuita: para evadir la censura durante la dictadura militar en Brasil, el poeta a menudo empleó en sus letras analogías crípticas y juegos de palabras que le permitían realizar crítica social desde la emoción más intimista, llevando la noción de lo personal político a niveles que solo la sabrosura carioca puede permitir. En este caso, la letra es la misiva a un amigo ausente en la que el cantante le cuenta que la cosa en el terruño anda tan mal (a coisa aqui tá preta) que la gente solo se dedica a jugar fútbol, tomar cachaza y pasar el rato bajo el sol; se trata por tanto de una hazaña poética que sintetiza con picardía las desgracias de la vida en el paraíso latinoamericano.
Sin duda la exposición de Anna Bella Geiger en Madrid es un gran acierto, pero llega tarde. Su coincidencia en la ciudad con Cartografías de lo desconocido, la exposición de los fondos cartográficos de la Biblioteca Nacional de España, resulta, sin embargo, de feliz complementariedad. Gracias a una creativa propuesta curatorial, el despliegue de esos mapas abunda en las fisuras del proyecto cartográfico moderno: de la terra incognita y la representación de lo imaginario a la sentencia en la hoja de sala de que un mapa puede servir tanto para orientarse como para perderse. La muestra de Anna Bella Geiger cuenta con un catálogo en español e inglés, con textos de la curadora y entrevistas a la artista. Fue realizada en colaboración con el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) y el Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (MUNTREF) de Buenos Aires.
DIANA CUÉLLAR LEDESMA
